y aluciné
“Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, pero la violencia se practica a plena luz del día” J. LENNON dice:
Estuve en una comisaría, en la universidad, en una clínica, actuando de mimo, de profesor de matemática, mentiroso, amoroso, renegón, llorón, fue un día para no olvidar.
Imagina que alguien te dice que hizo todo eso en un solo día, pausa la conversación, y das rienda suelta a tus más bajos instintos literarios e imaginativos, entonces vas volando esta vez con la dosis necesaria de heroína obtenida de tu propio cerebro y procedes a narrar.
Tano, así llamaremos al actor del hoy.
Tano fue acusado de un homicidio, la policía llegó a su casa en la tercera calle, en la tercera casa, en el tercer piso de algún lugar de esta ciudad. Estaba estudiando para su último examen en la universidad y la policía irrumpió bruscamente, como de costumbre, alterando la paz de su familia e incluso del gato. Lo acusaron de haberle quitado la vida a un tal Carlos Sánchez, cuando se enteró puso la acostumbrada cara de sorpresa ante la acusación. Se lo llevaron a la comisaría.
Tenia un examen, el último para terminar el año, no podía faltar, talvez posponerlo, talvez. Pidió al comisario hablar con su profesor, por teléfono o en persona, varias llamadas por teléfono, nadie contesta, llamadas a los amigos, nadie contesta. Dio suficientes razones para demostrar su inocencia, pero no podrían soltarlo, suplicó un rato y lo acompañaron para justificarse y posponer el examen o talvez darlo en la celda, pero no podía perder el año por un mal entendido. Fueron a la universidad.
Mientras regresaban a la comisaría, a pie por el bajo presupuesto de la policía nacional del Perú, el teniente a cargo recibió una llamada telefónica, la víctima no había muerto, al parecer el golpe que recibió en la cabeza no fue lo suficientemente certero o duro como para acabar con su existencia, estaba tan solo inconciente y los médicos no tenían un diagnóstico real, Tano pensó que al verlo Carlos podría contar lo que realmente pasó y librarse de un castigo injusto, estaban cerca así que decidieron ir a la clínica.
Carlos estaba en un estado de punto aparte, muy cercano al estado de coma, tenia la mirada perdida, se veía en su rostro la expresión acostumbrada, así que todos supusieron que pronto se recuperaría. Hubo una discusión en la clínica acerca del crimen, Tano intentó explicarse, pero nadie puso atención, él intentaba explicar que todo el tiempo estuvo estudiando y escribiendo cuentos para el coloquio de literatura y letras del sur, pero todos lo ignoraban, así que se paró junto a una pared blanca y se puso a actuar de mimo.
Terminaron la caminata hacia la comisaría más cercana, el teniente empezó a sacar algunas cuentas sobre un papel. Escribía una y otra vez, números y más números, líneas y más líneas, Nadie tenía la más mínima idea de lo que estaba haciendo, hasta que Tano ofreció ayudarlo. Resulta que el teniente intentaba sacar las cuentas de cuantos años de cárcel le correspondían por los crímenes cometidos, la palabra crímenes sonó demasiado grande en los oídos de Tano, porque había decidido agregarle al intento de homicidio, asalto agravado, intento de soborno a la autoridad y otras cosas que se habían inventado para llenar el papel. Se dio cuenta de que el teniente no sabía sumar, así que tuvo que sentarse y hacer de profesor de matemática.
Se dio cuenta de que las clases de matemática estaban siendo realmente una pérdida de tiempo, así que para jalar algo de agua a su propio molino redujo ciertas cantidades en las sumas y terminó con una posible condena de 90 años. Llamaron a la fiscal que se encargaría del caso, llegó pronto con un muy clásico terno rojo, tacos y medias negras, blusa blanca y una horrible solapera del colegio de abogados. Tano le explicó todo lo que había pasado, le explicó su versión, ella revisó la suma de las condenas con la mirada, y lo acusó, despectiva, que aparte de ser un asesino era un mentiroso.
Cansado de ser ignorado, decidió tomar otras cartas a ver si algo salía del intento, habló amablemente con la fiscal, le dijo que todo había sido un accidente y que lo más correcto era esperar a que la víctima se recupere para solucionar el asunto, le deslizó la mirada por el escote y se puso un tanto amoroso.
La fiscal lo amenazó con agregarle a los cargos intento de acoso a un miembro del ministerio de justicia, y otros cargos más, el se puso furioso al ver que nadie intentaba por lo menos poner el caso en duda, el teniente al ver que se alteraba más, trató de calmarlo con una voz alcohólica diciéndole: vamos chiquillo, no sea renegón.
Fue preso de la desesperación, entonces recibieron otra llamada, Carlos había desperado. Todos menos Tano fueron a la clínica a escuchar la versión de Carlos. Dicen las leyendas que, mientras iba al taller de realización cinematográfica le cayó un madero de un andamio, y como iba encontrarse en el taller con Tano, él fue el único que pudo ser señalado como culpable. Todos regresaron riendo a la comisaría, y encontraron a Tano con el rostro sumergido entre las manos. La fiscal le comentó lo que había atestiguado Carlos y cariñosamente le dijo, puede usted irse a casa señor llorón.
Y colorín colorado….