Untitled

Hay un rechinar que me atormenta, un suave rechinar, un vaiven en el aire. Esta presente cuando hay luz en el cielo, apenas el sol se va, el vaivén se va con él.

No puedo precisar si el sonido empieza cuando sale el sol, por que nunca he estado despierta antes de las 10, pero creo que lo he escuchado en mis sueños.

Es un péndulo en mis oidos, lo oigo aunque tenga los audífonos puestos, el sonido es tan especial que se cuela entre los demás, es en vano tratar de subir el volumen del televisor o de la música, porque esta allí… suena como un columpio algo oxidado que va lentamente hacia adelante y hacia atrás, un vaiven que arrastra un cuerpo cansado, que se sienta esperando algo.

Un día estaba demasiado perturbada por ese sonido, decidí huir con mi mochila de viaje, con suficiente ropa para dos semanas, y algunos artículos para limpieza personal, crucé el gigantezco bosque que está al salir de mi casa. Noté que el ruido estaba más cerca, al parecer debí huir en sentido contrario, ese tipo de equivocaciones no se pueden cometer dos veces en la vida.

Un anciano, de unos 75 años estaba sentado en el columpio, abrazado de uno de los soportes, con el rostro apoyado en la mano, se mecía tan lentamente. La imagen me perturbó más, vi sus ojos vacíos, no pude leerlos, su expresión cansada, la falta de sentimientos en el rostro, la barba crecida, seguía meciéndose en el maldito columpio.

Regresé a mi casa, desempaqué todo, regresé las cosas a su sitio y regresé a acompañarlo al columpio de lado, nisiquiera volteó al escuchar el segundo vaivén. Sigo allí, tratando de meterme en su mente y averiguar el por qué de el eterno vaivén.

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