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vidas robadas (1)

Sunday, November 23rd, 2008

Es sábado, Susi decidió visitar a su padre pues no lo ve hace varias semanas. Las personas de la casa donde vive le informan que su padre ha salido y que no saben cuando vendrá, ella le pega un papel en la puerta del cuarto alquilado con los teléfonos de su hermana y hermano, algo que normalmente no hace.

Es domingo, Yuli con menos memoria que sus cinco hermanos va a saludar a su papá llevándole un regalo, toca la puerta del cuarto alquilado varias veces y nadie contesta. La nota con los teléfonos de su hermana y hermano siguen en el papel que dejó Susi, decide dejarlo allí y se dirige a su trabajo, al cuál no puede llegar tarde.

Felicia está pelando habas cuando su hermana grita, la ha mordido un perro rabioso, están en un pueblo sin posta médica, desinfectan la herida y toman un carro que va a Cusco. Llaman a Elsi avisando que llegarán el lunes en la mañana.

Es lunes de madrugada, Elsi va a recoger a su mamá y su tía, mira la puerta de la casa donde su papá alquila un cuarto, logra ver la puerta del cuarto y la nota con su número y el de su hermano sigue pegada en la puerta, aunque ella ignora el contenido del papel, piensa en su padre. El carro en el que llegaría su mamá y su tía se retrasa, llegará en la tarde.

Es domingo muy tarde o lunes de madrugada, cuatro borrachitos están brindando en una chichería de algún callejón desconocido, saben que hay que trabajar lunes temprano y deciden despertar a Exalto. Él está sentado sobre un banco de adobes, aún sentado es casi del tamaño de sus amigos, está abrazando un jarrón de maceración de chicha, la otra mano esta estirada rozando con los dedos una botella de cañazo casi vacía. Sus amigos intentan despertarlo, lo único que consiguen es que la botella de cañazo ruede por el piso terminando de derramar su contenido.

Es lunes y el sol ya se apoderó del cielo, Elsi camina de vuelta a casa con un vacío en el estómago. Suena su celular, contesta, el policía encargado de levantar el cadaver en la chichería le pregunta el parentesco que tiene con el señor Exaltación León, ella contesta que es su hija, el policía le informa que su padre ha muerto, ella le da las gracias y cuelga. No sabe que hacer, que decir o como actuar; con desconcierto llega hasta su trabajo, el mismo donde trabaja su hermana Yuli, y le avisa lo acontecido. Yuli con la mala memoria que no tienen sus hermanos se quiebra y llora histérica, van a la casa de su padre y encuentran al policía que llamó a Elsi, las llevan a la morgue para reconocer el cadáver. Primero entra Yuli, después Elsi, finalmente los policías entran el el lugar, pero en el instante que Elsi entra a la morgue, pasa un taxi con Felicia y su hermana quienes acaban de llegar, Felicia ve a una muchacha en quien reconoce una casaca igual a la de su hija y la recuerda con una nostalgia desconocida.

Reconocido el cadáver las hermanas comunican la noticia a sus demás hermanos, todos tienen una mezcla de sentimientos, ellos si recuerdan, repentinamente todos enfrentan a sus viejos fantasmas. Susi va a buscar a una tía para informarse el procedimiento a seguir en casos como este, una serenidad perturbadora inquieta a su entorno, regresa a la morgue.

Los policías que levantaron el cadáver, la fiscal, Yuli, Elsi y Susi están presentes mientras redactan el acta de defunción. El policía que redacta tiene cierto morbo literario pues ignora completamente la relación padre-hija entre el difundo y la señorita cuyo teléfono estaba en la puerta (como identifica a Exaltación y su hija Elsi), Yuli reclama exigiendo que se escriba hija en lugar de la señorita del teléfono en la puerta, pero el policía la ignora y continúa con el documento.

Es lunes de noche, hay cuatro borrachitos con una botella de cañazo rotando de mano en mano, todos están brindando junto al cajón de Exaltación. Suena aterradora una melodía mezclada de arpa y violín, tonada apropiada para un velorio. Nilo, el hijo mayor, brinda con lágrimas en los ojos en memoria de su padre, algún gracioso insinúa que quiere el mismo fin, el ríe y llora más con el comentario. Felicia con un atuendo apropiado para la ocasión trata de pensar que actitud tomar ante el acontecimiento, quizá recuerda el día que decidió abandonarlo y librarse de ese hombre alcohólico que maltrataba a su familia; finalmente sonríe y le pide a Dios albergar en su seno a Exalto, así lo llamaba de cariño. Llega Reinel con un niño en brazos, saluda a toda su familia y se despide de su padre presentándole a su cuarto nieto, con quien vio desde muy lejos y sin autorización de su esposa. Finalmente llega Wiltor, va a abrazar a su madre y hermanas, todos respiran con más tranquilidad pues es Wiltor quien suele solucionar los problemas desde que dejaron o escaparon de su padre.

Es martes por la mañana, todos esperan la misa de cuerpo presente antes del entierro, todos empiezan a comentar alguna señal, acontecimiento, sensación o presentimiento que tuvieron el lunes por la mañana, aunque nadie supo en el momento su significado. Ya en el cementerio todos están al rededor del cajón, algunos lloran y otros siguen con la serenidad que no debe tener alguien quien acaba de perder a su padre. Susi todavía quiere saber que hacer en ese tipo de circunstancias, pide ayuda, pero nadie esta dispuesto a darle una clase en ese momento. Todos se despiden de Exalto con lágrimas o en silencio, cierran el féretro, y cuando éste es metido al agujero Nilo se lanza sobre el cajón pidiéndole a su padre que se lo lleve con él… entre las lágrimas y el dolor se oye un comentario inapropiado: ¡Esa es una costumbre muy Chumbivilcana!.

Todos regresan del cementerio, al pasar por la casa donde vivía Exaltación todos ven el papel con los teléfonos de Elsi y Nilo anotados, un suspiro generalizado invade el taxi mientras siguen con la mirada la puerta del cuarto alquilado que fue de su padre.

Nota: Pido disculpas por robarles el dolor a la familia de Exaltación, pero espero de todo corazón nunca lean esta historia.