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De la conferencia y otras madres

Tuesday, June 29th, 2010

La semana pasada (tomese como referencia la semana pasada del algún día en abril) estuve presente en dos conferencias, la primera y la segunda, en ese preciso orden.
Una era de CAHSI, algo así como gente hispana en ciencias de computadoras, quieren que más gente hispana logre estudios graduados y conquistar el mundo, un plan que al parecer va creciendo. Fui en busca de inspiración, de temas nuevos en los cuales investigar y esas cosas, como motivación o motivación, o tal vez motivación. Saber que vale la pena lo que hago, que valdrá la pena y que el camino recorrido valió la pena, como quien dice encontrarle sentido a mi lectura. La gente que fue allá, los asistentes y expositores, todos los que hablaron tenían una trayectoria de vida tan extraordinaria, que simplemente me hicieron sentir miserable, eso definitivamente: fue malo.

Sentí lo mismo que ese día en el cual hice mi buena acción del día y llevé a un ciego a un pabellón de la universidad y me contó que él había estudiado para ser profesor y tenía dos especialides, que tenia muy buenas notas, que nunca había desaprobado un curso, hice una revisión mental de mis notas en la universidad y se me revolvió el estómago, me sentí culpable, pero la culpa es pasajera, viene con fuerza, te golpea, pero te recuperas demasiado pronto hasta el siguiente golpe.

La conferencia me hizo sentir más desorientada, me hizo dudar más de lo que hago y de lo que quiero hacer, y la depresión que me dio pues no me permitió hacer buenas conexiones con tanta gente importante y posibles “cartas de recomendación” en mi futuro académico y profesional.

Y bueno, la segunda conferencia, sobre “cloud computing”, genial, realmente el tema como no era para inspirarse ni ver que tanto ha logrado la gente en la vida sin tener un céntimo para empezar, fue super interesante, aprendí cosas nuevas, como que la mitad de la gente por allí eran profesores de varias universidades del mundo, con investigaciones alucinantes, de esas que tienes que fumarte dos palmeras para entenderlas. También había gente cuyas caras había visto alguna vez en la contrapata de algún libro de esos que te mandan a leer en la universidad, algo así como que Varguitas esté por allí hablando en una conferencia de literatura en la cual no esperabas ver ni a Renato Cisneros. Obviamente, lo más importante, todos tenían computadoras bien pequeñas y con cara de bien caras, y todos, o la mayoría estaban revisando el facebook :P . Al parecer, no era la única aburrida.

En los tejados

Tuesday, June 29th, 2010

Anoche recordé mi vida en los tejados del palomar. Le digo palomar a mi habitación en esa casa en Huayruropata, estaba en el espacio entre el segundo piso y el techo del departamento donde decidimos vivir ese año. Nadie más quería esa habitación, y como me gusta darle el gusto a los demás me quedé con esa. Tenía dos ventanas pequeñas que daban al techo del segundo piso, en el cual pasé mucho tiempo viendo las estrellas y pensando.

Anoche estaba sentada viendo videos en youtube, tal vez haya estado allí sentada 5 horas, nisiquiera me di cuenta que la luz del día se había marchado, estaba allí sentada atontada con las imágenes. Tuve que levantarme porque estaba muriendo de sed, cuando uno está drogandose con videos siempre llega el momento en que tiene que levantarse a beber algo, comer algo o ir al baño. Fui a la cocina y al regresar me di cuenta que había anochecido. Habían dos paralelogramos, formados por la luz de luna que entraba por las ventanas, en el piso de loza, miré por la ventana y había luna llena, estuve un tiempo con medio cuerpo fuera de la ventana, pero empezó a dolerme el cuello y regresé adentro.

Fue cuando recordé el tejado, mi hermano tenía la costumbre de tirar mis cosas por la ventana y tenía que buscar una escoba para recuperlas, pero una vez tiró algo hacia atrás y no podía ver bien y supongo que era algo importante, porque fue la primera vez que me animé a salir por la ventana, allá afuera sobre el tejado. Estaba algo asustada de que las tejas se desprendieran y también porque me dan miedo las alturas. Pero al mismo tiempo, el ver edificios, techos o árboles a los alrededores más cercanos era liberador. De pronto convertí ese tejado en mi lugar de desahogo, un lugar donde podía huir. Luego salía para ver las estrellas y la luna, o para ver el cerro del frente e ir viendo como las luces se prendían.

Pero lo mejor de estar allí era el viento frío del invierno y pensar, justo como ahora que puedo ver las estrellas y la luna, echada en el piso, con el aire tibio de invierno entrando por la ventana.

algo que escribi hace mucho tiempo

Tuesday, June 29th, 2010

Madre, debo confesar que he gastado hasta el último centavo que me diste en ese sobre rotulado con: “para emergencias”. Me avergüenza haber ignorado tus recomendaciones para racionar mi lectura, pues ya se acabaron los libros que traje para todo el año. También olvidé cerrar la puerta de mi habitación por dentro, pero es que las pastillas que me pediste deje de tomar me dejan tan dopada que nisiquiera logro meterme a la cama luego de tomarlas. Tampoco compré zapallo para hacerme dulce de zapallo para que no me de fiebre, pero es que ya encontré la causa de la fiebre: me está saliendo la última muela del juicio.

Es más, en lo único que he obedecido tus recomendaciones es en comer manzanas a diario, no lo hago por obediente, es porque la ansiedad de la distancia y la ansiedad de no subir de peso, van 1-1 gracias a la manzana.

¿cómo se hace para blanquear la mente? Tenerla vacía, dejar de pensar, proyectar o simplemente alucinar y cumplir con el objetivo.

Algunas veces

Saturday, May 8th, 2010

Algunos días al despertar miro al cielo gris, respiro profundo para darme ánimos de salir de la cama, algunos días lo logro otros me quedo tres horas más, revolcándome entre las sábanas, luchando contra el sentimiento de culpa.

Algunos momentos tengo la intensa necesidad de volar, salir por la ventana, desplegar mis alas y volar hacia el mar, volar alto hasta sentir que el sol me quema las alas. Luego recuerdo que me dan miedo las alturas, pero la sensación de libertad calma cualquier miedo.

Algunas veces me cuesta respirar, tengo que echarme en el piso con la espalda y la cabeza completamente rectas para que aire fluya adecuadamente a mis pulmones. Cuesta y duele respirar.

Algunos instantes me duele pensar, cada pensamiento hiere mi ser y simplemente tengo que apagar mi cerebro y dejar de pensar. Principalmente dejar de pensar.

Helena de Troya

Saturday, March 27th, 2010

Helena era, tal cual Homero la describió, una mujer muy bella, su hermosura era tal, que la misma diosa de la belleza, Venus, la envidiaba. Paris, hombre de beldad solo representable en Hollywood por Orlando Bloom, la vio en medio de un campo de trigo, un día de mayo, me es imposible precisar si era primavera u otoño, pero el trigo empezaba a ponerse amarillo, a competir contra el mismo color del sol. Sin embargo, al medio estaba Helena con un vestido, corte griego muy apropiado a la época, blanco, con bordados y cintas de oro puro, el viento empezó a soplar, el trigo empezó a cantar al golpear las hojas con los granos, el viento replegó el vestido contra el perfecto cuerpo de Helena, algunos cabellos escaparon, los rayos solares de las cuatro de la tarde, le dieron un brillo inexplicable, dejando a Paris sin aliento.
El viento se hizo más fuerte, la luz también, la sorpresa de Paris también, la luz brilló tanto y antes de que Paris logre sacar el grito de horror de su pecho, Helena ya habia sido abducida por una nave extraterrestre.

Este texto fue inspirado por el canal de ciencia ficción.

La Perse

Tuesday, March 9th, 2010

Voy caminando por la calle hacia el banco, hace algo de calor, pero el sol está oculto. Estoy en la esquina, espero a que cambie el color del semáforo, los conductores a esta hora suelen estar demasiado apurados y pisan el acelerador sin conciencia de la señal de 25 MPH, de pronto viene un carro muy lento pegado a la acerca, se acerca sospechosamente, me paralizo de miedo, podrían ser de ese grupo que secuestra gente, dicen que avanzan lentamente hacia ti, te preguntan si conoces alguna calle de nombre ridículamente imposible y mientras tratas de hacer memoria, o ignorarlos simulando que no existen: te halan, meten dentro del carro y tu familia termina haciendo un entierro sin tu cadáver, pero el carro solo quería girar a la derecha, y lo conduce una anciana, que bien podría subirse a la calzada, retrocedo un paso y recupero el aire.

Cambió el semáforo, espero hasta que los carros estén detenidos antes de cruzar la pista, pero no puedo quitarme la imagen de la mente de la publicidad donde un coche arremete contra una mujer mientras cruza la pista, 15 millas podrían ser la diferencia, así dice la publicidad, siento mi cuerpo golpeado volando por el aire, golpeándome violentamente contra la pista, seguramente la luz cambiará y los carros que vienen en sentido perpendicular terminarán destrozando mi cuerpo y si sobrevivo, espero al menos tener la cartera a la mano, no quiero llegar a un hospital sin la tarjeta del seguro médico, ni vendiendo mis órganos al mercado negro podría pagar esas cuentas, sin el celular y las personas a las que deberían llamar en caso de emergencias y de pronto empiezo a imaginar a quién llamarían, tan turbio pensamiento termina siempre cuando termino de cruzar los 6 carriles de la autopista.

Sigo caminando y mis ojos se detienen en esa iglesia, la que vi en las noticias, donde arrestaron a ese hombre que secuestró un bebé, y si otro loco, esta vez armado regresa por aquí, será mejor caminar rápido, evitar el peligro. De pronto hay un terreno valdío, con el clima y todo, está lleno de yerba, hiede algo , será una lagartija muerta, una rata, algún ave o alguien tiró un cadaver para desaparecerlo entre la maleza, debería dejar esta ruta, no se ve muy segura últimamente, sigo caminando y está el portón de ese caseón abandonado, todo enrejado, imagino que nadie entra y nadie sale, imagino alguien encerrado cogiendo los barrotes con desesperación tratando de huir de algo que debe estar dentro esperándolo para acabarlo.

Me pregunto si ese tipo parado en la esquina espera a un dealer, o es uno, con el asunto este del tráfico y la guerra de los narcotraficantes, en cualquier momento podría aparecer un sicario en una motocicleta o uno más elegante en un BMW, sacar un arma automática y descargar todas las balas que compró anoche en la otra esquina, de ese carro que vi de la ventana, que ha estado estacionado allí por muchas noches, con las luces a medias. Si eso pasa, me detengo, me tiro al piso, corro, huyo por mi vida, qué hacer, situaciones difíciles, o tal vez es un delincuente esperando para robarme, dijeron que hace poco mataron a alguien por robarle 50 dólares, pero no creo que sepan que estoy llevando mi cheque al banco, en todo caso, mejor caminar ligero y fingir demencia.

Nadie me vio entrar al banco, estoy a salvo, nadie me reconocerá cuando salga, cambio de ruta para regresar a casa, tomo el camino largo, mucho más tranquilo, pacífico, la diferencia es una cuadra, son mundos completamente distintos, en esta hay un hombre barriendo las hojas secas, las levanta una a una para que el barrio se vea más pequeño burgués que de costumbre, en el otro tengo que caminar con cuidado esquivando ratas muertas o charcos de agua estancada, pero es el camino corto.

Llego a casa, la casa también tiene dos lados, el que tiene cara al parque, donde puedo ver los pajaritos de colores volando y haciendo nidos en los balcones, la gente paseando sus perros y otros haciendo ejercicios; el otro, en el cual es preferible no estar, porque nunca sabes que puedes ver allí o que puede entrar por allí, incluso los pájaros de ese lado del mundo son negros y toscos, de ese lado no vienen ladridos de perros falderos, sino metrallas a cualquier hora del día, tal vez vivo en la calle que divide al mundo de los burgueses y al infierno, infierno de varios edificios de 20 pisos donde sucesos completamente inesperados pueden ocurrir, a veces cuando duermo y escucho disparos simplemente me tapo los oidos y los maldigo porque no me dejan dormir, pero los pequeño burgueses tampoco me dejan dormir, con sus malditas podadoras a las 8 de la mañana, taladran mis oidos, pero la armonía perfecta es cuando un helicóptero de la policía decide hacer una inspección matutina al infierno durante un día de podar todo el parque, levantar las hojas y quitar la mala yerba, cosas como esta me hacen querer vivir en una isla desierta, para no caminar con la perse, para no vivir con la duda, pensando cuál de los dos infiernos es peor, porque todavía no sé si es peor un montón de perros falderos ladrando o la vista al infierno.

Método casero para realizar un sacrificio en el siglo XXI

Saturday, February 6th, 2010

Para este particular procedimiento, usted necesitará:

* Un individuo para sacrificar.
* Un altar, todos los dioses prefieren que el objeto yazca tranquilamente en un altar durante el sacrificio.
* Una soga, cuchillos, lanzas, piedras debidamente afiladas, combustibles de larga duración, afiladores de cuchillos, armas blancas y tape.

Odin

Paso 1 : Elija al Dios de su preferencia y revise la literatura adecuada sobre los ritos y procedimientos exactos para sacrificios a ese Dios en particular, no querrá disgustarlo al no realizar bien el sacrificio. Yo elegí a Odín, los dioses nordicos siempre me han llamado la atención.
Si usted es un lector ocioso puede hacer una búsqueda rápida en www.wikipedia.com

Paso 2 : Inmovilice al individuo a sacrificar con un cup-cake de chocolate debídamente tratado con somníferos, no cuenta drogarlo, solo hay que dormirlo. Una vez dormido el individuo tiene que arrastrarlo cuidadosamente hasta un automóvil, meterlo en la cajuela y luego llevarlo hasta el lugar donde haya instalado previamente el altar. Las flores de estación y velas aromáticas son un PLUS.
Recuerde llevar cuidadosamente al individuo, pues los dioses no van a quere un cuerpo lleno de moretones y/o magulladuras para el sacrificio.

Paso 3 : Utilice la cuerda para atar al individuo con el que se hará el sacrificio, utilice el tape para reducir el ruido de sus gritos en caso de que el lugar del altar esté ubicado en una zona con mucha gente a los alrededores; aunque, los dioses, y usted podrían disfrutar de los gritos. La manera correcta de atar al individuo es con los pies juntos y las manos a los costados del cuerpo, puede enredar circularmente de abajo hacia arriba realizando nudos cada cierto espacio para evitar que el inviduo se desate en algún momento, en el caso de que usted quiera que el individuo esté despierto durante el sacrificio.
Considere en dejar partes o áreas descubiertas de cuerda o dejar libre acceso a las partes del cuerpo que habrán de intervenir en el sacrificio.

Paso 4 : Usted necesitará una túnica apropiada para el sacrifico, recuerde que la sangre seca es muy dificil de lavar. Evite los colores primaverales, los colores oscuros seran óptimos. Procure sonreir amigablemente a la cámara, si es que está grabando el evento.

Paso 5 : Ubique el individuo en el altar, en la posición adecuada para el sacrificio. En mi caso será boca abajo.

Paso 6 : Antes de proceder con el sacrificio, recuerde desinfectar y afilar adecuadamente todos los instrumentos de tortura.

Paso 7 : La hora ha llegado, el momento del sacrificio.
En el caso del sacrificio a Odín, llamado “águila de sangre”, ha de realizarse una cortada profunda al lado izquierdo y derecho de la columna vertebral, tratando de mostrar las conexiones con las costillas. Proceda en orden, de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo a retirar cada costilla de la posición que tiene en la columna vertebral, si tiene problemas cogiendo las costillas, puede realizar nuevos cortes entre costilla y costilla, desde el medio hacia la columna, esto facilitará su manipulaci’on.
Si la víctima del sacrificio llega a desmayarse por el dolor, puede tomarse algún tiempo y esperar a que despierte.

Procedimiento

Paso 8 : Durante todo el proceso debe pensar que lo que está realizando es para congraciar al Dios elegido en el paso 1, esto no es diversión o un simple acto sanguinario.

Paso 9 : Derrame cuidadosamente el combustible de larga duración sobre el cuerpo sacrificado y préndale fuego, recuerde que es inflamable, no esté muy cerca del calor.

Paso 10 : Las fotos en facebook, flicker y videos en youtube deberán tener la etiqueta de “cortometraje” y no “documental”.

Esperamos que este instructivo sea de su agrado, recuerde no tratar de hacerlo en su casa, en realidad no trate de hacerlo.

*** Agradecemos, nuevamente, a Ricardo por los gráficos.

El cadaver en el patio trasero

Wednesday, February 3rd, 2010

Si alguien te pide que mires por la ventana a ver que pasa allá donde la gente esta amontonada: ¡no lo hagas!, de seguro lo lamentarás.

Como todo domingo estaba sentada frente al televisor esperando que se cuezan las lentejas, escuché una metralla y luego unos 5 disparos. Miré por el balcón hasta donde mis ojos llegaran a ver si habia algún niño traviezo terminando las municiones de los juegos pirotécnicos de fin de año, el parque estaba lleno de plantas, la gente seguía jugando en la cancha de basket, las señoras mayores seguian dando infinitas vueltas al parque conversando sobre la vida ajena, todo estaba en orden y volví a mis actividades: ver televisión mientras esperaba que se cuezan las lentejas.

Pasó media hora o cuarenta y dos minutos, no puedo ser muy precisa, llegó la dueña del departamento donde vivo me dijo que la calle estaba cerrada, que le habían disparado a alguien. Pensé que las cosas iban mal, que los disparos habían sido muy cerca y que simplemente nadie lo había tomado en consideración, tal vez ya no sea tan seguro vivir allí, tal vez deba recluirme por algún tiempo en mi habitación y aprovechar para escribir el libro que no voy a escribir, pensé muchas cosas mientras seguía esperando que se cocinen las lentejas, quizá debí remojarlas más tiempo antes de meterlas en la olla.

Hasta que finalmente pasó, ella me llamó desde su habitación – ven para acá, mira -, yo fui porque siempre me suele llamar para mostrarme sus joyas antiguas, algo nuevo que compró, o para regarlarme maquillaje tratando de convencerme de que uno no puede ir por el mundo con la cara lavada y conseguir un buen marido. Me dijo que mire por la ventana a ver que pasaba al frente de la calle, ella es corta de vista y quería matar su curiosidad, la tarea era sencilla: mirar hacia afuera y darle una descripción..

Hay una ambulancia, un patrullero, alguien que parece ser un paramédico, dos policias tomando notas, alguien está fotografiando… el aire se volvió espeso… está fotografiando el cuerpo de un muchacho, esta tirado de bruces en el piso, no hay sangre, pero no se mueve, lleva unos pantalones cortos, tiene el torso descubierto, sé que es un muchacho por la forma de sus pantorrillas, por lo delgadas que están, no puedo verle la cara, es mejor así.

Quité la cabeza de la ventana y me fui a terminar de cocinar, tratando de olvidar lo que habia visto, pero hasta ahora no puedo olvidarlo completamente, no es que tenga algún tipo de trauma o necesite un psicoanalista, es el tipo de imágenes bizarras que uno ve alguna vez y se quedan en la mente, que dan vueltas y no las puedes olvidar hasta que veas algo más bizarro. Estuve algún tiempo más escuchando a la dueña de casa contándome que ya había llegado el fiscal, que ya levantaron el cuerpo, que la policía anda haciendo preguntas a la gente que estaba por allí; finalmente, todos se fueron.

Si te piden que mires por la ventana, no lo hagas, puede que haya algo que no quieres ver.

divagaciones 16(+/-)

Wednesday, February 3rd, 2010

Cuando vas a un laboratorio clínico y te dan el recibo por 72.00 dólares, ¿que piensas?

Me levanté temprano, me di un baño y fui al laboratorio, tenía que hacerme 7 análisis para ver si tengo influenza, no del tipo A, esa es muy común, sino la otra, la B. Cuando vi los síntomas en wikipedia, tengo como el 90% de los síntomas, pero de nacimiento, así que no me preocupé mucho y todas las personas que podían tenerla también están sanas. Fui al doctor para tranquilizar a todas aquellas personas que se preocupan por mi salud, no me incluyo, pero no soporto ver a la gente preocupada por mi, siento que no lo merezco, y como no puedo convencerlos de que dejen de hacerlo es mejor darles lo que quieren: una certificación de que sobreviviré por unas décadas más y que ningún dolor físico o espiritual está fastidiándome el día.

Sin embargo, si te cobran 72 dólares, esperas que más vale tener algún tipo de enfermedad que justifique ese gasto. En el laboratorio me dijeron que si las pruebas de influenza salían positivas me llamarían inmediatamente, me brillaron los ojos ante la ilusión de una epidemia, de tener una enfermedad super contagiosa, luego avisar a mis compañeros de la universidad, a la gente de la oficina, a la gente que le tosí encima cuando estaba en la farmacia, a las enfemeras del laboratorio, demasiado alucine. Luego esperar a que vengan los amigos de Fox Mulder y Dana Scully con sus trajes protectores y me lleven en una cápsula para curarme o quemarme, mi propio capítulo de los Expedientes Secretos X, control de infecciones, pero yo sé que lo mío es un vulgar resfriado, no ébola.

Imagino que soy la única persona que va al doctor con la esperanza de tener algo extraño o mortal, pero siempre salgo defraudada; porque, cuando pensé que tenía tuberculosis porque las pruebas de tuberculina salieron positivas, me hice unas placas y mis pulmones estaban vergonzosamente sanos; cuando pensé que tenía algo muy malo en los riñones, pues tampoco tenía nada; cuando pensé que tenía algún tumor extraño en el cerebro luego de mis varios accidentes, resultó que solo era migraña y aquellas manchas en la masa encefálica, no era cisticercosis, no, solo era algo de coloración para entretener a la neuróloga; cuando pensé que me destaparían las uñas de los dedos por el uñero, me hicieron un pequeño corte lateral, y cuando le dije al doctor mis problemas respiratorios y que posiblemente tengo una muy avanzada sinusitis, me dijo que tome unas pastillitas para quitarme la congestión.

Alguien siempre se encarga de destruir nuestras ilusiones. Al menos fue divertido ir hoy al laboratorio y que las enfemeras me llamaran por mi nombre y dijeran que me habían extrañado, que hace tiempo no me veían por allí. La excusa o explicación: es que estaba sana todo ese tiempo. Me hicieron recordar que solía ir cada dos semanas a que me saquen sangre, tiempos aquellos.

El Gecko y el Corazón de la Picuro Mama

Sunday, January 24th, 2010

Gecko y su picura
Gracias a Maria Luisa (picuro mama) por hacer este dibujo alucinante, un poco más y le ponia el corsé al Gecko, bien detallada la ilustración.

María Luisa llegó de Lima, con el firme deseo de comprobar las teorías de Fray José Pío Aza sobre el sistema social de los Koribeni. Estaba aburrida de toda la teoría, los libros y las historias de otros, quería algo de acción, quería ver las cosas con sus propios ojos, y desde que un profesor en la universidad le dijo que Fray José Pío Aza solamente había contribuido con un diccionario que ya nadie usaba, decidió limpiar el nombre de ese hombre que había trabajado tanto durante los 20s. Además, qué tanto pudieron haber cambiado los Koribeni desde entonces. La selva todavía era un lugar temido por muchos, más por la tecnología y la ambiciosa mano de la industrialización.

Llegó un lunes, el primero que la vio fue Víctor, estaba sentado ayudando a mondar yucas a su mamá. Gritó exitado. -Mira, mira mamá, viene un picuro, allá viene un picuro, parece un picuro, pero está muy grande, será la picuro mamá. – Todos se le acercaron, había estudiado bastante gramática y diccionarios de matsiguenga, pero no lograba hacerse entender. Pedía con bastante determinación quedarse en la aldea por un par de meses, que ayudaría en las labores a cambio de nada. Repitió tantas veces lo mismo, hasta que alguien aburrido de sus intentos le contestó en un español bastante comprensible.

Ella pensó que tal vez la mano del hombre blanco, como solía llamar de broma a los no-nativos, ya había llegado a la aldea de los Koribeni. Luego de explicar lo que quería, y todos al ver que era inofensiva le permitieron quedarse. La mamá de Víctor le dio una hamaca para que pueda dormir y le dijo que tenga cuidado con los insectos, las culebras, las ranas venenosas , las mariposas, que se bañe seguido, y muchas otras recomendaciones. Le dio tantas recomendaciones que la cabeza le empezó a dar vueltas porque ella trató de memorizar todas.

Cuando Víctor la veía, por más lejos que estuviera gritaba – picuro mama, picuro mama – y todos reían. Pronto olvidaron que se llamaba María Luisa y todos le decían picuro mamá.

Victor tenia 6 años y era su guía en los paseos diurnos, conocía a toda la gente de la aldea y estaba tan desesperado de aprender español como ella de mejorar su matsiguenga. Por las tardes iba a las casas con un cuaderno de anotaciones a hacer preguntas incómodas, pero la gente allí estaba por encima de los prejuicios y la vergüenza y le respondían hasta lo más extraño. Las conversaciones eran largas y siempre terminaba escuchando historias de como la gente se salvaba de picaduras de serpientes, de ataques de fieras, picaduras de alacranes, y algunas historias de otros que no lo lograban.

María Luisa se había dado cuenta que todas las casas tenían las puertas y ventanas abiertas durante el día, pero había una casa ubicada estratégicamente en medio de la aldea que siempre estaba cerrada. Varias veces preguntó quien vivía allí, pero nadie parecía entender la pregunta, porque nunca era respondida, nisiquiera le daban excusa, todos asumían que la pregunta no había sido hecha. Al principio pensó que tal vez estaba vacía, pero a ciertas horas veía humo salir de las ventanas. Una tarde cuando regresaban a casa de Víctor, la curiosidad pudo más que ella y se acercó a la casa. Pero Víctor la detuvo de un gritito – No entres, allí está el pishtaco, te puede comer -. La tomó de la mano y la arrastró con todas sus fuerzas lejos del lugar.

Ella le dijo que el Pishtaco no existía, pues ella pensaba que no existía, que era un cuento, pero él le dijo que todos los cuentos eran reales, y todos los seres buenos y malos de los cuentos existían. Su abuelo los había visto a todos, ahora estaba curando al pishtaco que estaba enfermo. Ella no entendía nada, porque ya había pasado un mes y ni el abuelo, tampoco el pishtaco habían sido nombrados durante ese tiempo. Y si el pishtaco era malo, por qué lo estaban curando. Seguía sin entender nada, y decidió averiguar las cosas por su cuenta, sabía que Víctor no iba a permitirle entrar y que nadie más permitiría hacerlo, y decidió descubrir las cosas en secreto.

Con las semanas había desfigurado completamente su vestimenta de recién llegada, ahora tenia varios collares colgados al cuello, pulseras y aretes, hechas con semillas oscuras y algunas de colores. Algunas veces vestía sandalias y unas faldas que las nativas le regalaban cuando iba de visita a sus casas, recibía todo con una sonrisota y las vestía seguido para demostrar lo interesada que estaba en todos y todo. Además, que a su tradicional estilo hippie, los aditamentos nativos le daban estilo extra.

La picuro mama, había hecho del lugar su hogar en poco tiempo, pero la curiosidad de saber si en realidad en esa casa estaba “el pishtaco” estaba trastocándole los pensamientos. Un día, un mal día de mayo, logró escapar de la compañía de Víctor, que siempre andaba pegado como lapa, lo distrajo con unas hormigas, le explicó el complicado sistema que siguen las hormigas para conseguir alimentos, y mientras Víctor se distraía persiguiendo una hormiga para ver si de verdad iría a un pequeño cultivo de hongos y que no se iba a comer las hojas que cargaba, logró escapar. No tuvo que forzar la puerta donde descansaba el pishtaco, pues los Koribeni todavía desconocían la protección a la privacidad y la propiedad privada. Estaba allí, dormido en medio de lo que podría ser la sala o área de sacrificios de la casa. Todo el lugar era una especie de santuario, la casa de un brujo tal vez, pero en sus anotaciones no había visto la existencia de brujos; chamanes sí, pero no tenia mucho tiempo para meditar al respecto. Descansaba sobre una cama, irónico ella descansaba en una hamaca, y el dolor de hombros al amanecer era insoportable. Sobre una cama estaba, el pishtaco, pero no parecía el pishtaco, aunque tampoco sabía a que se parecía un pishtaco. Tenia una piel escamosa, color verde olivo, otros pedazos color verde petróleo, tenia pelo en la cabeza, rizos negros bastantes descuidados. ¿Quizá debería ir al salón de belleza? pensó ella. María Luisa estaba en un alucine total, cuando escuchó pasos. Como era pequeña se ocultó tras un librero en la esquina de la habitación.

Entro el jefe del pueblo con un hombre que no había visto antes en la aldea. Juntos quitaron “las escamas” que cubrían al pishtaco, lo lavaron y le pusieron escamas nuevas. pero en realidad no eran escamas, el pishtaco tampoco era un monstruo. Era un hombre, y todo aquello verde que traía encima eran emplastos de hierbas. El hombre desconocido le dijo al jefe del pueblo – los emplastos le quitarán el dolor, pero que no debemos dejarlo dormido por más tiempo, sino perderá la movilidad del cuerpo. La enfermedad del cuerpo puede curarse con hierbas; la enfermedad de la cabeza, tiene que curarla él mismo. Nos tiene que decir como hizo el conjuro, para tratar de deshacerlo, él es muy peligroso cuando se molesta, puede acabar con todo el pueblo, estaba escuchando las noticias en la radio y parece que ha estado haciendo maldad desde bien lejos de aquí, pero él me dijo que no recordaba nada de eso cuando lo traje. Tenemos que ponerlo en trance para curarlo. Tal vez dándole de beber ayahuasca podemos hacerle recordar, y así curarlo. Me tomarán nueve días juntar las hierbas, ese día lo despertaremos. Recuerda moverle las piernas y los brazos todos los días. – Los hombres dejaron al pishtaco dormido y se fueron. María Luisa aprovecho para escabullirse fuera y seguir alucinando.

Al noveno día regresó el hombre, que debía ser un brujo o un santo. Pero, en realidad era un maestro de las plantas, un nativo shipibo, amigo de los Koribeni que había encontrado al pishtaco en las orillas del Urubamba un día que buscaba lianas de ayahuasca y otras yerbas para sus preparados. Junto al pishtaco estaban dos manaties llorando casi desconsoladamente, los manaties le contaron al maestro de las plantas que el pishtaco los había ayudado a escapar de unas redes que dejaron unos chinos que andaban buscando afrodisíacos. Pero al terminar de moverlos de las redes se había desmayado, y ellos lo llevaron a la orilla y estaban rezándole a la madre ayahuasca que alguien llegara pronto. El maestro de las plantas fue a buscar al jefe de los Koribeni para que lo ayude a mover al Pishtaco con cuidado, tal vez tenia algún hueso roto y no quería terminar de lastimarlo. Lo llevaron hasta la casa del antiguo maestro de hierbas de los Koribeni, sabían que siempre estaba cerrada y que todos respetaban el lugar así que nadie haría preguntas.

Al noveno día regresó el hombre, con dos calabazas llenas de ayahuasca y otras yerbas, listo para despertar al pishtaco. María Luisa se había acomodado tras el librero como la última vez. Hicieron hervir unas hierbas que hedían terriblemente, acercaron la olla con las hierbas a las narices del pishtaco y este abrió los ojos. Miró hacia todos lados tratando de ubicarse en el tiempo y en el espacio, no lo logró. Preguntó ¿cómo, cuándo y dónde?. Le contaron, cómo y dónde (párrafo anterior), cuándo : hacia 2 meses. Le informaron sobre su salud, tenía una contractura en la cadera, que le habían puesto emplastos de “Mocco mocco” para la inflamación, pero tenia que caminar y moverse para terminar de curarse. Sin embargo, no podía dejarlo salir de la casa porque él era muy peligroso, el pishtaco era malvado y tenía que dejar de ser pishtaco. Le preguntaron como es que había hecho el conjuro para convertirse en el pishtaco, para ponerse tan agresivo y matando a gente por doquier. Él no tenía la mas mínima idea de lo que pasaba. Las cosas serían más difíciles.

El maestro de las plantas le dijo que le daría de beber ayahuasca, aprovecharían ahora que no se podía mover y no haría daño a nadie, pero necesitaban su colaboración. El Gecko estaba algo confundido, tanto porque lo estaban acusando de asesino en serie y mucho más porque le irritaba que le digan pishtaco. Me llamó Roberto decía cada vez que le decían pishtaco o se referían a él como le pishtaco o simplemente mencionaban la palabra pishtaco y lo miraban de reojo. Así que empezaron a llamarlo “ingeniero”, para no molestarlo, debían mantenerlo calmado. Le dieron de beber el ayahuasca, ellos también tomaron otro poco, estaba sentados en triángulo, tratando de ver el pasado y el futuro, pero era más difícil porque los recuerdos del pishtaco estaban muy ocultos, estaban más allá del subconciente. Empezaron a ver sombras de colores, figuras de colores, oyeron los cantos de cuna de la abuela del Gecko que él cantaba durante su taller de curanderismo, que había ido mezclando con pedazos de conjuros, más la ira que tenia por haber sido abandonado en la selva había hecho un hechizo poderoso que él no conocía, que no podía controlar. Vieron a la madre ayahuasca, con una figura indescriptiblemente hermosa, abrió la boca y su hermosa voz los dejó hipnotizados, la madre ayahuasca al darse cuenta de esto, adoptó una voz más mortal y les dijo que el pishtaco se curaría con el corazón de un picuro. Luego su figura se desvaneció en medio de un remolino de colores.

Al terminar la ceremonia, el Gecko, el maestro de las plantas y el curaca de los Koriben tomaron todos los litros de agua que encontraron en la aldea. Se quedaron dormidos en el piso de la casa. Mientras todo esto pasaba María Luisa estaba aburrida, con las piernas entumecidas y aguantando el dolor de un calambre en la pierna por la mala posición. Solo escuchaba al Gecko decir, el corazón de un picuro, el corazón de un picuro me va sanar, un picuro me va sanar. Fue de rodillas hacia la puerta, cuando recordó el librero tras el cual se ocultaba, habían muchos libros antiguos, cogió uno y no era un libro, era un cuaderno empastado bastante antiguo, escrito a mano, un diario de campo, buscó en las primeras hojas y cuando leyó el nombre José Pío Aza dio un chillido que ahogó con sus manos, para que no despierten los tres hombres que estaban en el piso. Cogió varios cuadernos y los fue hojeando, pero la luz era insuficiente y no pudo entender mucho, necesitaba ver esos cuadernos de día.

En la madrugada se levantó el maestro de plantas, y lo primero que recordó fue el corazón del picuro. La información era importante pero imprecisa, deberían utilizar el corazón en una ceremonia, comerlo a la plancha con finas hierbas, hacer un collar, utilizar la hierba llamada corazón de picuro, probar todas las anteriores. Discutió los detalles con el curaca y con el Gecko, hasta que llegaron al común acuerdo de que deberían ofrecer el corazón de un picuro a la madre ayahuasca. Para que el sacrificio sea más llevadero, tendría que él mismo atrapar el picuro, era una tarea fácil, pero no lo era considerando que el Gecko no se había movido en dos meses y tenía una contractura en la cadera. El curaca al salir miró hacia el librero, vio algunos libros movidos, y se recordó que tenía que cambiar el sílica gel para conservarlos, no conocía el contenido de esos libros, pero sabía que en algún momento servirían a la comunidad. Cuando su abuelo era curaca, le había dicho que siempre cuidara de esos libros, que en algún momento los necesitarían.

María Luisa estaba demasiado intrigada con los libros, así que fue donde el curaca y le dijo que sabía todo sobre “el pishtaco”. Que ella había trabajado en una clínica de terapia física y podía ayudarlo a volver a caminar. Pero, que lo haría a cambio que le dejen revisar los libros que habían en el librero de la casa donde descansaba el pishtaco. Fue clara y directa, sabía que le tenían miedo al pishtaco y que al mismo tiempo le debían el haber salvado a los manaties que eran animales muy queridos por ellos, jugó todas sus cartas, y el curaca terminó aceptando. María Luisa iba a hacerle masajes y ayudarle a hacer algunos ejercicios a Gecko tres veces por semana. Los otros cuatro días de la semana, se la pasaba leyendo las anotaciones de Fray José Pío. Trataba de mantenerse al margen de los negocios del Gecko, pero a este le gustaba hablar mucho y terminó contándole su vida, sus muestreos, sus viajes, de sus amigos y demás aventuras. Trató de seducirla mientras ella le hacia los masajes, pero ella siempre tenía la mente en los escritos de Fray José Pío, y no lo escuchaba.

Pasó el tiempo, hasta que el Gecko logró caminar por su propia cuenta, pudo sostener su peso, y salía a caminar por los alrededores para no asustar a los niños de la aldea, que creían que él era el pishtaco y las historias del pishtaco eran tan aterradoras en la comunidad que prefería andar con cuidado. Un día vio un picuro, trató de atraparlo, pero no pudo, sus piernas todavía no estaban fuertes, necesitaría más tiempo. Regresó a la cabaña donde se quedaba y encontró a María Luisa, le contó lo que había pasado, que estuvo persiguiendo un picuro, que sus piernas todavía estaban débiles y necesitaba más terapia. Luego se dio cuenta que junto a María Luisa estaba un niño, con un cuaderno a rayas, haciendo círculos a lo largo y ancho de la página, lo miraba con los ojos tan abiertos y tan grandes que parecía se iban a caer. Hasta que logró articular unas palabras – picuro mama, tengo mucho miedo – y salió corriendo a tropel.

El Gecko empezó a reírse, – de verdad pareces un picuro, eres tan pequeña -, tienes que explicarle a ese chato que no soy malo. – Picuro mama, realmente pareces un cuy, pero más un picuro -. Palideció entonces, la madre ayahuasca se estaba refiriendo al corazón de un picuro, debía ser a María Luisa a quien se refería, pero tomar su corazón después de lo mucho que lo había ayudado. La confusión empezó a atormentarlo, ya no permitía que María Luisa se le acercara, le prohibió volver a su casa, le dijo que se llevara los libros, que regresara a Lima, pero ella no pensaba hacerle caso, el curaca le había dicho que no podía llevarse nada, nada debería salir de esa habitación, y ella pretendía cumplir con su palabra.

Fue una noche, que el Gecko iba de paseo que se cruzó con una rana rosa, sabía que no debía tocarla, pero la tocó. El pishtaco regresó, fue a buscar a María Luisa, le dijo que había encontrado unos mapas de las comunidades nativas tal cual estaban en 1929, que los mapas se veían muy precisos, como tenía una linterna en la mano, María Luisa pensó que podría leerlos y que no habría peligro, tal vez el Gecko había reconsiderado sus actos y no intentaría echarla del pueblo nuevamente. Llegaron a la casa, y le dio un libro, mientras hojeaba en busca de los mapas, el Gecko le acercó una olla con hierbas y ella quedó completamente dormida. Con una sonrisa tenebrosa dijo – te atrapé picuro, solo falta el corazón -. Bebió un par de tragos de ayahuasca, para poder ver a la madre ayahuasca y hacer el sacrificio más apropiadamente. Esta vez vio demonios en su alucinación, que intentaban escapar, en medio de ellos se abrió paso la madre ayahuasca, el pishtaco sabía que ese era el momento, tenia a María Luisa al frente echada sobre la cama completamente inmóvil. Tomó el machete que estaba junto a la puerta y cuando estaba preparado para sacarle el corazón, la madre ayahuasca habló -¡detente!, tienes razón, ella es el picuro a quien me refería, pero lo del corazón, no lo tomes tan literal. El pishtaco fue revivido por la ira que tenias dentro, tienes que desaparecerlo con amor, pero tienes que ganártelo, a eso me refería con el corazón del picuro-

A la mañana siguiente al despertar, el Gecko regresó a María Luisa a la casa de Víctor, la puso sobre la hamaca, luego regresó con la cacerola con las hierbas para despertarla, y se fue de puntitas para que ella no se de cuenta. Al despertar y recobrar el conocimiento, ella no sabía si lo que había pasado la noche anterior era un sueño o era verdad, pero todo era tan confuso que se convenció que era solo un sueño. El Gecko aprovechó su falta de costumbre por dormir para encontrar lo que María Luisa buscaba con tanta ansiedad en las anotaciones de Fray José Pío, hasta que finalmente lo encontró. Encontró detalladamente el sistema social de los Koribeni y tribus aledañas, con explicaciones, gráficas y demás detalles necesarios para sustentar una tesis. Fue a buscar al curaca y a otras personas mayores para constatar la información, después fue a buscar a María Luisa para decirle lo que había encontrado.

Ella estaba jugando con los niños a la ronda de San Miguel, los niños le decían picuro mama en lugar de María Luisa y las nativas que pasaban cerca la saludaban igual. La llamó: “picuro mama”, ella se le acercó. Le dio las anotaciones que hizo y los libros con las páginas marcadas en donde había encontrado la información que ella buscaba. Ella no pudo contener la felicidad y lo abrazo fuertemente, convencida de que ese no sería el primer ni el último abrazo que le daba. Con las pruebas del sistema social de los Koribeni fue como el pishtaco obtuvo el corazón de picuro mama, con sus rizos bien definidos y sus encantos. Desde ese día, intercambian información, se han asociado para hacer estudios de impacto ambiental, el Gecko tiene el corazón de ” Picuro mama” y viceversa. La madre ayahuasca tenía razón, el corazón del picuro curaría al Gecko.