Estaba en la estación sentada en posición “Forrest Gump” y entré en trance recordando cosas bonitas. Nadie se sentó a mi lado para que le cuente la historia de mi “Jenny”. En medio del trance alguien me sacudió, estaba tan atontada que mi normal paranoia de ser asaltada por algún ladrón de estación de tren no se activó y no pude aplicar la maniobra de defensa personal que siempre practico. Era Federico preguntándome si yo era yo, que Boby le había enviado fotografías, pero quería asegurarse que era yo y no la gemela malvada a la que le culpo de ciertas cosas que me avergüenzan reconocer como propias. Me reí de la descripción que Boby utilizaba, pero no puedo negar que siempre es bueno tener una gemela malvada que hace cosas de las cuales no nos sentimos muy orgullosos y que escapará a las Islas Caimán de ser necesario.
Federico sonreía inocentemente al hablarme, lo hacía como si nos conociéramos de toda la vida. Era algo incómodo para mis estándares de “nos acabamos de conocer. Hello!”. La incomodidad duró algunas horas, lo normal son meses. Federico es pintor, decidió irse a España a apurar el proceso de alcanzar la fama y con suerte fortuna, cosa que le tomaría menos tiempo fuera de Perú de acuerdo a la última encuesta realizada entre amigos y parientes. Le había ido bien con lo de alcanzar la fama, pero no tanto la fortuna, pero me aclaró que al ser pintor no famoso uno aprende a estirar el presupuesto. El taller de Federico era como el taller que uno imagina tener si fueras pintor. con muchos cuadros en las paredes, algunos en proceso, otros apilados en una esquina, miles de gamas de colores en toda la habitación, estantes con pintura y paletas. Al ver sus pinturas me quedé por varios minutos en un estado de “wow”, hasta que Federico volvió a sacudirme comentando que soñar despierta no era bueno para la salud. Luego de mostrarme la parte del taller que me correspondía y darme una taza de café nos sentamos a conversar de lo triste que es la vida, o al menos yo conversé de lo triste que es la vida. Mientras hablábamos iba liberando mis demonios, hablar de los problemas es buena terapia, pero cuando yo hablo de mis problemas y penas, hablo y hablo y hablo, hasta que termino contando cuando era pequeña y mi pasión era resolver multiplicaciones largas.
Mientras hablaba y hablaba, Federico iba cambiando de posición en su taller y yo iba siguiéndolo con mi cháchara de telenovela Venezolana de bajo presupuesto. En un momento me mandó a callar y me dijo que me preparase para irnos de viaje. Mi normal sentido de aventura y desinterés me hizo empacar dos mudas de ropa, pasaporte y dinero en la mochila sin preguntar a dónde o si necesitaba algo. Dos horas después bien abrazada a Federico íbamos en una motocicleta rumbo a Valencia.
Finalmente llegamos a Valencia, tenía la espalda y las piernas entumecidas, no por el viaje, sino por el temor de caerme de la motocicleta durante la larguísima travesía. Llegamos a un puerto en Valencia y allí tomamos un ferry hacia Palma, otro tanto cruzando Palma en motocicleta y de allí un bote a Menorca. Al ver el letrero de “Bienvenido a Ciudatella-Menorca” al bajarnos del ferry recordé a Bryce y puse la sonrisa más tonta que pude. Todavía la pongo cuando recuerdo haber pisado Menorca.
- ¿Qué recordaste? – me preguntó Federico.
- Divagaciones mías, o divagaciones de Bryce. Este lugar está en mi lista de los 1000 lugares que visitaré antes de morir, imagino que ya puedo sacar algo de mi lista.
- Qué lugar está en el primer puesto
- Cuba
- Pero, si es más sencillo ir allá
- No tanto, especialmente si solo quiero ir y no hago nada para ir. Tal vez llegue a Cuba como llegué aquí. Por pura casualidad.
- Qué lugar está en 2o puesto
- Todos los demás, mi prioridad en la vida es conocer Cuba
- Boby tenía razón, eres rara
- Nada más un poco.
Volvimos a la motocicleta y fuimos hacia la playa, era media tarde y nos detuvimos a comer. Podía tachar algo más de mi otra lista: “comer paella”. Hace años que hago listas con las cosas que quiero comer, lugares que quiero visitar, cosas que quiero ver, gente famosa que debo conocer y cosas que quiero aprender. Demasiadas listas y poca voluntad para ir completándolas. Luego de comer regresamos a la playa, estuvimos viendo eternamente el atardecer, el sol se fue y seguíamos allí. Yo no sabía si preguntarle cuánto
tiempo estaríamos allí, o a qué hora nos iríamos. Así que decidí quedarme callada y no pensar. El cielo se llenó de estrellas y había una casi llena luna en el cielo oscuro. Federico se levantó y me dijo que ya era tiempo. Se quitó la ropa hasta quedarse en shorts y se metió al mar. Tantas películas vinieron a mi mente, el agua que brillaba como en las películas, me llamó para meterme al agua, pero todavía no había tachado de mi lista el “aprender a nadar”. Me acerqué al agua y me metí hasta las rodillas. Mala hora esta para no saber nadar.
Cuando le conté que no sabía nadar y que el mayor temor de mi vida era morir ahogada Federico rió sin control. Se puso la ropa sin secarse, mientras yo me horrorizaba por ver a alguien hacer eso, muy irresponsable de su parte. Pero recordé que yo también vivo muy irresponsablemente, así que prefería callar y continuar con la aventura. Regresamos a la ciudad a buscar un hotel barato donde dormir, ni siquiera tuve tiempo de mi reflexión y me quedé dormida como piedra en los placenteros brazos de Morfeo. Al día siguiente Federico me despertó diciendo que tenia 10 minutos para alistarme. Cómo si realmente fuera posible que alguien pudiera alistarse en 10 minutos. Me bañe y vestí en 10 minutos, todavía no sé si pueda volver a hacer algo así, está incluido en mi lista de logros sorprendentes.
Fuimos a caminar por la ciudad con un mapa en la mano, conocer lugares interesantes, históricos y por alguna razón perturbadora cada vez que alguien pasaba paseando a su perro Federico se detenía para saludar y acariciar al perro en cuestión. Comprendí eso de “animal lover” y “dog person” al ver a Federico acariciar los perros de la ciudad, es raro ver algo así. Federico me contó que una vez había adoptado un perro que sufría los maltratos de su familia, pero tuvo que regalarlo a un amigo porque no le permitían perros en su taller, pero iba a visitar al perro cada semana llevándole comida. Imagino que muchas veces él deja de comer para llevarle comida al can, supongo que ese es un sacrificio que no todos están dispuesto a hacer.
A media tarde luego del tour por la ciudad y algunas playas, Federico se tiró bajo el sol y se quedó dormido. Yo estaba tratando de dormir, tomar sol y broncearme parejamente cuando vi que al fondo de mi mochila estaba mi portátil. Fue un grave error revisar mi correo electrónico en mi situación. Más de 30 correos nuevos, 29 eran publicidad, y uno era de él. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y ni siquiera pensé en la posibilidad de no abrirlo o borrarlo, antes de que mi razón actuara ya estaba leyéndolo.
Una oración ¿Todo bien?, ni siquiera había asunto.
Pues todo estaba bien, estaba en Menorca tomando sol con un galán a mi lado. Había conocido muchos lugares y hecho varias cosas de mis listas, ya le había perdido el miedo a la bendita motocicleta aunque sabía que me costaría sentarme por algún tiempo. Todo bien, muy bien. Pero vino a mi mente la sensación de que todo estaría mejor si él estuviera a mi lado. Le di al botón de responder y cuando me preparaba a escribir, simplemente mis dedos se quedaron en el teclado y no pude poner palabra. Cerré la laptop y fui a buscar algo de tomar.
Al día siguiente le pregunté a Federico si podíamos ir a las Islas Baleares y me sentí muy tonta cuando me dijo que estábamos en una de ellas y que nos faltaban 48 playas por visitar. Ignorante yo, para variar. Fuimos a Son Bou a ver las playas y lugares turísticos y demás cosas que la gente que no conoce un lugar hacer, mirar por aquí y por allá, caminar por aquí y por allá, tomarse muchas fotografías y comer todas las cosas extrañas del camino, bueno, no creo que todos hagan lo último, es curiosidad gastronómica mía la de comer cosas extrañas del camino, incluyendo frutas desconocidas de arbustos desconocidos. En la noche regresamos a Ciudatella, Federico me dijo que al día siguiente iríamos a Mahón que posiblemente estaría invadido por turistas, pero que de allí podíamos ir en un solo ferry de vuelta a Valencia y luego me daría el Tour por Granada.
Salimos temprano y efectivamente Mahón estaba lleno de turistas, porque cerca había un aeropuerto y solo los valientes tomaban el ferry de 14 horas desde Valencia. El ferry salía en la noche, así que tuvimos tiempo de visitar más lugares y más playas, comprar recuerdos para los amigos y la familia, y comer más cosas extrañas. Las mejores vacaciones de mi vida.
Llegamos a Granada al apartamento/taller de Federico y mientras cocinaba me contó que cuando uno es artista y no tiene mucho dinero tiene que arreglárselas para comer de vez en cuando. Su última técnica era organizar cenas con los amigos, invitaba a varios amigos a cenar y les pedía que lleven algo. todos llevaban algo y la aportación de Federico era preparar la cena. De vez en cuando vendía sus cuadros, pero como le tenía mucho cariño al vino y a su perro el dinero no le duraba mucho. Estabamos comiendo el mejor “spaguetti misio” que había comido en mi vida cuando alguien tocó la puerta. Y cual telenovela Venezolana mutada con drama Koreano, Federico fue a abrir la puerta y era mi amado al otro lado.
Antes de procesar la información Federico me dijo que él le había escrito desde mi correo y le había dado su dirección. Que el tour por Granada quería pendiente para el día siguiente, y que necesitaba hablar con mi amado. Fiel a mi incomodidad natural, me quedé callada, mi amado me dijo para ir por un café, estábamos callados frente a frente, yo miraba sus manos alrededor de su taza y recordé el día que lo conocí, con sus manos alrededor de un helado, que de vez en cuando sacaba una cucharada lentamente. ¿Cuántos años hacía de eso? Estuvimos callados por un buen tiempo hasta que la mesera se acercó a preguntar si queríamos más café, ambos dijimos que si, y seguimos callados hasta el siguiente café.
- So…
- ¿Uh?
- Digo, ¿Por qué viniste?
- Por qué no me dijiste que estabas en España
- Porque me dijiste que…, pues lo que me dijiste, ya no tenía mucho sentido contarte que estaba a la vuelta de la esquina con mi maleta y mis sueños rotos, o si.
- Es que hemos estado lejos por tanto tiempo que parecía que lo mejor era desistir.
- ¿Era?
- Las relaciones a distancia son tan complicadas y difíciles.
- Pensé que la nuestra era diferente.
Hubo otro largo silencio y esta vez sin café.
- ¿Estás quedándote en un hotel?
- No, tengo que regresar esta noche
- Para que viniste entonces
- Tenía que hablar contigo, no quería dejar las cosas así.
- Así, ¿cómo?
- Tú en España, pensando que soy un idiota porque malogré tu visita sorpresa.
- No te preocupes, Federico me hizo pasar las mejores vacaciones de mi vida. Con el tour a Granada de mañana, podré publicar esto en facebook y tal vez contar a los nietos que no tendré sobre este viaje.
- Siempre positiva
- Siempre
- Realmente no sé que hacer con toda esta situación. Imagino que al regresar a Cusco voy a sumirme en la mayor depresión de la historia y contarle mi drama a medio universo. Odiarte por algún tiempo y luego continuar con mi vida. ¿No es como ocurren las cosas? Va doler, pero no eternamente.
- Lo siento
- No lo sientas, no es tu culpa que sea tan ilusa.
- Eso sí.
- Nunca pierdas el sentido del humor. A qué hora sale tu vuelo.
- A las 6.
- Ya son las 4:30, vas a perder tu vuelo, es mejor que no vayamos.
Pagó por los cuatro cafés y decidimos ir caminando hacia el aeropuerto. En una esquina al preguntar por direcciones una mujer nos dijo que el aeropuerto estaba hacia el otro lado, habíamos estado yendo en sentido contrario. Le dije que tomara un taxi, pero no aparecía ninguno. Me tomó de la mano y fuimos corriendo hacia el aeropuerto. Mi mente estaba en cierto trance incómodo mientras corría, pensaba que todo era tan anormal en ese momento, que debería detenerlo, luego ir a visitarlo, decirle algo, que no pensaba desistir, que no podría olvidarlo. Pero él solo corría. Pasamos por un calle empedrada muy parecida a las de Cusco, le di un vistazo rápido a la arquitectura y en el camino me atravesé con una cámara, me quedé mirándola fijamente hasta que ya no me dio el cuerpo en la carrera hacia el aeropuerto. Llegamos al aeropuerto y nos despedimos con un larguísimo abrazo sin saber que decir, sacó su pasaporte del bolsillo de su pantalón y fue corriendo hacia la puerta de embarque. Mientras yo estaba detenida viendo su figura disiparse rápidamente por culpa de mi miopía.
Finalmente un larguísimo suspiro salió de mi pecho. Salí del aeropuerto y tomé un taxi hacia el taller de Federico preparándome psicológicamente para ver al otro Federico.
Volví, aquí me tienen con la imagen detenida en el televisor. Con insomnio. Sin poder olvidar ni voltear la página de mi vida. Todavía no disfruto de la poesía de Federico García Lorca y posiblemente nunca lo haga. Todavía hay canciones que no puedo escuchar y todavía suspiro largamente en lugares y fechas que me lo recuerdan, incluso cada vez que me conecto al Messenger y sé que su nombre nunca va aparecer en la lista de “contactos conectados”.
Nota: Todo esto es producto de mi enfermiza imaginación y la ayuda de google.