Archive for the 'Divagaciones' Category

divagaciones (4)

Monday, March 23rd, 2009

Luego de varios minutos desenredándose los cabellos con un gastado peine, se hizo una larga trenza que le llegaba un palmo abajo de la cintura. Ató la trenza con una cinta satinada del mismo color del vestido que usaría ese día, el mismo que usa todos los días.

Quitó los cabellos que se habían pegado en las enaguas y se puso el vestido gris de siempre, pero esta vez tenía encajes azules en el borde del cuello y las mangas, los había cosido el día anterior. De pronto sintió la necesidad de verse diferente, aunque no quería llamar la atención. Al menos no la atención de todo mundo, pero si la atención de alguien con cierta manía por la observación.

El vestido le tapaba desde el cuello hasta los pies, éste dejaba ver solamente sus manos blancas con unos delgados dedos que siempre estaban manchados con tinta. El vestido la mantenía siempre erguida y sus pinzas delimitaban con disimulo las curvas en su delgado cuerpo.

Tomo su pequeño bolso lleno con dos frascos de tinta y se apresuró hacia la iglesia.

( y me distraje con alguna tontería y se me fué la inspiración)

Cavilar

Tuesday, March 3rd, 2009

La palabra nueva del día: cavilar.

Cavilar (Créditos para www.rae.es).
(Del lat. cavillāre).
1. tr. Pensar con intención o profundidad en algo. U. t. c. intr.

He estado pensando con intención y profundidad en la torpeza que cometí al comprar un libro por otro, dejándome llevar por el dibujo de la tapa.

He estado cavilando como es que fui capaz de comprar el libro que no quería, solo porque vi un militar en la portada, confundí tristemente “el coronel no tiene quien le escriba” con “el general en su laberinto“, lo cual aparte de demostrar mi distracción, muestra también que no tengo la más mínima idea de las diferencias de rangos en cualquier entidad militar internacional. A pesar de que el libro es del mismo autor: Gabriel García Marquez, siento que fue un grave error.

Sigo cavilando, me distraigo de la lectura, me pregunto si al general si le escribirán y si realmente el coronel no tenía nadie quien le escriba. Me quemo la boca con el café, lanzo el libro sobre la cama y me hecho a dormir nuevamente, a pesar de que son las 10 de la mañana, no tengo ganas de continuar por hoy. Nos vemos mañana.

No estoy loca

Wednesday, February 18th, 2009

Durante los últimos 15 años en las épocas de carnaval he estado perfeccionando un método para poder defenderme de tanto mocoso, de ocho a treinta, de ataques carnavalescos, un método a prueba de fallas y de tontos. Es una método tan simple que podría patentarlo, popularizarlo, venderlo, hacerme millonaria y terminar en la cárcel por sadismo y asesinato intencional y planificado. Un método que surgió luego de años privada durante un mes completo al año del único ejercicio que hago en la vida: caminar hasta el paradero.

El procedimiento a seguir es el siguiente:
A cualquier mocoso, de ocho a treinta, que intente, ojo “intente”, cualquier tipo de ataque terrorista con cualquier arma carnavalezca (globos, valdes, chisquetes, tinas, etc), suplicar dos segundos y luego amenazarlo de muerte, una muerte lenta y dolorosa. Luego de una risa burlona del atacante incrédulo, sacar un arma del bolso o mochila, y poner una cara de psicotica dispuesta a todo. Fiel conocedora de los mocosos, seguramente me acusarán de loca, demente, sádica, pero yo solo alegaré defensa propia. La regla es: si tu me mojas… yo te mato.

A cualquier mocoso, de ocho a treinta, que me moje con cualquier arma carnavalezca, lo buscaré con la mirada en un perímetro de 30 metros a la redonda y siendo este localizado, pues estos criminales, siempre esperan un tiempo prudencial para ver la reacción de la víctima. A estos mocosos hay que dispararle en las piernas o brazos, asegurándose de herirlo y no matarlo, para cuando sean viejitos cuenten a sus nietos que cierta mujer neurótica y amargada les disparó por intentarla mojar en carnavales y por culpa de ella esa hermosa fiesta tradicional peruana desapareció.

Cuando la policía me interrogue no alegaré locura, pues loca no estoy, simplemente cansada de que uno no pueda jugar un juego inocente de vez en cuando, total si a ellos les da la gana de andar hechándole agua a la gente, porque a mi no se me puede ocurrir andar disparándole a la gente, total ambos juegos producen traumas, stress y hasta algunas veces : la muerte.

Algunas madres me dirán que soy una desnaturalizada por dispararle a sus mocosos malcriados, pero ya tengo mi defensa, les diré que después de suplicar que no me mojen, les notifiqué dispararles y a pesar de eso nadie me hizo caso. Aunque pensándolo bien, algún tiempo en la cárcel no me hará daño y allí nadie podrá mojarme.

divagaciones (2)

Saturday, November 1st, 2008

Mi papá es escritor, así como yo, pero hay algo que nos diferencia grandemente: su disciplina. Él empezo a escribir a los 32, un libro cada dos años, aunque simplemente los escrbió y pagó a la editorial para encuadernar un par de copias para su librería personal, nunca se animó a publicarlos. Su disciplina es enfermiza, tiene un horario de escritura bastante quisquilloso de 5 páginas por día y talvez mentiría si afirmo que 1100 palabras por inspiración, pero va por ahi, pues las páginas de cada uno de los libros que ha escrito son diferentes en ancho y largo, pero jamás en tipo letra. Formatea el tamaño de páginas antes de escribir, de modo que siempre tenga aproximadamente 220 palabras por página, termina con las 5 páginas diarias, las edita, las relee, arregla algunas palabras redundantes o muy usadas, guarda el documento y su libro lo espera hasta el día siguiente. Nunca leí sus libros, pues no me gustan sus títulos, todos tienen nombres de mujeres que llevan nombre de sentimientos: Consuelo, Remedios, Angustia, Soledad, Esperanza; o talvez, solo sean adjetivos al azar con la primera letra en mayúsculas, nunca lo sabré.

Traigo varios meses pensando en las palabras exactas con las cuales debería comenzar a escribir mi primera novela, pero no consigo disciplina, me distraigo en cuestiones muy terrenales y sufro al no culminar mis fantasías. Empiezo a divagar con el computador al frente y siempre termino respondiendo mails o simplemente jugando solitario. Finalmente ya sé como empezaré mi primera novela:

“Mi padre es escritor al igual que yo, solo que yo no tengo disciplina. Decidí robarle su disciplina robándole su máquina de escribir y un ciento de hojas. La tecnología me traicionó así que decidí abandonar el computador. Me llevé la máquina de escribir al techo, para no ser interrumpida por nadie, pero cuando estaba acomodando el papel en el rodillo de la máquina y empecé a escribir :”Mi padré fue escritor al igual…”… escuché a mis sobrinos subiendo a la azotea.
Se pusieron a rascar las nubes y de ellas caía popcorn, de inmediato supe que todo esto era un sueño.”

Terminó el sueño y decidí buscar de inmediato un papel y escribir esta fascinante historia, pero di vuelta y los niños seguían desgranando las nubes, así que me les uní con la esperanza de saborerar del popcorn y recordar al despertarme esta historia. Desperté de pronto y tenia la máquina de escribir bajo los dedos, y comencé nuevamente : “Mi padre, al igual que yo, fue escritor… debo robar su disciplina”, enconotré el final del rodillo, pero esta máquina no tenía ningún dispositivo para ir a la siguiente línea, me desesperé pero no encontré ninguna solución.

Decidí releer mi única línea, ahora no sé si deba escribir que mi papá es escritor al igual que yo, o de una vez matarlo y poner que fue escritor al igual que yo, la idea me asalta, me trastorna, y como finalmente no sé si dejar vivo o muerto a mi papá que nunca fue escritor, decido ya no escribir.

Despierto sobresaltada al notar mi mediocridad por no saber en que tiempo poner una oración inventanda, ahora si en serio, voy por una taza de café y pan dulce… sonrio al notar que no olvidé mi sueño y me pongo a escribir.

Respondiendo a Juan Cruz

Sunday, October 26th, 2008

Faltan dos días para que me vaya y recién me pongo a pensar en esto. Son algunas preguntas que me hizo mi querido profesor Juan Cruz en un mail y que me atrevo a contestar públicamente.

¿Cómo te va en tu tierra?, ¿la extrañabas?, ¿te sientes mejor?

Cómo me va. Bastante mal, bastante bien, como siempre de todo un poco. Este viaje me sirvió para desenterrar fantasmas y enfrentar el monstruo que llevo dentro. Vi mis caras mas oscuras, me descubrí egoísta y vana. Sin duda fue un golpe muy duro el que nadie me fuera a recoger al aeropuerto luego de seis meses contando los días para regresar, volver a ver a mi familia, amigos y gente que quiero; sin embargo, el golpe más duro fue llegar a casa y luego huir de ella. Imaginé entre mis fantasías diarias que mi casa estaría preciosamente arreglada, sobre los pisos sin parquet o cerámicos, pero con unos toques de geometría necesarios para encuadrar los sillones y la mesa del comedor, imaginé cada libro de la librería privada de mi papá en su lugar, siguiendo el protocolo oficial de mudanzas, los libros de las colecciones arriba, y las biblias abajo porque nadie las lee nunca, pero encontré los libreros de cabeza y completamente vacíos; imaginé también todos los cuadros en las paredes, y hasta los platos en el estante, pero en la mudanza se rompieron varios cuadros y la casa en media construcción no permite poner nada en su lugar definitivo. Decidí huir y respirar algo del aire místico y maravilloso de un Cusco que recordaba exageradamente hermoso, pero la alcaldesa saboteó mis fantasías y decidió destapar todas las calles y darle en el hígado a mi vanidad.

Definitivamente extrañaba todo, la gente y los lugares, extrañaba mucho a mis amigos porque estuve mucho tiempo alejada de ellos, pero mi lado egoísta pensó que ellos estaban para mi y no yo para ellos como normalmente profeso, me puse demasiado exigente y les puse todas las caras feas que conozco, incluso llegué a odiar a algunos de ellos porque simplemente no podía compartir mi estupidez y contarles que estaba equivocada pensando cosas que no debía y tratando de exigirles comprenderme sin haberles explicado el problema. Lloré dos días completos y desaté nuevamente mi migraña, pero como me medico contra la migraña y pienso mejor luego de haber llorado, me di una bofetada a la moral y las buenas costumbres y decidí disfrutar a lo máximo de todo. Empecé a recordar todas las ceremonias e intentar revivirlas, no fue necesario disculparme con mis amigos o mi familia, porque sé que no hace falta pues en cualquier momento podrán tener una lectura completa de mi agradecimiento por soportarme, así super neurótica, y porque sé que la mayoría se contenta con una simple sonrisa.

Me siento mucho mejor, claro que si. Cuando subí al avión que me llevaba a Washington me fui con la esperanza de volver lo más pronto posible y culminar todos mis sueños aquí en Cusquito la tierra que no me vio nacer y que si me vio crecer. Sabía que mi perspectiva de las cosas iba a cambiar pero no podía adivinar el proceso y o el desenlace de los eventos. Mi regreso desvaneció varios espejismos que tejí en mi cabeza y que ahora puedo utilizar como material para seguir escribiendo, y mi final feliz y todos comiendo perdiz con escenario en Cusco todavía está presente aunque decidí dejarlo para después. Me siento mejor porque me liberé de la apatía y luego de acomodar y limpiar los libreros de mi papá los volví a rellenar con toda la colección de libros comprados, prestados y robados que tenía y algunos que yo aumenté o robé.

Fue una transición complicada el volver a recordar que ser feliz es muy sencillo, y lo más curioso es que lo recordé al ver hoy en el mercado a una mujer embarazada abrazando un zapallito italiano con la sonrisa más grande que pueda recordar. Ahora me duele el rostro porque estuve demasiado tiempo expuesta al sol, se me están pelando los brazos y tengo rajadas las manos porque hace mucho tiempo que no lavaba mi ropa a mano o estaba expuesta al abrazador sol de Cusco. Pero dejé de renegar por la cantidad inmensa de barro que hay en mi nuevo vecindario cuando vi tan claras las estrellas, dejé de renegar por la lejanía de la civilización cuando me di cuenta de que desde mi ventana puedo ver absolutamente todo el Cusco.

Solo espero que para la próxima vez que regrese mis fantasías tengan un poco los pies sobre la tierra, pero ya conozco mejor al monstruo que llevo dentro, así que para la próxima las cosas irán mucho mejor.

Un abrazo,

Fátima

En la parada de bus…

Sunday, October 5th, 2008

Hace frío y el bus llegará tarde otra vez. Sé que el bus va llegar tarde otra vez, porque todos los días llega a la misma hora, y todos los días llega tarde. En realidad siempre llega a tiempo, pero los 29 minutos de espera hasta su llegada me hacen creer que llegará tarde otra vez. Sé cual es el motivo: esos 29 minutos de espera juegan demasiado con mi mente, y en ciertas ocasiones no me gusta pensar, me quiero dejar apagado mi cerebro. El libro, las revistas y los planes coherentes no son suficientes para distraer mi mente en algo “productivo”.

Es bastante dificil escribir sin una mesa, últimamente he estado tomando apuntes en el primer pedazo de papel que encuentro. Algunas veces me gana la pereza y no puedo recopiar o simplemente apilar los pedazos de papel, los cuales terminan inevitablemente en la basura. La parada del bus se ha convertido en un lugar inevitable de inspiración, no se si es el lugar sin gente del todo, los árboles al fondo, las hojas amarillas, la lentitud con que las cosas se mueven. Lo malo es que generalmente en la parada del bus no tenía papel a la mano, o lapicero; la voluntad me vence otra vez y termino con una ansiedad loca de escribir todo lo que pasa por mi mente. Incluso en mi locura llegué a querer un puerto USB para enviar directamente mis pensamientos a la impresora.

Han pasado ya 5 días, encontré un buen libro para distraerme, cada día leo 50 páginas entre los dos buses que tomo y la espere para que ellos lleguen a la parada, pero creo que fue una mala elección de libro, pues cada que termino de leer un párrafo empiezo a divagar y a hacer planes imposibles. Trato de encontrar alguna coherencia entre las memorias del escritor con las memorias que no tengo, pero que quisiera tener. Trato de planificar siempre sin llegar a ningún lugar el como puedo plasmar a papel mis memorias infantiles, mis memorias de la escuela, como describir cláramente a cada uno de mis amigos, como hacer que cada personaje en mi novela personal (mi vida) influya de alguna manera anecdótica en mi vida. Hasta que en algún momento llego a mi presente, y empiezo a pensar si debería escribir este momento sentada en la parada del bus con un libro de Mario Vargas Llosa (El pez en el agua) sobre el regazo. De como este libro me atormentó en los últimos días, metiendo y sacando ideas de mi cabeza. Cada dos minutos recuerdo la incoherencia de mi sueño con Mario Vargas Llosa, trato de encontrarle un sentido positivo, y río cuando recuerdo que las monedas que me regaló en sueños simplemente las brujas lo interpretaron como una exclamación del frío de mi cuerpo.

Ahora sentada en una banca del aeropuerto, reviso mi archivo de escritos incompletos, encontré este, estoy tratando de darle coherencia y recordar todos los detalles que había planificado escribir en la parada del bus, pero no es fácil. Todavía me distraigo contando las líneas cada vez que termino un párrafo, vuelvo a recordar que me faltan escribir 23 mil palabras, que son 2300 líneas, que son 115 páginas para terminar de escribir mi novela… río cuando recuerdo mis reconsideraciones de dejarla como cuento largo, pero no debo dejarme vencer por la pereza. Queda la promesa de algún dia volver a meter mano a la novela y agregar las 23 mil palabras que me faltan.

Esa parada de autobus, en algun lugar de la ciudad de Kirkland en Washington (no DC), fue muy significativa para mi, fue un lugar donde tomé demasiadas decisiones importantes para mi vida, no para la que vivo, pero si para la que quisiera vivir, fueron momentos llenos de satisfacción personal, momentos confusos y contradictorios, momentos en los cuales no pensé que estaba perdiendo el tiempo o estaba haciendo algo en contra de mi destino. Esa parada de autobus me enseñó a llevar siempre un cuaderno con suficientes hojas y un lápiz, no para escribir todo lo que pensaba, simplemente para no dejar escapar mis ideas si es que en algún momento llegan. Es en ese lugar donde me convencí de seguir mis sueños a cualquier costo, en el cual incluso decidí cambiar el rumbo a mi blog… menos escritos propios y más divagaciones en adelante. Más divagaciones de esas que me asaltan en esos momentos incontables de vagancia, en esos momentos que debería ponerme a escribir en lugar de matar mi cerebro con la televisión o el internet.

Son promesas de político que intentaré cumplir…