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Empiezo a dudar de la efectividad de mis títulos

Saturday, May 8th, 2010

Era uno de esos días, uno de tantos en los cuales tenía que desayunar de camino al tren, esperando el tren o dentro del tren, un vaso de café con sabor terroso y una rosquilla de anís. Llevaba un saco y una corbata anudada en un perchero, pues caminar hasta la estación del tren en saco y corbata era casi tan horroroso como trabajar todo el día en saco y corbata. Llevaba, también, un maletín muy gordo repleto de documentos y libros de la oficina, porque siempre llevaba material a casa para adelantar trabajo y aprender cosas nuevas, pero en su casa era absorbido por la desidia y siempre terminaba viendo televisión o jugando en la computadora. Era uno de esos días en los cuales uno se siente miserable y ya no conoce la razón, cuando las frustraciones se han acumulado al grado de llegar a la indiferencia. Este día no se fijó en el semáforo, no recogió la rosquilla de anís, dejó el cambio de 10 dólares como propina, olvidó pedir un poco de hielo en el café y al tomarlo se quemó la boca, sintió como el calor y el dolor pasaba por su lengua, su paladar, lastimaba su tráquea y se distribuía dolorosamente por su interior. No podía gritar, insultar o injuriar, había mucha gente esperando al tren y le habían enseñado que no era adecuado maldecir en público, tampoco en privado, simplemente no podía maldecir.

Subió al tren y lo vio repleto de tantos rostros conocidos de gente completamente desconocida. Vió a esa señora que sonreía a todos los que la miraban, como si les conociera de siempre, había cambiado el color de su cabello, pero tenía el mismo peinado de siempre; vio al enfermero calvo, siempre con su uniforme celeste, siempre calvo; vio a las dos secretarias chismosas que ponían cara de picardía o sorpresa mientras susurraban cosas; vio a varios estudiantes en uniforme que parecían continuar dormidos; y a todas las demás personas de siempre, era como una fotografía vieja, un cuadro que nunca cambiaba, todos se sentaban en los mismos lugares, todos se sentaban con las mismas personas; incluso los que iban parados, como él, iban apoyados en las mismas zonas de todas las veces. Mientras repasaba a la gente con los ojos, el tren empezó a moverse, llevó los ojos al mapa que estaba junto a la ventana, e iba verificando las paradas en cada estación.

La octaba vez que se paró el tren, vio por la ventana el nombre de la estación donde debía bajarse, su trabajo estaba justo cruzando la calle. Podía ver el tren desde su cubículo, cuando lo veía, se preguntaba hasta dónde llegaba el tren, si era solo uno que iba y venía o eran varios iguales, porque lo veía pasar varias veces al día. Estaba sujeto con el brazo de una de las tantas tiras de tela que colgaban de una barra pegada al techo, se abrió la puerta, salió una multitud de gente, todos apurados, colocando con urgencia celulares y libros dentro del bulto o la cartera, se escuchó la alarma de que la puerta se estaba cerrando y el tren partió hacia la siguiente estación. Cuando el tren partió, él seguía sujeto de la tira de tela, él seguía dentro del tren. Pensó que todavía era temprano y la necesidad de saber si habían varios trenes o era un solo aumentó, decidió ir hasta la última estación o continuar viajando unos 30 minutos más, si hasta ese entonces no llegaban al final bajaría y tomaría el tren de vuelta e iría al trabajo, si la ruta era muy larga seguramente habrían varios trenes.

Pasaron 10 minutos y vio un tren en la dirección opuesta, entonces, al menos eran dos trenes, pasaron 30 minutos más y vio otro tren en dirección opuesta, eran tres, habían pasado 40 minutos, pero él podría llegar tarde al trabajo y dar alguna excusa, él nunca llegaba tarde a su trabajo, posiblemente nadie lo reprendería. Pasaron 20 minutos más, llegó a una zona de la ciudad que él no sabía que existía, llena de edificios grises, descoloridos, sin gente o publicidad pegada a las paredes, totalmente desierta, una zona fantasmal, vio que era el único en el vagón, mientras el tren se detuvo por completo. Una especie de policía, bastante gris también, estaba tras la puerta del tren cuando esta se abrió, era muy pálido y la sombra de la estación con su traje azul le daban una sensación gris a su rostro, le dijo que era la última parada, y que tenía que bajar del tren. Se bajó y fue a la máquina de boletos a comprar otro para regresar, subió nuevamente al tren, nuevamente se topó con el policía gris, y le mostró su boleto de regreso.

El tren estuvo detenido por unos 10 minutos, reinició la marcha, dio un giro en U algo más adelante de la estación, una estructura ingeniosa la de los rieles o carriles que en gran parte de la ciudad estaban a 10 metros sobre el nivel del suelo. En cada estación el vagón fue llenándose, ahora habían nuevas caras, caras que empezaban el día a las 10, algunos con uniformes, pero ya no veía sacos y corbatas, vio dos trenes durante el transcurso hasta la estación cerca de su trabajo, él sabía que al menos eran tres trenes, pero se le había metido en la cabeza averiguar cuántos eran. Esta vez tampoco bajó, pensó que si alguien lo necesitaba con urgencia todavía podían llamarlo al celular, lo sacó del bolsillo para asegurarse que estuviese prendido y tuviera suficiente batería para un par de horas de ausencia, las que pensaba se demoraría averiguando el número exacto de trenes.

Observó el resto de la ciudad, calculó que los trenes pasaban cada hora, porque él los veía cada media hora, pero viajaba en dirección contraria, se puso a hacer algunos cálculos de física elemental para determinar distancias y tiempos, se dio cuenta que los trenes pasaban cada 30 minutos luego de hacer algunos dibujos y hacer una pequeña simulación en el papel; pero todavía no sabía cuántos trenes habían, pensó que mientras hacia los dibujos había perdido de vista a algún tren, ahora sabía que ya eran 5, pero todos eran iguales, pensó en ir hasta la última estación y poder ver en el transcurso el resto de trenes, pero el tren que no contó, ese que tal vez no pasó, mientras hacía sus cálculos le dejó con la duda. Empezaba a dudar de si mismo, vio sus notas y cálculos en la hoja posterior de un formulario de la oficina y sintió culpa, se bajó del tren en la siguiente estación, bajó por las escaleras compró un boleto y subió hacia el lado contrario para regresar al trabajo y ser productivo y justificar su salario. Otra vez la sensación de vacío lo invadió, llegó a su oficina y encontró a su jefe en la puerta, intentó disculparse por la tardanza, pero su jefe le dijo que estaba muy ocupado y que luego lo atendería, llegó a su cubículo y su compañero de lado le preguntó si había ido por un café a la máquina por qué no le había traido uno como siempre, nadie había notado su ausencia, y ya eran las 11:30.

Mientras iniciaba su computador miró por la ventana y vio pasar otro tren, tenía una dirección web escrita en letras gigantes al costado, la buscó en internet y vio los horarios y paradas de tren. Nunca le había interesado esa información, a él le bastaba saber que llegando a las 7:20 a la estación cerca de su casa, no perdería el tren y llegaría con tiempo a la oficina, con tiempo para ponerse el saco y acomodarse la corbata, nunca se tomó la molestia de pensar que el tren podría dañarse y nunca se dañó, así que nunca supo cuánto demoraba en llegar el siguiente o si en caso de ocurrir vendría uno después. Mientras revisaba las rutas, se dio cuenta que la última parada estaba bastante lejos de donde estaba él, luego apareció la cabeza del jefe de área por la puerta y les dijo que tenía una reunión y que cualquier consulta la resolvería el día siguiente.

Él cogió el celular y la cartera, luego metió el maletín gigantesco en el cajón de abajo de su escritorio, se quitó la corbata y la puso en la esquina superior del monitor y el saco lo puso detrás de la silla y salió. Nadie le preguntó a dónde iba. Compró 2 boletos para el tren y espero en la estación con la intención de llegar a la última parada, no la que ya conocía, sino la del otro extremo, pensó que la única manera de saber cuántos trenes había no era en movimiento, porque siempre se podía distraer y contarlos desde la ventana de su oficina era poco romántico. Mientras viajaba fue viendo como la ciudad decrecía en tamaño y altura, los edificios de oficinas se iban convirtiendo en edificios de apartamentos, luego en casas, las casas iban alejándose unas a otras, y los jardines y patios iban creciendo. Finalmente llegó a la última estación, encima de la inscripción con el nombre de la estación había un grafiti que decía “fin del mundo”, a los alrededores ya no habían casas, había como un bosque de árboles, el mar debería estar más allá del bosque, porque no se veían montañas; pensó que debería buscar ese lugar en un mapa para saber.

Sacó un sticker de la billetera y lo pegó al tren, afuera junto a la puerta, con eso descartó la posibilidad de confundirse, de contar el mismo tren varias veces, ese era el primero y sería el que marcaba el final del ciclo. El tren del sticker era el primero, el tren número 1, mientras esperaba el siguiente tren estuvo viendo al horizonte, y cuando trataba de imaginar lo que había detrás de los árboles, pasó el tren número 2, miró hacia atrás y vio más árboles, pero de ese lado habían montañas, vio algunas casas alejadas o manchas y colores que parecían casas, las fue contando y pasó el tren número 3. Apareció otro vigilante, como el policía gris, este tenía más color, cuando el vigilante le preguntó qué hacía le contó que estaba allí contando los trenes, el vigilante pensó en decirle cuántos trenes eran, pero algo dentro de él lo freno, conversaron un momento, le deseó suerte y se fue, pasó el tren número 4. Caminó hasta el borde de la estación, ésta también estaba a varios metros de altura del suelo, vio un estacionamiento, seguramente la gente iba en carro y luego tomaba el tren, aunque habían pocos carros, estuvo viendo colores y modelos, tratando de imaginar a la gente que vivía por allí inventándoles historias y motivos, pasó el tren número 5. Este tren no estaba vacío como los otros, pero solo bajaron 2 personas, dos mujeres con vestidos coloridos, muy sonrientes, las siguió con la mirada, hasta el estacionamiento, se subieron a un diminuto carro azul y se perdieron entre los árboles. Llegó el tren número 6, buscó a lado de la segunda puerta si tenía el sticker pegado, como hacía con los demás, de pronto imaginó que alguien pudo haber despegado el sticker y le dio ansiedad, sintió cierta paranoia, el tren se fue. El estómago empezaba a hacerle ruidos, recordó que no había almorzado, sabía que cerca de allí no encontraría comida, pero ya había estado allí por varias horas y no quería irse sin cumplir su cometido, se paraba y sentaba, para quitarse el dolor en la cintura, para estirar las piernas, escuchó el tren número 7, ya venía. Corrió hasta el inicio de la estación, el tren pasó lento, pero no logró distinguir si traía o no el sticker, corrió hasta la segunda puerta y no lo encontró, eran 7 hasta ahora, pensó que al menos debió traer un libro para leer, esperar era una tarea muy aburrida y agotadora. Se echó de espaldas sobre el asiento y miró al techo de la estación, parecía un domo, él hubiera preferido algo plano, como las antiguas estaciones de trenes, pero todas las estaciones y el tren eran muy modernos. Llegó otro tren, tampoco tenía el sticker, entonces era el tren número 8, la idea de que alguien le hubiese quitado el sticker al tren que marcó como el primero empezaba a hacerse más fuerte, el hambre hacía que se ponga más pesimista, pero debía esperar un poco más, sólo un poco más. Cerró los ojos para descansar un momento, y se quedó dormido; despertó asustado, miró el reloj, eran las 6:25, faltaban 5 minutos para que llegue el próximo tren, miraba el reloj con demasiada ansiedad, sentía que los minutos e incluso los segundos eran demasiado largos, hasta que llego otro tren. Ese era, tenía el sticker, estaba intacto. Entonces, eran 9 trenes, ¡No!, eran 8, recordó que ese ya lo había contado.

Sabía que era hora de regresar a casa, debía tomar el tren una última vez ese día. Bajó las escaleras, marcó el boleto para que le permitieran entrar al otro lado de la estación, subió las escaleras y se sentó para esperar a que el tren de vuelta.

Demasiado temprano

Tuesday, March 23rd, 2010

Mi rutina normal, aunque bastante anormal, es despertar a las 9:40 aproximadamente, revolcarme un rato en la cama, convencerme de que tengo que levantarme, prender la terma eléctrica, esperar 20 minutos hasta que caliente el agua, tomar una ducha larguísimas, cepillarme los dientes, vestirme, secarme el cabello, peinármelo unas diez veces y siempre terminar con una cola de caballo o con un moño y muchos pelos parados al medio por la estática después de peinarme tantas veces. Me hago una taza de café el cual siempre termino enfriándo con tres cubitos gigantezcos de hielo, pienso que luego me molestaré el stómago y hago una tostada que termino comiendo con algo de mantequilla o mermelada, aunque prefiero la mantequilla, generalmente como mermelada, porque sé que la mantequilla terminará en mi frente. Mientras tomo mi café frío tiendo mi cama, barro todo el cabello que se me cayó del piso de mi cuarto, pongo en su lugar algunsa cosas que no disimulan bien el desorden, meto algo abrigador en la mochila y salgo, aproximadamente a las 12, salgo a trabajar, o salía a trabajar. Llego a mi trabajo y realmente no sé que hago hasta las 2, a esa hora voy a comer, preparo algo que me guste, que no tenga mucha grasa, que tenga algunos vegetales, pero no lo hago por mi salud, no lo hago para no engordar, lo hago porque sé que manteniendo una dieta balanceada no tendré que hacer ejercicio para bajar los kilos de más, veo tres horas de televisión, y a las 5 tengo que decidir si ir a l auniversidad a hacer algo o quedarme en casa haciendo nada, con el sol, la hora, y mi pereza natural, la mitad de las veces voy, la otra mitad no voy a la universidad. de algún modo, a las 9 de la noche me da hambre, como algo, y me pongo a jugar algun juego estúpido que me atonta y me mantiene si npensar hasta media noche, hago mi resumen del día: otro día sin haber justificado el aire que respiro, parasitando al planeta. Termina mi día, me cepillo los dientes y me duermo.

Pero ayer, no fue un día normal de mis días anormales, me desperté a las 7, eso es madrugada para mi, hice hora, pero de algún modo al terminar de limpiar, el café e incluso una manzana, llegué a la universidad a las 9, no estaba laxada por el calor como suele pasar, pero la universidad estaba cerrada, las incoherencias son tan aturdidoras y estúpidamente extrañas. Regresé a casa y estuve leyendo como 20 páginas de un libro en todo el día, aunque hice algo, puede que mi día no haya sido del todo productivo. Tenía planes para ese día, pero la puerta cerrada los anuló, aunque la mayoría de esas tareas no estaban planificadas dentro de la universidad, simplemente regresé a mi casa, me cambié de ropa, y estuve vegetando por muchas horas, al menos eso me sirvió para comprender mejor al mundo. Fue una bofetada en la moral.

Hoy, que puedo decir, son las 9:50, estoy en la universidad, ya he leido todos los comics, el periódico, la hora de procrastinación terminó y estoy completamente desganada, sin ganas de hacer nada, es como que demasiado temprano para estar así, no tengo ganas ni de leer las noticias, solo leí dos titulares, los de siempre, tengo muchas páginas web abiertas, pero solo las abrí, debería revisarlas, debería hacer algo. Quizás sea demasiado temprano para estar despierta, para estar aquí, hoy no tengo que trabajar, tal vez la idea de que tengo que trabajar haga que me levante tan tarde, será insomnio o será culpa lo que hace que me despierte tan temprano, hoy me levante más temprano que ayer, incluso hice una rutina de 10 minutos de ejercicios de estiramiento, hace tiempo no oía tronar mis vertebras y articulaciones, pero sigue siendo demasiado temprano.

Simplemente no tengo ganas de hacer absolutamente nada, nisiquiera de dormir, es completamente absurdo, tanta desmotivación a esta hora es absurda. Sigue siendo demasiado temprano, el día es largo y hay que aprovecharlo, pronto me caerá un rayo, lo sé.

divagaciones

Monday, January 11th, 2010

Cierra los ojos, cierralos bien, no dejes que la luz se filtre por las pestañas, no dejes que el brillo que atravieza tus párpados te distraiga.

Respira despacio, con mucho cuidado, no dejes que el aire te invada los pulmones, que asfixie tu sentido. Respira depacio, huele, analiza cada olor, cada escencia, cada milímetro cuadrado de aire. Discrimina los olores, fíltralos, filtra los ambientadores, los olores de velas, las colonias y perfumes exagerados.

Llega a tus fosas nasales un suave sabor a chocolate, vainilla, café, licor dulce de café, suave, los sabores te marean, te atontan, te transportan. Tus ojos siguen cerrados, el olor mezclado de café y vainilla se aproxima peligrosamente al cerebro, sientes mariposas en el estómago, tu tercer ojo siente la cercanía de otro cuerpo, sientes que todo tu cuerpo se tensa, te pones nerviosa, el café, la vainilla, el licor de café se acercan cada vez más. Finalmente, sientes unos labios fríos sobre los tuyos, te besan delicadamente y desaparecen.

Suspiras de tristeza y felicidad. No estás en el “café con piernas”, no tiene un frapuccino en una copa de chocolate al frente, sabes que esos labios con hipotermia no están al frente, sabes que no te han besado, no están cerca, nada cerca. Terminas maldiciendo al café con vainilla francesa que esta atormentando tus sentidos, que te obligó a revivir aquel momento antes de la canción de Bersuit Vergarabat.

Pero, no puedes pasar la oportunidad de escribirlo.

Untitled

Thursday, October 15th, 2009

Hay un rechinar que me atormenta, un suave rechinar, un vaiven en el aire. Esta presente cuando hay luz en el cielo, apenas el sol se va, el vaivén se va con él.

No puedo precisar si el sonido empieza cuando sale el sol, por que nunca he estado despierta antes de las 10, pero creo que lo he escuchado en mis sueños.

Es un péndulo en mis oidos, lo oigo aunque tenga los audífonos puestos, el sonido es tan especial que se cuela entre los demás, es en vano tratar de subir el volumen del televisor o de la música, porque esta allí… suena como un columpio algo oxidado que va lentamente hacia adelante y hacia atrás, un vaiven que arrastra un cuerpo cansado, que se sienta esperando algo.

Un día estaba demasiado perturbada por ese sonido, decidí huir con mi mochila de viaje, con suficiente ropa para dos semanas, y algunos artículos para limpieza personal, crucé el gigantezco bosque que está al salir de mi casa. Noté que el ruido estaba más cerca, al parecer debí huir en sentido contrario, ese tipo de equivocaciones no se pueden cometer dos veces en la vida.

Un anciano, de unos 75 años estaba sentado en el columpio, abrazado de uno de los soportes, con el rostro apoyado en la mano, se mecía tan lentamente. La imagen me perturbó más, vi sus ojos vacíos, no pude leerlos, su expresión cansada, la falta de sentimientos en el rostro, la barba crecida, seguía meciéndose en el maldito columpio.

Regresé a mi casa, desempaqué todo, regresé las cosas a su sitio y regresé a acompañarlo al columpio de lado, nisiquiera volteó al escuchar el segundo vaivén. Sigo allí, tratando de meterme en su mente y averiguar el por qué de el eterno vaivén.

posturas incómodas

Thursday, September 24th, 2009

Estoy aburrida de pasar incontables horas frente al televisor, pero como el sillón me aburrió, y la mecedora también, decidí optar por diferentes posiciones en el piso, hechada, sentada, medio arrodillada, en flor de loto, sentada abrazando las rodillas, en posición fetal, en posición fetal cubriendo mi cabeza con los brazos, de costado apoyada en un brazo, apoyada en el otro, hechada con las manos sosteniendo la nuca para poder ver televisión, ensuciándome la ropa y sacándole brillo a la mayólica de la salita de televisión del departamento de 3 dormitorios y 2 baños donde vivo, compartiéndolo con otras dos damas que trato de evitar lo más posible.

Ver 14 horas diarias de televisión puede resultar muy incómodo.

Más divagaciones

Thursday, September 24th, 2009

No cuesta mucho tratar de satisfacer mis fantasías. Estaba todo listo, la noche, el cielo azul salpicado de estrellas, la luna atrevidamente llena y yo: alucinando. Alucinaba que llegabas de algún lado, y aparecías en ese espacio que puedo ver entre la multitud de árboles del parque, es espacio mal alumbrado por la luz de luna, apoyado en ese extraño farol que sobrevivió del siglo pasado. ¿Te vi antes así? Quizás, son muchas las noches y muchas las lunas llenas que miré ese espacio vacío intentando llenarlo con algo, a veces imagino el farol prendido, con los insectos atraidos inconcientemente hacia su luz y me siento como uno de esos insectos al imaginar tu figura alumbrada por el farol, atraída por una alucinación.

Divagacion geek

Saturday, August 29th, 2009

Cuando Glorimar decidió utilizar los servidores del pentágono para descifrar la contraseña del presidente y poder conocer la receta secreta de las galletas del “Tio sam” y fue detenida sus padres intentaron saber cuando fue que esa niña habia empezado con la obsesión de maniobrar con super computadoras.

Joaquín lo recordó, a los 18 meses, un sábado trágico habia llevado a la niña, que no tenía niñera disponible, a instalar algunos programas en la supercomputadora de la PUPR. Supo entonces que todo era su culpa. Y la camisa que usaba durante el invierno también tenia respuesta en ese desdichado evento, habian estado dos horas con el aire acondicionado tratando de instalar Windows 7.

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Cuando ves al encargado del mantenimiento de un super computador entrar en el refrigerador con una nena tan chiquita, muchas ideas vienen a tu cabeza, ¿o no?

La chirimoya disfrazada de felicidad

Sunday, August 2nd, 2009

Si luce como una chirimoya de lejos, de cerca parece chirimoya, huele a chirimoya y sabe a chirimoya, entonces es un “corazón de Puerto Rico”…

Imagino que el 20% (1 de los 5) de mis lectores saben que tengo una obsesión casi enfermiza con las chirimoyas, tanto que alguna vez pagué 14 soles por un kilo de chirimoyas, tanto que ofrecí mi mano en matrimonio por chirimoyas, tanto que mi fecha favorita del año es Corpus Christi porque abundan las chirimoyas, y aceptaba ir a las festividades solo para conseguir chirimoyas, tanto que bueno, todos saben las cosas que he hecho y dejado de hacer por una o más chirimoyas…

Hace tres meses vi un programa de televisión de un gordito que come todo tipo de porquerías en todos los paises a los que viaja y que alguna cadena televisiva paga por hacerlo, definitivamente trabajos así no sobran,que te paguen por comer y por viajar es como un sueño hecho realidad, ¿cuál será la contribución del gordito? en todo eso, porque eso no es un trabajo, ¿o si?. Obviamente nunca veo su programa, pero no es difícil adivinar a qué se dedica o de qué trata el programa solo pasando por ese canal mientras busco algún programa decente.

Pero volviendo a las chirimoyas, un día lo vi con una chirimoya en la mano, imaginé que ahora si valía la pena verlo, lo partió completamente mal, es decir con un cuchillo, y lo probó más inapropiadamente, osea con una cuchara, y finalmente dijo que entre toda la basura universal que ha comido, jamás había probado algo parecido, que no le gustaba, que sabía mal, que no era de su agrado, que era repugnante, y que conste que lo he visto comer piel de pollo a la parrilla, eso si es repugnante. Luego de un momento de máxima indignación y una conmoción cerebral, mía claro, el gordito antes mecionado preguntó a la guía de turno qué otras frutas había en Puerto Rico, eso fue suficiente información, tenía que encontrar chirimoyas en Puerto Rico, ¿cómo?, pues como encuentro todo, por pura casualidad, de algún modo tenia que encontrar chirimoyas al alcance de una casualidad o en el market más cercano, pero las cosas no son tan sencillas, porque al marquet más cercano he ido muchas veces y nunca he visto una chirimoya o cosa parecida.

Han pasado casi dos meses desde que mi propósito ha sido encontrar una chirimoya a toda costa, a costa de la casualidad digo, y casualmente hoy la encontré, y casualmente en un super mercado, iba cogiendo toda la fruta en oferta, y las vi, con un letrero encima “Corazones de Puerto Rico, 3.49 lb”, al elegir dos chirimoyas anatómicamente perfectas y visualmente comestibles me di cuenta que en realidad si tienen forma de corazón, lo cual explicaba ampliamente le nombre que tienen aquí.

Chirimoya1

Fui a pagar la compra y fueron los 5 minutos más interesantes de la historia, porque la cajera no encontraba el código de la fruta, preguntó a las otras cajeras, luego me preguntó el nombre, le dije que se llamaban corazones, pero no me creyó, le dije que se llamaban chirimoyas, pero tampoco me creyó, llamó a la encargada del área, al asociado del área de frutas, al gerente general, exagero…, hasta que algún genio fue al área de frutas y confirmó que se llamaban corazones y anotó el precio…

Caminé desde el super hasta mi casa saboreando mentalmente las chirimoyas, con cierto temor de que no tengan sabor de chirimoya, el miedo se apoderó de mi, las tenia en la bolsa, recordaba como lucían por fuera, pero, y si no eran como yo las conozco, aceleré el paso, no me atreví a partirlas en la calle, tal vez una nueva conmoción me mataba de un infarto y en plena calle, no podía arriesgarme. Llegué a casa, partí la chirimoya y sí, se veía como una chirimoya partida, luego la probé y sí sabía como chirimoya, fue un momento precioso, tan dulce, tan con sabor a chirimoya, que disfruté cada mordisco hasta encontra cada pepa para saborear al máximo aquella chirimoya. Luego cogí la 2a, le tomé una foto para ponerla en el blog y me la comí.

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Fueron los más felices 20 minutos del día, tantos recuerdos y tantas pepas, momentos inolvidables que te puede regalar una chirimoya.

la frase de la semana

Tuesday, July 28th, 2009

“loving someone who is not around hurts”

Lo escuché en un programa de televisión y me pareció un excelente ejemplo sobre gramática en inglés, realmente interesante….
Como ejercicio podríamos intentar buscar el verbo, y pretender que solo es un ejemplo sobre gramática.

Delirios

Tuesday, May 26th, 2009

Estoy despierta, pero estoy dormida, digo idioteces que todo mundo ignora porque no hay quien me haga caso, estoy sola nuevamente.

Me duele el hueso de la espalda por ver en posiciones extrañas e incómodas vídeos en el Internet,y como la pantalla es tan pequeña la posición de mi espina dorsal en la parte superior debe tener una especie de curvatura en L invertida, para aquellos que hayan visto al Mago de los Sueños… me siento como Urogor, para aquellos más familiarizados con el medio cultural cusqueño mi espalda y mi postura se asemejan a la del ilustre profesor de química cuántica Jorge “Kevin” Quebedo (padre, el hijo es un completo huevón… pero el comentario no viene al caso).

La gracia de estar tanto tiempo sin dormir es que el dolor físico te lo recuerda cada minutos y las ojeras y las arrugas y las ganas que tienen los ojos de descansar, son 27 horas consecutivas las que estoy despierta… de ellas 20 horas las pasé viendo los capítulos de una absurda novela Koreana que al parecer es muy emocionante o realmente quería adormecer mi cerebro y no pensar, prefiero optar por lo segundo… pero las novelas Koreanas son mi perdición y siempre lo serán, recuerdo una vez que vi 14 horas seguidas de otra y recibí un sermón católico sobre el buen manejo del tiempo, que es de Dios obviamente. Pero alcancé mi objetivo supremo que es no pensar en ese muchacho, o si pienso en él mi corazón ya no suena a concierto de bongo en una hermosa noche despejada durante una huida de Cuba.

Mi estómago se está retorciendo, no sé si es porque hoy no desayuné o porque anoche no cené o ambas razones están desquiciándome las tripas… mis ojos se cierran solitos, no puedo forzarlos a abrirse, no debo dejar que se cierren, sé que si se los permito no se abrirán en buen tiempo y con las tareas pendientes y la culpa por tanto tiempo mal usado no puedo permitirme esos lujos.

Cerré los ojos por un instante, despierto y me doy cuenta que pasaron 40 minutos, si un parpadeo dura tanto tiempo es mejor no volver a hacerlo, de pronto oigo el teléfono, no debo contestar, pero lo hago. Tengo una exposición y hay que comprarme ropa decente, de gente, las zapatillas ya no están de moda para presentaciones…

Me pregunto que estarás pensando en este momento? Me recordarás todavía, me habrás olvidado, soñarás conmigo todas las noches como yo. Sabes que sueño contigo incluso cuando parpadeo, cuando estoy despierta, aunque eso tiene más de alucinaciones que de sueños… necesito olvidarte, o tal vez no olvidarte, simplemente quitarle el emocionante soundtrack de bongos a mi corazón cuando pienso en ti.