Estaba viendo televisión tratando de quedarme dormida por el efecto atontador de la televisión, eran las dos de la mañana y no podía dormir, nisiquiera un bostezo me de la ilusión de que pronto podría dormir. Escuché un teléfono, no conocía ese timbre, ¿sería del vecino?, el sonido era demasiado cercano, miré bien y era el teléfono de casa. Dejó de timbrar. Mientras pensaba quién podría haber llamado, o por qué todavía tenía ese teléfono, justamente a ese teléfono y a esa hora empezó nuevamente a timbrar.
- ¿Alo?
- Hola Fátima, soy Amanda
- Pasó algo?
- No, si, no sé, te llamé al celular, pero debe estar descargado. Para variar. Y como era pseudo-importante, no podía enviarte un mail o esperar hasta mañana.
- mmm …
- Te ví en una película.
- Sigues tomando esas pastillas de colores?
- No. Es cosa seria. Estaba viendo televisión y estabas allí en la película
- Qué película?
- “Coincidencias”.
- Pero yo nunca actué en una película, habrá sido alguna de mis gemelas diabólicas.
- No, ¡eras tú!
- Claro, en una película. Tal vez era en mis épocas de drogadicta o estaba alcoholizada.
- Pero solo apareces un toque, corriendo con alguien que no conozco.
- Corriendo con un desconocido… hasta parece basada en la vida real.
- Te lo digo en serio.
- ¿Cómo dices que se llama la película?
- “Coincidencias”
- Raro, ¡Super raro!
- Bueno, tengo que terminar de ver la pelí, esta muy interesante, ¿volverás a aparecer?
- Yo que sé, hice tantas escenas, nunca supe si las pusieron todas.
- La gente de edición es muy cruel.
- En particular si no sabes que actuaste en una película.
- Hablamos mañana, pon a cargar tu celu, besos, bye
- Bye, beso
Pensé que era otro viaje de Amanda causado por la falta de sueño, pero la que no tenía sueño era yo, busqué en todos los canales y encontré la película, estaba terminando, y nada me parecía familiar. Definitivamente no recordaba haber actuado en alguna película, varias veces estuve tentada de ir como extra, pero era demasiado vaga para acercarme a las locaciones y enviar mis fotos y esas cosas. Ademas esa película no parecía haber sido hecha aquí, se veía muy europea. Seguía con insomnio y cada minuto mi humor empeoraba, necesitaba dormir, solo un poco. Prendí el computador, y busqué en internet “concidencias+pelicula”, estaba allí la base de Datos de todas las películas existentes, había más de una que se llamaba coincidencias, leí una a una el resumen, hasta que la encontré.
Era una película con mucho presupuesto y mal libreto, o mal argumento, el argumento no era importante, pero la locación , sería que … puede ser. La película había sido rodada en Andalucía, yo sí estaba allí hace tres años, pero porqué entonces aparecía en la película. Busqué en Internet un rato más y encontré la película, la descargué, la recorrí de principio a fin, de fin a principio, pero no me encontré en ninguna parte. Tenía que verla completa. Total y no tengo suenía sueño, una película más no me va matar. Puse la película hasta que en el minuto 54: estaban allí, los heroes o protagonistas de la película caminaban por la acera de una ancha avenida en Andalucía, hablando de sabotear el gobierno de alguien, que fráncamente, no me importaba quién era. Y me vi a los ojos.
En blanco y negro pasaron corriendo dos figuras, parecían estar huyendo de algo o alguien o dirigiéndose a algún lado muy de prisa. Una de las personas corriendo era yo, la otra persona era la causante de mi insomnio desde hace tres años. Paré la película y me vi cara a cara, detuve la imagen para estudiarla, de él solo pude ver su perfil en la sombra del atardecer, me tenia cogida de la mano, las figuras incluso detenidas lucían apuradas. Continué viendo la escena, es seguro que me di cuenta que allí estaba la cámara, porque giré el cuello mientras corría y me le quedé viendo fijamente hasta que no me dió para seguir mirando en plena huida. Pero ver mi expresión en ese momento, tenía cierta desolación o tristeza que verme, me causó escalosfrios y cada vez que la recuerdo me llena una sensación de desolación espeluznante. No terminé de ver la película, me quedé viendo la escena una y otra vez hasta que me quedé dormida.
Era diciembre y hacia calor, las lluvias molestaban como de costumbre y yo estaba frente al computador a media noche esperando lo inesperado. Esperaba que al otro lado del mundo sean las 9:00 a.m. y que mi amado se conecte al Internet cuando llegue a su trabajo y me diga “buenas noches” para ir a dormir. Hacía tiempo que nuestras conversaciones se habían reducido a la despedida antes de que el otro se vaya a dormir o a una corta conversación para deliberar sobre los dilemas de la vida. Pero todo eso era suficiente para que cada día sea un dia feliz, al menos para mí.
Luego de una relación sin relación, conversaciones cortas por el chat y un mensaje de texto por año, había conseguido mi propósito: ahorrar suficiente dinero para escaparme dos semanas y reunirme con mi amado. Había estado un buen tiempo planificando como decirle, pero preferí darle una sorpresa. Me imaginaba llegando a su apartamento usando una bufanda y una gorra azules que había tejido para él el año anterior y que nunca tuve valor de enviarlos por miedo a que no le gustaran y morir de la vergüenza por cursi. Me imaginaba su cara de sopresa al verme en su puerta con mi pequeña maleta con rueditas y esa expresión aniñada con la que imaginaba que él me veía. Imaginaba un largo abrazo sin palabras ni por qués y generalmente allí terminaba mi plan corto llamado visita sorpresa.
Dejé todo, aunque todo no era mucho. Me despedí de m madre, de mis hermanos, de mis amigos, le dije a mi jefe que regresaría en dos semanas y con mi sonrisa de oreja a oreja tomé el avión a los brazos de mi amado. En el avión verifiqué en mi folder que todos los documentos que necesitaría tuvieran copia doble, una impresa y otra escaneada en mi correo electrónico. Los pasajes de avión, los pasajes de tren, las reservaciones del hotel, el diccionario con frases comunes, todo estaba en orden. Revisé el cronograma por veinteava vez hasta que la aeromoza me dijo que apague mis “aparatos electrónicos” porque el avión iba a despegar. No tuve estómago para comer nada porque la ansiedad o emoción no me lo permitía.
Llegué a Barcelona en la mañana y tenia que esperar el tren de las 12:00, tenía tres horas para hacer algo, pero lo último que se me ocurrió fue visitar la ciudad o las maravillosas cosas que nunca vi de Barcelona, algunas personas ya me han golpeado por eso. Lo que sí hice fue entrar al primer café con conexión a Internet, me reporté con Boby, contándole lo largo del viaje, el dolor de espalda y el bulto innecesario en la cartera de la chalina y el gorro tejidos a mano. Cuando de pronto, el esperado inesperado se conectó.
- Que haces despierta tan tarde?
- Cuál tarde, si todavía hay sol, las gallinas siguen despiertas
- Debe ser tu protector de pantalla
(En mi zona horaria normal, eran las 3:00 de la mañana y obviamente el sol solo debia estar en mi protector de pantalla)
- Ha de ser la luna que entra por la ventana y esta muy brillante
- y qué haces despierta tan tarde
- Haciendo hora
- ¿Hasta que amanezca?
- Sí, algo así
- “algo así”
(Allí se me ocurrió ver su reacción si le daba una sorpresa, pero no le daría muchas pistas)
- Estaba pensando en ir a visitarte.
- Por qué?
- ¿huh?
- ¿Porqué quieres visitarme?
- Para verte, quiero verte, no sé, un par de semanas en el verano, ir a la playa, por helado, jugar solitario
- Y ¿Porqué quieres hacer eso?
- Jugar solitario mientras se come helado puede ser una de las mejores experiencias del mundo.
- Casi tan emocionante como contar las hojas en el parque.
- Eso solamente en verano, tu departamento tiene vista al parque?
- No me cambies de tema. ¿Por qué quieres verme?
(Tenía la sensación de que estabamos en dos conversaciones completamente distintas, asi que le puse algo de contexto a la conversación)
- Recuerdas una vez me dijiste que querías casarte conmigo y te dije que con la condición de que tus medias combinen con tu traje y tu me dijiste que yo iba a tener la tarea de conseguirte unas medias que combinen… pues pensaba que si vamos a las Islas Baleares no necesitarías medias, pero si necesitaremos tres testigos
(Un largo silencio en el messenger, aunque no lo crean existe silencio en el messenger, es cuando miras el recuadrito sin mensaje nuevo y dice que tu contacto esta escribiendo algo, pero el mensaje nunca llega, muy frío silencio, sabía que estaba alli, no podía haber ido por una taza de café en medio de esta clase de conversación)
- No creo que podamos hacer eso.
- ¿Lo de las medias?
- Y todo lo demás
- Claro… de todos modos nunca estuve a favor del matrimonio.
- Desiste de eso…
- Ya desistí
- Tengo una reunión con mi jefe, ¿Hablamos luego?
- Seguro, estaré conectada en el horario acostumbrado. En el mismo bati-canal.
Es así como mi mundito con un único propósito se derrumbó. Estaba varada en Barcelona, sin saber qué hacer, qué decir, a quién quejarme, o un hombro cerca para llorar. Hasta que vi la luz, no la luz, la venita anaranjada con una conversación pendiente con Boby, esperando que termine mi informe detallado sobre mi llegada a tierras españolas. Le resumí mi situación “mi amado me dijo que desista de mi amor”, finalmente el resumen para el resto de interesados terminó en que me dijo que “desista”. Sad, triste, cruel, mundo cruel. Ahora me quedaba … nada, no me quedaba nada, oh mundo cruel, oh mundo cruel, mundo cruel, cruel.
Fue a mitad de mi propia tragedia griega, en medio o al costado de Barcelona, que Boby, muy sabio, me dijo que culmine con mis planes sola. “No way José, digo Boby, no way”. Dos dias de mi itinerario eran ir a visitar el pueblo donde vivía mi amado, luego las Islas, luego regresar casada comiendo perdices. Todo mi viaje desde que me baje del tren estaba planificado para dos, no para uno, es como jugar en un subibaja solo. Estaba buscando en internet la manera de cambiar mi vuelo de vuelta para el mismo día sin tener que hablar con un representante humano, odio hablar por teléfono. Pero no lo encontré y mientras tomaba valor para llamar y devolver los pasajes de tren y demás madres Boby terminó de convencerme.
- Ya tienes el dinero, ya estás allá, ya pediste permiso de tu trabajo, ya te despediste de todo mundo, ¿Cómo vas a regresar?
- Pero, como voy a hacer todo eso sola, el plan era para dos.
- Pero aprovecha .
- Pero no te das cuenta que tengo el corazón hecho anticucho, como me puedes decir eso.
- No seas “lorna” Los dias que ibas a visitar a tu amado te quedas visitando Barcelona, debe haber mil lugares para conocer allá
- Podría visitar Barcelona. No. Ya dañaron Barcelona para mi.
- No seas tan dramática.
- Sad, sad, sad, mundo triste y cruel, muy cruel.
- No vas a poder vender ese libreto en ninguna parte.
- Pero no quiero
- Piénsalo un par de horas, tómate un café, lee algunas porquerías de esas que lees, y recien tomas una decisión.
- No quiero
- Si quieres
- No quiero
- Te doy un gigantezco abrazo electrónico y te vas de tour por allí y por allá, recuerda que esperaste como mil años para conocer esos lugares.
- Cierto.
Oh crueles Dioses del Olimpo, ¿Por qué un castigo tan cruel? ¿Por qué?. Estaba en medio de mi monólogo cuando Dios, el de los Israelitas, me mandó una señal: un afiche de la película “Little ashes”, alias “Cenicitas”, alias “wtf”. Pensé que no solo Barcelona estaba en mi lista de lugares que nunca jamás deberia volver, sino todo España, porque a lo largo de mi horrible vida he visto tantas películas y que planificado mi existencia visitando cada esquina que quería visitar que simplemente, todo me recordaba al “desiste”, pero había algo en la cara del actor de Federico García Lorca que removió mi lado literario, el escritor frustrado que llevo dentro y que trato de rescatar cuando hago comentarios en el facebook, especialmente cuando comento que “Odio la poesía”. Oh Dios ¿Por qué estoy negada para la poesía? ¿Por qué?
- García Lorca me está mirando – le escribí a Boby
- y a mi Cesar Vallejo
- y a mi … no se me ocurre otro poeta o escritor con final triste.
- Ha de ser porque no conoces ninguno, porque debe haber un millón, antes estaba muy de moda ser poeta con final triste
- Boby no seas cruel, aparte de tener el corazón hecho anticucho soy una ignorante
- Bueno sí, pero regresemos a la parte en que fumabas algo y veías a García Lorca
- No fumé nada, es un poster de la película con Dalí.
- Deberíás ver esa película, allí vas a aprender mucho de escritores.
- Ya la vi, y lo único que recuerdo es una playa en alguna parte del pueblo de García Lorca.
- Andalusia
- Let me wiki it!
- …
- Sip, Granada, Andalucía, España, Europa… junto al huevo donde está el corazón del gigante sin corazón. Deberías dejar de leer cosas en Inglés, Andalusia no va con S.
- Qué piensas hacer con respecto a García Lorca
- No sé qué hacer Boby
- ¿Segura que no quieres un tour por Barcelona?
- Completamente
- Puedes ir a Granada, te contacto con un amigo que tengo por allá, debe haber algo de Garcia Lorca por allá, se llama Federico.
- Muy gracioso
- Es cosa seria, se llama Federico.
- La mitad de Granada debe llamarse Federico.
- Entonces arregla todo para ir a Granada, yo hablo con Federico.
- Uy si, tu y tus amigos Europeos
- Te cuento que Fede no es Europeo, es Argentino
- No way josé, no way.
- Mentira, es peruano, más peruano que Toledo.
- Veré para cambiar mis pasajes de tren entonces.
Me despedí de Boby, fui a devolver los pasajes, llamé a la compañia que me vendió los boletos a las Islas Baleares para devolverlos, cancelé las reservaciones del hotel y tiré a la basura mi folder lleno de planes. Luego recogí el folder para sacar mi pasaporte de adentro y lo volví a tirar. Compré un pasaje sin retorno a Granada y le envié un e-mail a Boby con el itinerario para que Federico me busque en la estación del tren de Granada. Fueron interminables 11 horas de viaje, por qué pensé en mis fantasías que Granada estaba a media hora de Barcelona, mi profesora de geografía tenia que pagar el costo de semejante ultraje. 20 minutos luego de subir al tren me puse a escuchar música, cambiaba de canción cada 5 segundos, porque cada canción me recordaba la triste historia de mi vida, o del día. Estaba abriendo la ventana del tren para tirar mi iPod cuando alguien me dijo que le hacía frío, así que tuve que apagarlo y ponerlo de vuelta en mi bolsa, de todos modos era cuestión de cambiarle de música, algo de rap y metallica no me caerían mal. Una hora después, mirando el paisaje en la oscuridad y la gente dormida saqué mi portatil y borré toda la música que me recordaba a mi amado, casi toda mi música, me quedaron tres grupos impresentables que terminé sincronizando a mi iPod, se acabó la batería y saqué un libro de la bolsa, tenía una dedicatoria en la contra tapa, arranqué la contratapa, la rompí en pedazos diminutos y me puse a leer el libro. Me dio sueño y me di cuenta que lo mejor era comprar un asiento en la clase preferente, no uno en clase turista, el asiento era tan incómodo que terminé acolchonando mi sueño, muy a mi pesar, sobre la bufanda y gorro que había tejido.
Fue un viaje largo y penoso, tuve pesadillas toda la noche y un muchacho que estaba sentado a mi costado me preguntó porque sollozaba durante la noche, le dije que había muerto mi abuela y que iba a su entierro. Me creyó, no lo sé. También me dijo que tenia la cara marcada con los puntos de la lana de la bufanda, esa bufanda, me toqué la cara y se sentía una trama incómoda. Fui al baño y tenía la cara con la trama de los puntos de la bufanda, y tenía el mentón todo raspado por la lana. Al bajar del tren olvidé accidentalmente la bufanda y la gorra en el tren, y accidentalmente me bajé al final para que ningún buen samaritano me los retornara, quería dejar accidentalmente el libro, pero quería terminar de leerlo, todavía podía brindarles ese último sacrificio a Alfredo Bryce y a Martín Romaña.
(continuará…)