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Atardecer de San Juan a Panamá

Wednesday, August 17th, 2011

Si eres uno de esos maniáticos que no solo disfrutan, sino viven obsesionados con presenciar el más perfecto atardecer de sus vidas, solo tienen que tomar un avión de San Juan a Panamá que salga a las 5 de la tarde.
Era Mayo de algún año yo estaba fastidiada con el mundo, en un avión sin película, sin música y con el peor libro de la historia entre manos “Moby Dick”, y no es porque el libro sea malo, es porque he estado leyendo ese bendito libro durante los últimos 10 años. Mi historia con ese libro es tan patética, lo empecé a leer cuando viajé a Italia, cada vez que me subo a un carro o un avión llevo ese libro con la esperanza de acabarlo, y no es excusa que viaje poco, pero en 10 años he leido como 40 páginas. Pero tengo la firme convicción de que debo terminar ese libro, tan firme como la que tiene Ahab de atrapar a Moby Dick, si alguien osa contarme el final me aseguraré de ir con un arpón a acabar con su vida, no spoilers por favor.
Me fui por las ramas, en mayo, puede que del 2009 iba a Cusco, mi propósito era llegar para el cumpleaños de mi hermano, pero odio volar, me gusta viajar, pero estamos tan lejos de teletransportarnos que ni modo: a subirse a un avión. Lo único interesante del viaje es que entre las bebidas había vino, super mal porque no tenia ganas de beber vino, me aburrí con el libro, me aburrí de jugar sudoky, me aburrí de leer las maravillas de Panamá, me aburrí de leer las maravillas del festival de no sé qué de Colombia, así que abrí la ventana, siempre me siento junto a la ventana, para contar nubes y dormirme.
Estaba allí un precioso atardecer en su mayor esplendor, el cielo rojizo, las nubes incendiadas, pensaba que si existe el infierno y se ve así, sería un buen lugar para pasar el resto de la eternidad, mis ojos empezaron a dolerme por mirar de frente al sol, estuve allí como 10 minutos contemplando la belleza de un atardecer inolvidable y cerré la ventana para terminar de saborear el momento. De pronto oí voces: mira el atardecer. Abrí la ventana y nuevamente el atardecer.
Siempre he pensado que tomar fotografías es algo completamente vano, porque por tomar una fotografía dejar de disfrutar un momento, pierdes la esencia de las cosas mientras tomas fotografías, pierdes detalles y parte de escenario por atrapar la fotografía perfecta, pero como ya había visto 20 largos minutos de atardecer, pensé que era buen momento para una fotografía perfecta, ya estaba imaginando algunos comentarios en facebook y todo. Pero “karma is a bitch”, no tenia mi cámara en el equipaje de mano, mi cámara no es buena, pero no la tenia a mano. Pero “karma is bitcher”, tenia una cámara fotográfica de 900 dólares en el equipaje de mano, sin memoria y sin bateria. Pasaron 2 horas y seguía viéndose el atardecer que no pude fotografíar mientras tenia en la mano la cámara que podría fotografiar mi sueño fotográfico: poner en la foto lo mismo que ven mis ojos.
Lección, si quieres ver un bello atardecer ve e San Juan a Panamá, si quieres fotografiarlo, lleva una cámara decente, si no llevas una cámara decente, llénate de valor para decirle al tipo de atrás que te envie las fotos a tu mail.

No tittle

Thursday, July 7th, 2011

Hacía tiempo que no soñaba con mi papá, el mismo sueño de siempre, encontrarlo en alguna habitación de mi casa y tratar de analizar por qué no estaba muerto, por qué nos había hecho pasar por la cruel experiencia de enterrarlo y ver a mi familia en un mar de lágrimas. Al parecer en esta parte de mi sueño eso ya no me importaba, pero estaba tratando de estudiar en mi mente las consecuencias legales de anular su certificado de defunción. Me puse a hablar como perico transmitiendo mis soluciones, al parecer en mi sueños si puedo hablar, en el mundo real hablar me parece tan innecesario. Pero él solo sonreía con mis disparates, yo sonreía a ver mi nueva capacidad de hacerle reir y complacerlo con esa sonrisa que siempre me pedía cuando mi rostro era un reflejo del clima de Cusco.

Llegué al momento de mi sueño en el cual mi lógica es mayor a mi fé. La parte en la cual sé que la gente no revive, la parte en la cual trato de interpretar mi sueño dentro del sueño, del por qué mi papá no me respondía, si sonreía no estaba molesto conmigo, que yo recuerde el silencio es algo solo mío. Hasta que me di cuenta que no recordaba su voz, por eso mi mente decidió mantenerlo callado. Será que en algún momento ya no podré soñarlo de frente, luego solo veré su perfil, finalmente terminaré soñándo con mi madre contándome que mi papá estuvo caminando por allí y yo no pude verlo. No me gusta soñar, pero tampoco me gusta olvidar cosas importantes como ésta.

En medio de mi locura pienso que sería buena idea grabar el mundo, voces e imágenes, sé que en algún momento cosas, lugares y personas partirán, se irán del mundo, pero no quiero que se vayan de mi mente. Tengo que estudiar y memorizar historias, videos, fotografías en blanco y negro, a color, voces, especialmente las voces. Si has nacido para escuchar, las voces en tus sueños son importantes, son tus propias voces disfrazadas, son momentos para oirte.

más divagaciones

Wednesday, January 19th, 2011

Estaba viendo televisión tratando de quedarme dormida por el efecto atontador de la televisión, eran las dos de la mañana y no podía dormir, nisiquiera un bostezo me de la ilusión de que pronto podría dormir. Escuché un teléfono, no conocía ese timbre, ¿sería del vecino?, el sonido era demasiado cercano, miré bien y era el teléfono de casa. Dejó de timbrar. Mientras pensaba quién podría haber llamado, o por qué todavía tenía ese teléfono, justamente a ese teléfono y a esa hora empezó nuevamente a timbrar.

- ¿Alo?
- Hola Fátima, soy Amanda
- Pasó algo?
- No, si, no sé, te llamé al celular, pero debe estar descargado. Para variar. Y como era pseudo-importante, no podía enviarte un mail o esperar hasta mañana.
- mmm …
- Te ví en una película.
- Sigues tomando esas pastillas de colores?
- No. Es cosa seria. Estaba viendo televisión y estabas allí en la película
- Qué película?
- “Coincidencias”.
- Pero yo nunca actué en una película, habrá sido alguna de mis gemelas diabólicas.
- No, ¡eras tú!
- Claro, en una película. Tal vez era en mis épocas de drogadicta o estaba alcoholizada.
- Pero solo apareces un toque, corriendo con alguien que no conozco.
- Corriendo con un desconocido… hasta parece basada en la vida real.
- Te lo digo en serio.
- ¿Cómo dices que se llama la película?
- “Coincidencias”
- Raro, ¡Super raro!
- Bueno, tengo que terminar de ver la pelí, esta muy interesante, ¿volverás a aparecer?
- Yo que sé, hice tantas escenas, nunca supe si las pusieron todas.
- La gente de edición es muy cruel.
- En particular si no sabes que actuaste en una película.
- Hablamos mañana, pon a cargar tu celu, besos, bye
- Bye, beso

Pensé que era otro viaje de Amanda causado por la falta de sueño, pero la que no tenía sueño era yo, busqué en todos los canales y encontré la película, estaba terminando, y nada me parecía familiar. Definitivamente no recordaba haber actuado en alguna película, varias veces estuve tentada de ir como extra, pero era demasiado vaga para acercarme a las locaciones y enviar mis fotos y esas cosas. Ademas esa película no parecía haber sido hecha aquí, se veía muy europea. Seguía con insomnio y cada minuto mi humor empeoraba, necesitaba dormir, solo un poco. Prendí el computador, y busqué en internet “concidencias+pelicula”, estaba allí la base de Datos de todas las películas existentes, había más de una que se llamaba coincidencias, leí una a una el resumen, hasta que la encontré.

Era una película con mucho presupuesto y mal libreto, o mal argumento, el argumento no era importante, pero la locación , sería que … puede ser. La película había sido rodada en Andalucía, yo sí estaba allí hace tres años, pero porqué entonces aparecía en la película. Busqué en Internet un rato más y encontré la película, la descargué, la recorrí de principio a fin, de fin a principio, pero no me encontré en ninguna parte. Tenía que verla completa. Total y no tengo suenía sueño, una película más no me va matar. Puse la película hasta que en el minuto 54: estaban allí, los heroes o protagonistas de la película caminaban por la acera de una ancha avenida en Andalucía, hablando de sabotear el gobierno de alguien, que fráncamente, no me importaba quién era. Y me vi a los ojos.

En blanco y negro pasaron corriendo dos figuras, parecían estar huyendo de algo o alguien o dirigiéndose a algún lado muy de prisa. Una de las personas corriendo era yo, la otra persona era la causante de mi insomnio desde hace tres años. Paré la película y me vi cara a cara, detuve la imagen para estudiarla, de él solo pude ver su perfil en la sombra del atardecer, me tenia cogida de la mano, las figuras incluso detenidas lucían apuradas. Continué viendo la escena, es seguro que me di cuenta que allí estaba la cámara, porque giré el cuello mientras corría y me le quedé viendo fijamente hasta que no me dió para seguir mirando en plena huida. Pero ver mi expresión en ese momento, tenía cierta desolación o tristeza que verme, me causó escalosfrios y cada vez que la recuerdo me llena una sensación de desolación espeluznante. No terminé de ver la película, me quedé viendo la escena una y otra vez hasta que me quedé dormida.

Era diciembre y hacia calor, las lluvias molestaban como de costumbre y yo estaba frente al computador a media noche esperando lo inesperado. Esperaba que al otro lado del mundo sean las 9:00 a.m. y que mi amado se conecte al Internet cuando llegue a su trabajo y me diga “buenas noches” para ir a dormir. Hacía tiempo que nuestras conversaciones se habían reducido a la despedida antes de que el otro se vaya a dormir o a una corta conversación para deliberar sobre los dilemas de la vida. Pero todo eso era suficiente para que cada día sea un dia feliz, al menos para mí.

Luego de una relación sin relación, conversaciones cortas por el chat y un mensaje de texto por año, había conseguido mi propósito: ahorrar suficiente dinero para escaparme dos semanas y reunirme con mi amado. Había estado un buen tiempo planificando como decirle, pero preferí darle una sorpresa. Me imaginaba llegando a su apartamento usando una bufanda y una gorra azules que había tejido para él el año anterior y que nunca tuve valor de enviarlos por miedo a que no le gustaran y morir de la vergüenza por cursi. Me imaginaba su cara de sopresa al verme en su puerta con mi pequeña maleta con rueditas y esa expresión aniñada con la que imaginaba que él me veía. Imaginaba un largo abrazo sin palabras ni por qués y generalmente allí terminaba mi plan corto llamado visita sorpresa.

Dejé todo, aunque todo no era mucho. Me despedí de m madre, de mis hermanos, de mis amigos, le dije a mi jefe que regresaría en dos semanas y con mi sonrisa de oreja a oreja tomé el avión a los brazos de mi amado. En el avión verifiqué en mi folder que todos los documentos que necesitaría tuvieran copia doble, una impresa y otra escaneada en mi correo electrónico. Los pasajes de avión, los pasajes de tren, las reservaciones del hotel, el diccionario con frases comunes, todo estaba en orden. Revisé el cronograma por veinteava vez hasta que la aeromoza me dijo que apague mis “aparatos electrónicos” porque el avión iba a despegar. No tuve estómago para comer nada porque la ansiedad o emoción no me lo permitía.

Llegué a Barcelona en la mañana y tenia que esperar el tren de las 12:00, tenía tres horas para hacer algo, pero lo último que se me ocurrió fue visitar la ciudad o las maravillosas cosas que nunca vi de Barcelona, algunas personas ya me han golpeado por eso. Lo que sí hice fue entrar al primer café con conexión a Internet, me reporté con Boby, contándole lo largo del viaje, el dolor de espalda y el bulto innecesario en la cartera de la chalina y el gorro tejidos a mano. Cuando de pronto, el esperado inesperado se conectó.

- Que haces despierta tan tarde?
- Cuál tarde, si todavía hay sol, las gallinas siguen despiertas
- Debe ser tu protector de pantalla
(En mi zona horaria normal, eran las 3:00 de la mañana y obviamente el sol solo debia estar en mi protector de pantalla)
- Ha de ser la luna que entra por la ventana y esta muy brillante
- y qué haces despierta tan tarde
- Haciendo hora
- ¿Hasta que amanezca?
- Sí, algo así
- “algo así”
(Allí se me ocurrió ver su reacción si le daba una sorpresa, pero no le daría muchas pistas)
- Estaba pensando en ir a visitarte.
- Por qué?
- ¿huh?
- ¿Porqué quieres visitarme?
- Para verte, quiero verte, no sé, un par de semanas en el verano, ir a la playa, por helado, jugar solitario
- Y ¿Porqué quieres hacer eso?
- Jugar solitario mientras se come helado puede ser una de las mejores experiencias del mundo.
- Casi tan emocionante como contar las hojas en el parque.
- Eso solamente en verano, tu departamento tiene vista al parque?
- No me cambies de tema. ¿Por qué quieres verme?
(Tenía la sensación de que estabamos en dos conversaciones completamente distintas, asi que le puse algo de contexto a la conversación)
- Recuerdas una vez me dijiste que querías casarte conmigo y te dije que con la condición de que tus medias combinen con tu traje y tu me dijiste que yo iba a tener la tarea de conseguirte unas medias que combinen… pues pensaba que si vamos a las Islas Baleares no necesitarías medias, pero si necesitaremos tres testigos
(Un largo silencio en el messenger, aunque no lo crean existe silencio en el messenger, es cuando miras el recuadrito sin mensaje nuevo y dice que tu contacto esta escribiendo algo, pero el mensaje nunca llega, muy frío silencio, sabía que estaba alli, no podía haber ido por una taza de café en medio de esta clase de conversación)
- No creo que podamos hacer eso.
- ¿Lo de las medias?
- Y todo lo demás
- Claro… de todos modos nunca estuve a favor del matrimonio.
- Desiste de eso…
- Ya desistí
- Tengo una reunión con mi jefe, ¿Hablamos luego?
- Seguro, estaré conectada en el horario acostumbrado. En el mismo bati-canal.

Es así como mi mundito con un único propósito se derrumbó. Estaba varada en Barcelona, sin saber qué hacer, qué decir, a quién quejarme, o un hombro cerca para llorar. Hasta que vi la luz, no la luz, la venita anaranjada con una conversación pendiente con Boby, esperando que termine mi informe detallado sobre mi llegada a tierras españolas. Le resumí mi situación “mi amado me dijo que desista de mi amor”, finalmente el resumen para el resto de interesados terminó en que me dijo que “desista”. Sad, triste, cruel, mundo cruel. Ahora me quedaba … nada, no me quedaba nada, oh mundo cruel, oh mundo cruel, mundo cruel, cruel.

Fue a mitad de mi propia tragedia griega, en medio o al costado de Barcelona, que Boby, muy sabio, me dijo que culmine con mis planes sola. “No way José, digo Boby, no way”. Dos dias de mi itinerario eran ir a visitar el pueblo donde vivía mi amado, luego las Islas, luego regresar casada comiendo perdices. Todo mi viaje desde que me baje del tren estaba planificado para dos, no para uno, es como jugar en un subibaja solo. Estaba buscando en internet la manera de cambiar mi vuelo de vuelta para el mismo día sin tener que hablar con un representante humano, odio hablar por teléfono. Pero no lo encontré y mientras tomaba valor para llamar y devolver los pasajes de tren y demás madres Boby terminó de convencerme.

- Ya tienes el dinero, ya estás allá, ya pediste permiso de tu trabajo, ya te despediste de todo mundo, ¿Cómo vas a regresar?
- Pero, como voy a hacer todo eso sola, el plan era para dos.
- Pero aprovecha .
- Pero no te das cuenta que tengo el corazón hecho anticucho, como me puedes decir eso.
- No seas “lorna” Los dias que ibas a visitar a tu amado te quedas visitando Barcelona, debe haber mil lugares para conocer allá
- Podría visitar Barcelona. No. Ya dañaron Barcelona para mi.
- No seas tan dramática.
- Sad, sad, sad, mundo triste y cruel, muy cruel.
- No vas a poder vender ese libreto en ninguna parte.
- Pero no quiero
- Piénsalo un par de horas, tómate un café, lee algunas porquerías de esas que lees, y recien tomas una decisión.
- No quiero
- Si quieres
- No quiero
- Te doy un gigantezco abrazo electrónico y te vas de tour por allí y por allá, recuerda que esperaste como mil años para conocer esos lugares.
- Cierto.

Oh crueles Dioses del Olimpo, ¿Por qué un castigo tan cruel? ¿Por qué?. Estaba en medio de mi monólogo cuando Dios, el de los Israelitas, me mandó una señal: un afiche de la película “Little ashes”, alias “Cenicitas”, alias “wtf”. Pensé que no solo Barcelona estaba en mi lista de lugares que nunca jamás deberia volver, sino todo España, porque a lo largo de mi horrible vida he visto tantas películas y que planificado mi existencia visitando cada esquina que quería visitar que simplemente, todo me recordaba al “desiste”, pero había algo en la cara del actor de Federico García Lorca que removió mi lado literario, el escritor frustrado que llevo dentro y que trato de rescatar cuando hago comentarios en el facebook, especialmente cuando comento que “Odio la poesía”. Oh Dios ¿Por qué estoy negada para la poesía? ¿Por qué?

- García Lorca me está mirando – le escribí a Boby
- y a mi Cesar Vallejo
- y a mi … no se me ocurre otro poeta o escritor con final triste.
- Ha de ser porque no conoces ninguno, porque debe haber un millón, antes estaba muy de moda ser poeta con final triste
- Boby no seas cruel, aparte de tener el corazón hecho anticucho soy una ignorante
- Bueno sí, pero regresemos a la parte en que fumabas algo y veías a García Lorca
- No fumé nada, es un poster de la película con Dalí.
- Deberíás ver esa película, allí vas a aprender mucho de escritores.
- Ya la vi, y lo único que recuerdo es una playa en alguna parte del pueblo de García Lorca.
- Andalusia
- Let me wiki it!
- …
- Sip, Granada, Andalucía, España, Europa… junto al huevo donde está el corazón del gigante sin corazón. Deberías dejar de leer cosas en Inglés, Andalusia no va con S.
- Qué piensas hacer con respecto a García Lorca
- No sé qué hacer Boby
- ¿Segura que no quieres un tour por Barcelona?
- Completamente
- Puedes ir a Granada, te contacto con un amigo que tengo por allá, debe haber algo de Garcia Lorca por allá, se llama Federico.
- Muy gracioso
- Es cosa seria, se llama Federico.
- La mitad de Granada debe llamarse Federico.
- Entonces arregla todo para ir a Granada, yo hablo con Federico.
- Uy si, tu y tus amigos Europeos
- Te cuento que Fede no es Europeo, es Argentino
- No way josé, no way.
- Mentira, es peruano, más peruano que Toledo.
- Veré para cambiar mis pasajes de tren entonces.

Me despedí de Boby, fui a devolver los pasajes, llamé a la compañia que me vendió los boletos a las Islas Baleares para devolverlos, cancelé las reservaciones del hotel y tiré a la basura mi folder lleno de planes. Luego recogí el folder para sacar mi pasaporte de adentro y lo volví a tirar. Compré un pasaje sin retorno a Granada y le envié un e-mail a Boby con el itinerario para que Federico me busque en la estación del tren de Granada. Fueron interminables 11 horas de viaje, por qué pensé en mis fantasías que Granada estaba a media hora de Barcelona, mi profesora de geografía tenia que pagar el costo de semejante ultraje. 20 minutos luego de subir al tren me puse a escuchar música, cambiaba de canción cada 5 segundos, porque cada canción me recordaba la triste historia de mi vida, o del día. Estaba abriendo la ventana del tren para tirar mi iPod cuando alguien me dijo que le hacía frío, así que tuve que apagarlo y ponerlo de vuelta en mi bolsa, de todos modos era cuestión de cambiarle de música, algo de rap y metallica no me caerían mal. Una hora después, mirando el paisaje en la oscuridad y la gente dormida saqué mi portatil y borré toda la música que me recordaba a mi amado, casi toda mi música, me quedaron tres grupos impresentables que terminé sincronizando a mi iPod, se acabó la batería y saqué un libro de la bolsa, tenía una dedicatoria en la contra tapa, arranqué la contratapa, la rompí en pedazos diminutos y me puse a leer el libro. Me dio sueño y me di cuenta que lo mejor era comprar un asiento en la clase preferente, no uno en clase turista, el asiento era tan incómodo que terminé acolchonando mi sueño, muy a mi pesar, sobre la bufanda y gorro que había tejido.

Fue un viaje largo y penoso, tuve pesadillas toda la noche y un muchacho que estaba sentado a mi costado me preguntó porque sollozaba durante la noche, le dije que había muerto mi abuela y que iba a su entierro. Me creyó, no lo sé. También me dijo que tenia la cara marcada con los puntos de la lana de la bufanda, esa bufanda, me toqué la cara y se sentía una trama incómoda. Fui al baño y tenía la cara con la trama de los puntos de la bufanda, y tenía el mentón todo raspado por la lana. Al bajar del tren olvidé accidentalmente la bufanda y la gorra en el tren, y accidentalmente me bajé al final para que ningún buen samaritano me los retornara, quería dejar accidentalmente el libro, pero quería terminar de leerlo, todavía podía brindarles ese último sacrificio a Alfredo Bryce y a Martín Romaña.

(continuará…)

Secuestraron a mi hermanito

Monday, October 11th, 2010

A todos los que no lo conozcan, “mi hermanito” tiene 20 años, mide casi 1.80 y pesa bastante, tiene el cabello castaño un poco despeinado, utiliza lentes y viste como quien no conoce el singificado de la palabra plancha. Responde al nombre de Nilo, para los familiares cercanos Mahatma, para los muy cercanos “negrito”, “gordito” y otras tantas cosas más.

Salió a la universidad temprano, siempre cuidadoso de no despertarnos, se fue sin decirnos adios. No sé que ropa traía puesta, pero traía una mochila negra.

A las 11 de la mañana alguien llamó a mi hermana diciéndole que lo tenían secuestrado, la dejaron sin aliento, prosiguieron a darle información suficiente para que se asegurara que era él, incluso dejaron que hablara con un lloroso Mahatma, que clamaba por su vida. Pero mi hermana en un momento de serenidad innecesario les dijo que si querían lo maten porque ella no tenía dinero y les colgó el teléfono. Ahora mi hermanito sigue secuestrado y yo tengo muchas dudas.

1. Si mi hermanito vive en Washington, USA. Por qué llamaron a mi hermana de Cusco para pedirle el rescate, entre las negociaciones y las llamadas a larga distancia, los ingresos netos del secuestro no será muy decente.

2. Sabrán los secuestradores que mi hermana está menos quebrada que yo. Aceptarán mis saldos bancarios de los últimos 6 meses como prueba de mi imposibilidad de pagar un rescate, debieron pedir mi crédito por internet, se los dan como por un dolar y se evitan los trámites.

3. Cómo le voy a contar a mi hermanito que ha sido secuestrado cuando regrese de la universidad.

4. Cómo convenzo a mi mamá de que no desespere con esas llamadas, la mantendrán con los nervios de punta por un tiempo.

5. Mi hermana realmente les habrá dicho que lo maten sabiendo que mi hermano estaba aquí o realmente esperaba que lo maten. Si me secuestran debo asegurarme que los secuestradores que no la llamen.

6. Hice bien al borrar las cuentas de hi5, facebook, twitter y hotmail de mis hermanos. Será esta es una señal para que no salga de mi casa?

Qué puedo decir, no se dejen secuestrar y si secuestran a algún ser querido asegurense de que no sea una vil estafa, comuníquense con su familia seguido, no dejen a su mamá todo el día, semana o mes sin noticias, aprendan karate, y capoeira, entrenen para la maratón, y no den su información a encuestadores, denle algo de privacidad a sus cuentas del hi5 y facebook; y finalmente, no sea paranoico.

Empiezo a dudar de la efectividad de mis títulos

Saturday, May 8th, 2010

Era uno de esos días, uno de tantos en los cuales tenía que desayunar de camino al tren, esperando el tren o dentro del tren, un vaso de café con sabor terroso y una rosquilla de anís. Llevaba un saco y una corbata anudada en un perchero, pues caminar hasta la estación del tren en saco y corbata era casi tan horroroso como trabajar todo el día en saco y corbata. Llevaba, también, un maletín muy gordo repleto de documentos y libros de la oficina, porque siempre llevaba material a casa para adelantar trabajo y aprender cosas nuevas, pero en su casa era absorbido por la desidia y siempre terminaba viendo televisión o jugando en la computadora. Era uno de esos días en los cuales uno se siente miserable y ya no conoce la razón, cuando las frustraciones se han acumulado al grado de llegar a la indiferencia. Este día no se fijó en el semáforo, no recogió la rosquilla de anís, dejó el cambio de 10 dólares como propina, olvidó pedir un poco de hielo en el café y al tomarlo se quemó la boca, sintió como el calor y el dolor pasaba por su lengua, su paladar, lastimaba su tráquea y se distribuía dolorosamente por su interior. No podía gritar, insultar o injuriar, había mucha gente esperando al tren y le habían enseñado que no era adecuado maldecir en público, tampoco en privado, simplemente no podía maldecir.

Subió al tren y lo vio repleto de tantos rostros conocidos de gente completamente desconocida. Vió a esa señora que sonreía a todos los que la miraban, como si les conociera de siempre, había cambiado el color de su cabello, pero tenía el mismo peinado de siempre; vio al enfermero calvo, siempre con su uniforme celeste, siempre calvo; vio a las dos secretarias chismosas que ponían cara de picardía o sorpresa mientras susurraban cosas; vio a varios estudiantes en uniforme que parecían continuar dormidos; y a todas las demás personas de siempre, era como una fotografía vieja, un cuadro que nunca cambiaba, todos se sentaban en los mismos lugares, todos se sentaban con las mismas personas; incluso los que iban parados, como él, iban apoyados en las mismas zonas de todas las veces. Mientras repasaba a la gente con los ojos, el tren empezó a moverse, llevó los ojos al mapa que estaba junto a la ventana, e iba verificando las paradas en cada estación.

La octaba vez que se paró el tren, vio por la ventana el nombre de la estación donde debía bajarse, su trabajo estaba justo cruzando la calle. Podía ver el tren desde su cubículo, cuando lo veía, se preguntaba hasta dónde llegaba el tren, si era solo uno que iba y venía o eran varios iguales, porque lo veía pasar varias veces al día. Estaba sujeto con el brazo de una de las tantas tiras de tela que colgaban de una barra pegada al techo, se abrió la puerta, salió una multitud de gente, todos apurados, colocando con urgencia celulares y libros dentro del bulto o la cartera, se escuchó la alarma de que la puerta se estaba cerrando y el tren partió hacia la siguiente estación. Cuando el tren partió, él seguía sujeto de la tira de tela, él seguía dentro del tren. Pensó que todavía era temprano y la necesidad de saber si habían varios trenes o era un solo aumentó, decidió ir hasta la última estación o continuar viajando unos 30 minutos más, si hasta ese entonces no llegaban al final bajaría y tomaría el tren de vuelta e iría al trabajo, si la ruta era muy larga seguramente habrían varios trenes.

Pasaron 10 minutos y vio un tren en la dirección opuesta, entonces, al menos eran dos trenes, pasaron 30 minutos más y vio otro tren en dirección opuesta, eran tres, habían pasado 40 minutos, pero él podría llegar tarde al trabajo y dar alguna excusa, él nunca llegaba tarde a su trabajo, posiblemente nadie lo reprendería. Pasaron 20 minutos más, llegó a una zona de la ciudad que él no sabía que existía, llena de edificios grises, descoloridos, sin gente o publicidad pegada a las paredes, totalmente desierta, una zona fantasmal, vio que era el único en el vagón, mientras el tren se detuvo por completo. Una especie de policía, bastante gris también, estaba tras la puerta del tren cuando esta se abrió, era muy pálido y la sombra de la estación con su traje azul le daban una sensación gris a su rostro, le dijo que era la última parada, y que tenía que bajar del tren. Se bajó y fue a la máquina de boletos a comprar otro para regresar, subió nuevamente al tren, nuevamente se topó con el policía gris, y le mostró su boleto de regreso.

El tren estuvo detenido por unos 10 minutos, reinició la marcha, dio un giro en U algo más adelante de la estación, una estructura ingeniosa la de los rieles o carriles que en gran parte de la ciudad estaban a 10 metros sobre el nivel del suelo. En cada estación el vagón fue llenándose, ahora habían nuevas caras, caras que empezaban el día a las 10, algunos con uniformes, pero ya no veía sacos y corbatas, vio dos trenes durante el transcurso hasta la estación cerca de su trabajo, él sabía que al menos eran tres trenes, pero se le había metido en la cabeza averiguar cuántos eran. Esta vez tampoco bajó, pensó que si alguien lo necesitaba con urgencia todavía podían llamarlo al celular, lo sacó del bolsillo para asegurarse que estuviese prendido y tuviera suficiente batería para un par de horas de ausencia, las que pensaba se demoraría averiguando el número exacto de trenes.

Observó el resto de la ciudad, calculó que los trenes pasaban cada hora, porque él los veía cada media hora, pero viajaba en dirección contraria, se puso a hacer algunos cálculos de física elemental para determinar distancias y tiempos, se dio cuenta que los trenes pasaban cada 30 minutos luego de hacer algunos dibujos y hacer una pequeña simulación en el papel; pero todavía no sabía cuántos trenes habían, pensó que mientras hacia los dibujos había perdido de vista a algún tren, ahora sabía que ya eran 5, pero todos eran iguales, pensó en ir hasta la última estación y poder ver en el transcurso el resto de trenes, pero el tren que no contó, ese que tal vez no pasó, mientras hacía sus cálculos le dejó con la duda. Empezaba a dudar de si mismo, vio sus notas y cálculos en la hoja posterior de un formulario de la oficina y sintió culpa, se bajó del tren en la siguiente estación, bajó por las escaleras compró un boleto y subió hacia el lado contrario para regresar al trabajo y ser productivo y justificar su salario. Otra vez la sensación de vacío lo invadió, llegó a su oficina y encontró a su jefe en la puerta, intentó disculparse por la tardanza, pero su jefe le dijo que estaba muy ocupado y que luego lo atendería, llegó a su cubículo y su compañero de lado le preguntó si había ido por un café a la máquina por qué no le había traido uno como siempre, nadie había notado su ausencia, y ya eran las 11:30.

Mientras iniciaba su computador miró por la ventana y vio pasar otro tren, tenía una dirección web escrita en letras gigantes al costado, la buscó en internet y vio los horarios y paradas de tren. Nunca le había interesado esa información, a él le bastaba saber que llegando a las 7:20 a la estación cerca de su casa, no perdería el tren y llegaría con tiempo a la oficina, con tiempo para ponerse el saco y acomodarse la corbata, nunca se tomó la molestia de pensar que el tren podría dañarse y nunca se dañó, así que nunca supo cuánto demoraba en llegar el siguiente o si en caso de ocurrir vendría uno después. Mientras revisaba las rutas, se dio cuenta que la última parada estaba bastante lejos de donde estaba él, luego apareció la cabeza del jefe de área por la puerta y les dijo que tenía una reunión y que cualquier consulta la resolvería el día siguiente.

Él cogió el celular y la cartera, luego metió el maletín gigantesco en el cajón de abajo de su escritorio, se quitó la corbata y la puso en la esquina superior del monitor y el saco lo puso detrás de la silla y salió. Nadie le preguntó a dónde iba. Compró 2 boletos para el tren y espero en la estación con la intención de llegar a la última parada, no la que ya conocía, sino la del otro extremo, pensó que la única manera de saber cuántos trenes había no era en movimiento, porque siempre se podía distraer y contarlos desde la ventana de su oficina era poco romántico. Mientras viajaba fue viendo como la ciudad decrecía en tamaño y altura, los edificios de oficinas se iban convirtiendo en edificios de apartamentos, luego en casas, las casas iban alejándose unas a otras, y los jardines y patios iban creciendo. Finalmente llegó a la última estación, encima de la inscripción con el nombre de la estación había un grafiti que decía “fin del mundo”, a los alrededores ya no habían casas, había como un bosque de árboles, el mar debería estar más allá del bosque, porque no se veían montañas; pensó que debería buscar ese lugar en un mapa para saber.

Sacó un sticker de la billetera y lo pegó al tren, afuera junto a la puerta, con eso descartó la posibilidad de confundirse, de contar el mismo tren varias veces, ese era el primero y sería el que marcaba el final del ciclo. El tren del sticker era el primero, el tren número 1, mientras esperaba el siguiente tren estuvo viendo al horizonte, y cuando trataba de imaginar lo que había detrás de los árboles, pasó el tren número 2, miró hacia atrás y vio más árboles, pero de ese lado habían montañas, vio algunas casas alejadas o manchas y colores que parecían casas, las fue contando y pasó el tren número 3. Apareció otro vigilante, como el policía gris, este tenía más color, cuando el vigilante le preguntó qué hacía le contó que estaba allí contando los trenes, el vigilante pensó en decirle cuántos trenes eran, pero algo dentro de él lo freno, conversaron un momento, le deseó suerte y se fue, pasó el tren número 4. Caminó hasta el borde de la estación, ésta también estaba a varios metros de altura del suelo, vio un estacionamiento, seguramente la gente iba en carro y luego tomaba el tren, aunque habían pocos carros, estuvo viendo colores y modelos, tratando de imaginar a la gente que vivía por allí inventándoles historias y motivos, pasó el tren número 5. Este tren no estaba vacío como los otros, pero solo bajaron 2 personas, dos mujeres con vestidos coloridos, muy sonrientes, las siguió con la mirada, hasta el estacionamiento, se subieron a un diminuto carro azul y se perdieron entre los árboles. Llegó el tren número 6, buscó a lado de la segunda puerta si tenía el sticker pegado, como hacía con los demás, de pronto imaginó que alguien pudo haber despegado el sticker y le dio ansiedad, sintió cierta paranoia, el tren se fue. El estómago empezaba a hacerle ruidos, recordó que no había almorzado, sabía que cerca de allí no encontraría comida, pero ya había estado allí por varias horas y no quería irse sin cumplir su cometido, se paraba y sentaba, para quitarse el dolor en la cintura, para estirar las piernas, escuchó el tren número 7, ya venía. Corrió hasta el inicio de la estación, el tren pasó lento, pero no logró distinguir si traía o no el sticker, corrió hasta la segunda puerta y no lo encontró, eran 7 hasta ahora, pensó que al menos debió traer un libro para leer, esperar era una tarea muy aburrida y agotadora. Se echó de espaldas sobre el asiento y miró al techo de la estación, parecía un domo, él hubiera preferido algo plano, como las antiguas estaciones de trenes, pero todas las estaciones y el tren eran muy modernos. Llegó otro tren, tampoco tenía el sticker, entonces era el tren número 8, la idea de que alguien le hubiese quitado el sticker al tren que marcó como el primero empezaba a hacerse más fuerte, el hambre hacía que se ponga más pesimista, pero debía esperar un poco más, sólo un poco más. Cerró los ojos para descansar un momento, y se quedó dormido; despertó asustado, miró el reloj, eran las 6:25, faltaban 5 minutos para que llegue el próximo tren, miraba el reloj con demasiada ansiedad, sentía que los minutos e incluso los segundos eran demasiado largos, hasta que llego otro tren. Ese era, tenía el sticker, estaba intacto. Entonces, eran 9 trenes, ¡No!, eran 8, recordó que ese ya lo había contado.

Sabía que era hora de regresar a casa, debía tomar el tren una última vez ese día. Bajó las escaleras, marcó el boleto para que le permitieran entrar al otro lado de la estación, subió las escaleras y se sentó para esperar a que el tren de vuelta.

Demasiado temprano

Tuesday, March 23rd, 2010

Mi rutina normal, aunque bastante anormal, es despertar a las 9:40 aproximadamente, revolcarme un rato en la cama, convencerme de que tengo que levantarme, prender la terma eléctrica, esperar 20 minutos hasta que caliente el agua, tomar una ducha larguísimas, cepillarme los dientes, vestirme, secarme el cabello, peinármelo unas diez veces y siempre terminar con una cola de caballo o con un moño y muchos pelos parados al medio por la estática después de peinarme tantas veces. Me hago una taza de café el cual siempre termino enfriándo con tres cubitos gigantezcos de hielo, pienso que luego me molestaré el stómago y hago una tostada que termino comiendo con algo de mantequilla o mermelada, aunque prefiero la mantequilla, generalmente como mermelada, porque sé que la mantequilla terminará en mi frente. Mientras tomo mi café frío tiendo mi cama, barro todo el cabello que se me cayó del piso de mi cuarto, pongo en su lugar algunsa cosas que no disimulan bien el desorden, meto algo abrigador en la mochila y salgo, aproximadamente a las 12, salgo a trabajar, o salía a trabajar. Llego a mi trabajo y realmente no sé que hago hasta las 2, a esa hora voy a comer, preparo algo que me guste, que no tenga mucha grasa, que tenga algunos vegetales, pero no lo hago por mi salud, no lo hago para no engordar, lo hago porque sé que manteniendo una dieta balanceada no tendré que hacer ejercicio para bajar los kilos de más, veo tres horas de televisión, y a las 5 tengo que decidir si ir a l auniversidad a hacer algo o quedarme en casa haciendo nada, con el sol, la hora, y mi pereza natural, la mitad de las veces voy, la otra mitad no voy a la universidad. de algún modo, a las 9 de la noche me da hambre, como algo, y me pongo a jugar algun juego estúpido que me atonta y me mantiene si npensar hasta media noche, hago mi resumen del día: otro día sin haber justificado el aire que respiro, parasitando al planeta. Termina mi día, me cepillo los dientes y me duermo.

Pero ayer, no fue un día normal de mis días anormales, me desperté a las 7, eso es madrugada para mi, hice hora, pero de algún modo al terminar de limpiar, el café e incluso una manzana, llegué a la universidad a las 9, no estaba laxada por el calor como suele pasar, pero la universidad estaba cerrada, las incoherencias son tan aturdidoras y estúpidamente extrañas. Regresé a casa y estuve leyendo como 20 páginas de un libro en todo el día, aunque hice algo, puede que mi día no haya sido del todo productivo. Tenía planes para ese día, pero la puerta cerrada los anuló, aunque la mayoría de esas tareas no estaban planificadas dentro de la universidad, simplemente regresé a mi casa, me cambié de ropa, y estuve vegetando por muchas horas, al menos eso me sirvió para comprender mejor al mundo. Fue una bofetada en la moral.

Hoy, que puedo decir, son las 9:50, estoy en la universidad, ya he leido todos los comics, el periódico, la hora de procrastinación terminó y estoy completamente desganada, sin ganas de hacer nada, es como que demasiado temprano para estar así, no tengo ganas ni de leer las noticias, solo leí dos titulares, los de siempre, tengo muchas páginas web abiertas, pero solo las abrí, debería revisarlas, debería hacer algo. Quizás sea demasiado temprano para estar despierta, para estar aquí, hoy no tengo que trabajar, tal vez la idea de que tengo que trabajar haga que me levante tan tarde, será insomnio o será culpa lo que hace que me despierte tan temprano, hoy me levante más temprano que ayer, incluso hice una rutina de 10 minutos de ejercicios de estiramiento, hace tiempo no oía tronar mis vertebras y articulaciones, pero sigue siendo demasiado temprano.

Simplemente no tengo ganas de hacer absolutamente nada, nisiquiera de dormir, es completamente absurdo, tanta desmotivación a esta hora es absurda. Sigue siendo demasiado temprano, el día es largo y hay que aprovecharlo, pronto me caerá un rayo, lo sé.

divagaciones

Monday, January 11th, 2010

Cierra los ojos, cierralos bien, no dejes que la luz se filtre por las pestañas, no dejes que el brillo que atravieza tus párpados te distraiga.

Respira despacio, con mucho cuidado, no dejes que el aire te invada los pulmones, que asfixie tu sentido. Respira depacio, huele, analiza cada olor, cada escencia, cada milímetro cuadrado de aire. Discrimina los olores, fíltralos, filtra los ambientadores, los olores de velas, las colonias y perfumes exagerados.

Llega a tus fosas nasales un suave sabor a chocolate, vainilla, café, licor dulce de café, suave, los sabores te marean, te atontan, te transportan. Tus ojos siguen cerrados, el olor mezclado de café y vainilla se aproxima peligrosamente al cerebro, sientes mariposas en el estómago, tu tercer ojo siente la cercanía de otro cuerpo, sientes que todo tu cuerpo se tensa, te pones nerviosa, el café, la vainilla, el licor de café se acercan cada vez más. Finalmente, sientes unos labios fríos sobre los tuyos, te besan delicadamente y desaparecen.

Suspiras de tristeza y felicidad. No estás en el “café con piernas”, no tiene un frapuccino en una copa de chocolate al frente, sabes que esos labios con hipotermia no están al frente, sabes que no te han besado, no están cerca, nada cerca. Terminas maldiciendo al café con vainilla francesa que esta atormentando tus sentidos, que te obligó a revivir aquel momento antes de la canción de Bersuit Vergarabat.

Pero, no puedes pasar la oportunidad de escribirlo.

Untitled

Thursday, October 15th, 2009

Hay un rechinar que me atormenta, un suave rechinar, un vaiven en el aire. Esta presente cuando hay luz en el cielo, apenas el sol se va, el vaivén se va con él.

No puedo precisar si el sonido empieza cuando sale el sol, por que nunca he estado despierta antes de las 10, pero creo que lo he escuchado en mis sueños.

Es un péndulo en mis oidos, lo oigo aunque tenga los audífonos puestos, el sonido es tan especial que se cuela entre los demás, es en vano tratar de subir el volumen del televisor o de la música, porque esta allí… suena como un columpio algo oxidado que va lentamente hacia adelante y hacia atrás, un vaiven que arrastra un cuerpo cansado, que se sienta esperando algo.

Un día estaba demasiado perturbada por ese sonido, decidí huir con mi mochila de viaje, con suficiente ropa para dos semanas, y algunos artículos para limpieza personal, crucé el gigantezco bosque que está al salir de mi casa. Noté que el ruido estaba más cerca, al parecer debí huir en sentido contrario, ese tipo de equivocaciones no se pueden cometer dos veces en la vida.

Un anciano, de unos 75 años estaba sentado en el columpio, abrazado de uno de los soportes, con el rostro apoyado en la mano, se mecía tan lentamente. La imagen me perturbó más, vi sus ojos vacíos, no pude leerlos, su expresión cansada, la falta de sentimientos en el rostro, la barba crecida, seguía meciéndose en el maldito columpio.

Regresé a mi casa, desempaqué todo, regresé las cosas a su sitio y regresé a acompañarlo al columpio de lado, nisiquiera volteó al escuchar el segundo vaivén. Sigo allí, tratando de meterme en su mente y averiguar el por qué de el eterno vaivén.

posturas incómodas

Thursday, September 24th, 2009

Estoy aburrida de pasar incontables horas frente al televisor, pero como el sillón me aburrió, y la mecedora también, decidí optar por diferentes posiciones en el piso, hechada, sentada, medio arrodillada, en flor de loto, sentada abrazando las rodillas, en posición fetal, en posición fetal cubriendo mi cabeza con los brazos, de costado apoyada en un brazo, apoyada en el otro, hechada con las manos sosteniendo la nuca para poder ver televisión, ensuciándome la ropa y sacándole brillo a la mayólica de la salita de televisión del departamento de 3 dormitorios y 2 baños donde vivo, compartiéndolo con otras dos damas que trato de evitar lo más posible.

Ver 14 horas diarias de televisión puede resultar muy incómodo.

Más divagaciones

Thursday, September 24th, 2009

No cuesta mucho tratar de satisfacer mis fantasías. Estaba todo listo, la noche, el cielo azul salpicado de estrellas, la luna atrevidamente llena y yo: alucinando. Alucinaba que llegabas de algún lado, y aparecías en ese espacio que puedo ver entre la multitud de árboles del parque, es espacio mal alumbrado por la luz de luna, apoyado en ese extraño farol que sobrevivió del siglo pasado. ¿Te vi antes así? Quizás, son muchas las noches y muchas las lunas llenas que miré ese espacio vacío intentando llenarlo con algo, a veces imagino el farol prendido, con los insectos atraidos inconcientemente hacia su luz y me siento como uno de esos insectos al imaginar tu figura alumbrada por el farol, atraída por una alucinación.