soñé con un iPod touch

Un lunes concebí la idea de comprar un iPod touch, al margen de mi temor de comprar algo tan caro y posiblemente innecesario. Me gusta la música, pero es dificil transportar música que me guste y oirla en cualquier esquina. Así que le pedí a mi brother querido que me compre un iPod con el descuento de los duendes de Santa, me dijo que “OK”. Ahorraría como 10% del costo, y podría jugar durante clases, conectarme a internet, y tal vez hacer algo productivo también.

El martes soñé con el iPod, el miércoles y el jueves… y le pregunté si ya lo había comprado, dijo que no , pero que “ya mismo” lo hacía. El viernes como 1 hora antes de su viaje (de dos semanas) me dijo que si quería que me lo envie ese día, que si era super importante, que si lo quería con desesperación. Yo pensaba que ya me lo habia enviado. Como iba a viajar dije que no, que estaba bien, que podía esperar a que vuelva a que me lo envie.

A su regreso, le pregunté si ya me lo habia enviado, dijo que todavía no lo compró.
Y al día siguiente y al día siguiente y al día siguiente, hasta que un buen día me dijo que lo compraría y lo enviaría, y que si quería que me envie arroz y aceitunas negras y la tarjeta de crédito nueva que necesito. Con todo eso asumí que me haría el envio y estuve esperando a que el cartero llegara, mirando por la ventana para que no me dejen la nota de “lo sentimos, pero no lo encontrarmos, tiene que recoger su iPod Touch en la oficina de correo más cercana”. El cartero nunca trajo algo para mi, aunque lo esperé cada día

Así que para estar segura pregunté nuevamente, si ya me lo había enviado. Cinco semanas después de aquél triste lunes, ¡todavía no lo ha comprado!. Pero ya se me fueron las ganas, dejé de soñar, me aburrí de esperar, que el iPod Touch se vaya al infierno, seguiré escuchando mi radio online.

Lección: Si vuelvo a querer algo con tanta desesperación, ¡voy a comprarlo yo!.

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