Respondiendo a Juan Cruz

Faltan dos días para que me vaya y recién me pongo a pensar en esto. Son algunas preguntas que me hizo mi querido profesor Juan Cruz en un mail y que me atrevo a contestar públicamente.

¿Cómo te va en tu tierra?, ¿la extrañabas?, ¿te sientes mejor?

Cómo me va. Bastante mal, bastante bien, como siempre de todo un poco. Este viaje me sirvió para desenterrar fantasmas y enfrentar el monstruo que llevo dentro. Vi mis caras mas oscuras, me descubrí egoísta y vana. Sin duda fue un golpe muy duro el que nadie me fuera a recoger al aeropuerto luego de seis meses contando los días para regresar, volver a ver a mi familia, amigos y gente que quiero; sin embargo, el golpe más duro fue llegar a casa y luego huir de ella. Imaginé entre mis fantasías diarias que mi casa estaría preciosamente arreglada, sobre los pisos sin parquet o cerámicos, pero con unos toques de geometría necesarios para encuadrar los sillones y la mesa del comedor, imaginé cada libro de la librería privada de mi papá en su lugar, siguiendo el protocolo oficial de mudanzas, los libros de las colecciones arriba, y las biblias abajo porque nadie las lee nunca, pero encontré los libreros de cabeza y completamente vacíos; imaginé también todos los cuadros en las paredes, y hasta los platos en el estante, pero en la mudanza se rompieron varios cuadros y la casa en media construcción no permite poner nada en su lugar definitivo. Decidí huir y respirar algo del aire místico y maravilloso de un Cusco que recordaba exageradamente hermoso, pero la alcaldesa saboteó mis fantasías y decidió destapar todas las calles y darle en el hígado a mi vanidad.

Definitivamente extrañaba todo, la gente y los lugares, extrañaba mucho a mis amigos porque estuve mucho tiempo alejada de ellos, pero mi lado egoísta pensó que ellos estaban para mi y no yo para ellos como normalmente profeso, me puse demasiado exigente y les puse todas las caras feas que conozco, incluso llegué a odiar a algunos de ellos porque simplemente no podía compartir mi estupidez y contarles que estaba equivocada pensando cosas que no debía y tratando de exigirles comprenderme sin haberles explicado el problema. Lloré dos días completos y desaté nuevamente mi migraña, pero como me medico contra la migraña y pienso mejor luego de haber llorado, me di una bofetada a la moral y las buenas costumbres y decidí disfrutar a lo máximo de todo. Empecé a recordar todas las ceremonias e intentar revivirlas, no fue necesario disculparme con mis amigos o mi familia, porque sé que no hace falta pues en cualquier momento podrán tener una lectura completa de mi agradecimiento por soportarme, así super neurótica, y porque sé que la mayoría se contenta con una simple sonrisa.

Me siento mucho mejor, claro que si. Cuando subí al avión que me llevaba a Washington me fui con la esperanza de volver lo más pronto posible y culminar todos mis sueños aquí en Cusquito la tierra que no me vio nacer y que si me vio crecer. Sabía que mi perspectiva de las cosas iba a cambiar pero no podía adivinar el proceso y o el desenlace de los eventos. Mi regreso desvaneció varios espejismos que tejí en mi cabeza y que ahora puedo utilizar como material para seguir escribiendo, y mi final feliz y todos comiendo perdiz con escenario en Cusco todavía está presente aunque decidí dejarlo para después. Me siento mejor porque me liberé de la apatía y luego de acomodar y limpiar los libreros de mi papá los volví a rellenar con toda la colección de libros comprados, prestados y robados que tenía y algunos que yo aumenté o robé.

Fue una transición complicada el volver a recordar que ser feliz es muy sencillo, y lo más curioso es que lo recordé al ver hoy en el mercado a una mujer embarazada abrazando un zapallito italiano con la sonrisa más grande que pueda recordar. Ahora me duele el rostro porque estuve demasiado tiempo expuesta al sol, se me están pelando los brazos y tengo rajadas las manos porque hace mucho tiempo que no lavaba mi ropa a mano o estaba expuesta al abrazador sol de Cusco. Pero dejé de renegar por la cantidad inmensa de barro que hay en mi nuevo vecindario cuando vi tan claras las estrellas, dejé de renegar por la lejanía de la civilización cuando me di cuenta de que desde mi ventana puedo ver absolutamente todo el Cusco.

Solo espero que para la próxima vez que regrese mis fantasías tengan un poco los pies sobre la tierra, pero ya conozco mejor al monstruo que llevo dentro, así que para la próxima las cosas irán mucho mejor.

Un abrazo,

Fátima

Leave a Reply