Reiniciar
(los nombres fueron cambiados, porque se me dio la gana de cambiarlos)
- Solo lo volveré a hacer con aquella mujer que realmente ame - fue con esa frase que me enteré que no se negaba a los pedidos de las muchachas por puro engreimiento, era una promesa.
Su mamá era bailarina de rumba, mambo, jazz y los demás ritmos deliciosamente pegajosos del Caribe. Desde muy niño practicaba con él, le enseño a mover los pies, él aprendió a mover todo el cuerpo. Aprendió todos los ritmos, historias y mucha gente, acompañaba a su mamá al club donde trabajaba bailando, como en una película de los 70, con un traje con mucho chachachá y lentejuelas, un moño ajustado y rizos alborotados escapándose tras las orejas.
Hablar de su mamá le deja cierto dolor en el corazón, me cuenta que no pudo despedirse de ella al morir, fue allí cuando prometió no volver a bailar a menos que sea con una mujer que ame tanto como había amado a su mamá. Pero sonríe porque sabe que tiene una nueva oportunidad para continuar con su vida y ser ese alguien de quien su mamá se sentía orgullosa.
Me explica que quería ser abogado, pero que ya no puede. Ingenuamente trato de decirle que no es tarde, que todavía puede, querer es poder y bla bla bla. Él afirma: ¡No es tarde!, pero un abogado con antecedentes penales no sirve para mucho, dudo mucho que me acepten en la universidad, pero ya tengo otros planes, voy a estudiar para cheff. Mi cara con expresión de interrogación no puede ser ocultada, al parecer él quiere contarme su historia, no lo voy a detener.
- ¿Cuántos años crees que tengo?- , me pregunta, luce de 22, pero no soy buena para adivinar edades o rostros, entonces continúa. - Tengo 28, he estado en la cárcel 13 años, salí hace poco -. Hace una pausa, como quien decide si debería continuar o no, tranquilizo mi expresión. - Yo nunca he fumado, tomado, tampoco he estado en drogas, pero … en mi juventud me gustaban las armas… así llegue allí - . Sigo callada sin preguntar nada, evito cualquier tipo de expresión juzgándolo o compadeciéndome de él, simplemente debo pensar en nada, en absolutamente nada. Él continua - Yo pienso que en la cárcel uno sí se regenera, si es que uno se quiere regenerar claro. No puedes obtener algo sin quererlo -
Prosigue - el negocio de mi familia era la hojalatería, arreglar carrocerías, y esas cosas, perfeccioné la técnica en la cárcel. También aprendí a hacer otras cosas, a tallar madera, a modelar cosas en jabón, puedo hacer un velero completo todo en jabón. ¿Sábes cómo?… pocos saben el secreto, con una lija, se tienen mejores resultados con una lija. Primero disuelves el jabón y le das las formas externas, luego para los detalles y patrones usas una lija. Me dieron que ese tipo de cosas pueden venderse a buen precio, unos cuantos miles de dólares, pero yo sigo guardando mis modelados en jabón -
José prende la aspiradora, termina de limpiar el lugar y se va, me despido con la mano pues tiene los audífonos puestos. Cada día que puedo verlo me entero accidentalmente de cosas que no quisiera saber. Cosas como que tiene una hermana y sobrinos, sobre una loca dominicana que quiso casarse con él para conseguir residencia, le gusta mucho bailar, y lo hace, pero algunos ritmos los tiene reservados para su gran amor. Escribió una canción en hip-hop un día me la cantó, no soy buena para seguir canciones, pero la letra se oía bien, tal vez un día lo convenza de grabarlo y subirlo a Internet.
Hace un par de semanas chocó su carro, me pregunto dónde aprendió a conducir, si estuvo la mitad de su vida en la cárcel donde aprendió la cosas que se aprenden a esa edad, ¿en la cárcel?… o simplemente las postergó y las está aprendiendo ahora, tratando de recuperar el tiempo perdido. Pero él no parece de las personas que creen que existe eso que nosotros los tontos llamamos “tiempo perdido”.
Tal vez necesitemos más historias como ésta para empezar a vivir concienzudamente, solo tal vez, no pressure!.