Peligro: aprendiz al volante
Conducir puede ser una necesidad en el mundo moderno, pero obviamente es una necesidad a la cual no puedo satisfacer, por una simple razón: estoy mentalmente impedida para conducir.
He estado tomando lecciones de conducir durante la última semana y cada día que aprendo algo nuevo olvido lo anterior, como pisar el freno mientras veo si el semaforo cambio de color, y es que uno se da cuenta, tarde ,pero se da cuenta de que esas clases que ignoró en el jardín de coordinación psico-motriz sí eran necesarias, aprender algebra no lo es todo en la vida.
A nadie le importa si puedo leer una novela, hacer mis tareas, ver televisión, chatear y hablar por teléfono al mismo tiempo, si no soy capaz de seguir las instrucciones de mi profesor de conducir para hacer un simple giro a la izquierda.
Pero ingenuo él, cree que puedo cambiar de carril en el expresso, si me estoy muriendo de miedo con tanta velocidad, a quien se le ocurre que también puedo mirar al espejo, al costado, seguir con el pie en el acelerador y cambiar de carril, no tiene sentido, simplemente esa práctica es ilógica, imposible.
Imagino que el aviso de “peligro: aprendiz” que tiene el carro donde me enseñan a manejar en la parte de atrás hizo que la policía no me detuviera por casi chochar un carro en sus narices, pero el stress de la carretera y ocho potenciales víctimas a las cuales puedo chocar en cualquier instante no hace la tarea más sencilla.
Conducir requiere demasiado esfuerzo mental, he programado diez horas completas sin llegar a este estado de cansancio luego de una hora y media manejando y tratando de no chocar contra un árbol en el lado derecho, que por alguna razón me resisto a alejarme de. ¿Será porque el manual de conducir dice: si usted es super lento mantengase a la derecha?. A lo que mi profesor dirá: pero no en el expreso.
Pero a quien se le ocurre decirme que gire a la izquierda si no tego la más mínima idea de donde es la izquierda, tampoco asistí a la clase del jardín de cual es izquierda o cual derecha. Tal vez le pida la pulsera que tiene mi sobrino en la mano derecha atada para saber cual es la izquierda o cual es la derecha, pero mientras busco la mano correspondiente a mi izquierda y hay que poner la señal, que era hacia ¿arriba o hacia abajo?… ya olvidé pisar el acelerador o era ¿el freno?, y mi profesor dice que tengo que aprender todo eso.
Luego de tres lecciones, varios accidentes que no hubiera podido impedir si es que mi profesor no tuviera un freno en su lado del carro, mucho stress, dolor de espalda, y darme cuenta que las cosas en el espejo podrían estar mucho más cerca de lo que parecen o en la dimensión desconocida. Porque todavía no sé hacia donde mirar para saber si hay un carro en el carril izquierdo o derecho, siempre termino viendo el de atrás.
Valoro mucho, muchísimo el ejercicio que hace uno caminando y la transportación pública, sin importar cuán defectuosa sea. Que vivan los buses, los combis y los amigos que conducen cuando te llevan a casa.