Roberto Gutiérrez Poblete, luego de sus aventuras por las carreteras del Perú, se reincorporó a sus labores como curador del Museo de Historia Natural de la UNSA, supervisando el trabajo de sus tigres, verificando si todas las ranas y demás especies tenían todos los dedos completos.
Otro día aburrido dijo para si y fue a almorzar, una hamburguesa tamaño tribu, medio kilo de papas fritas y un litro de coca cola, cuando se preparaba para pedir un pie de manzana doble, recibió una llamada. Era Amanda en busca de colaboradores para un muestreo de Ranas en Marcapata [1]. Gecko pidió un minucioso reporte vía Internet del resto del equipo de investigación, el cual Amanda debería enviar en la noche.
Amanda había armado un interesante equipo, el cual describía así [2]:
Querido Gecko, este es el reporte que solicitaste por la mañana:
Al muestreo irán
* J. Amanda Delgado Cornejo, esta vez con mi perfil de herpetóloga, principal interesada por ser este mi tema de tesis.
* Edwin Bellota Villafuerte, agrónomo especializado en entomología. En general su vicio es fotografiar cualquier insecto en movimiento. Si quieres saber más sobre él, te paso su página web : http://el-batracio.blogspot.com/.
* Aarón Quiroz Rodrigues, herpetólogo, postulante a “tingre”. Creo que puedes pedir referencia de él a Roberto Gutiérrez Poblete.
* Roberto Gutiérrez Poblete (no confirmado), curador y curandero-chamán.
No mando, edades, pesos, tallas o universidades donde estudiaron, pues es información confidencial.
Atentamente,
J. Amanda Delgado Cornejo
Herpetóloga
Entomóloga ocasionalmente
Gecko recibió el mail esa noche, en una de sus sesiones de chateo libre y decidió ir al viaje[3].
Amanda planificó el viaje con varias horas de anticipación, tomará el bus en el Terminal terrestre y luego improvisarían el resto del viaje.
Bajaron del bus, luego del reconocimiento respectivo de su cargamento de bultos y comida para semana y media de expedición. Empezaron el largo camino por senderos y pueblos que son mencionados en el informe respectivo, que no es este, varias horas de agotadora caminata, con entrevistas con gente importante de cada poblado, anexo o aldea solicitando permiso para realizar el muestreo, finalmente llegaron a su primer destino, Sirihua, acamparon a medio metro de la carretera para asegurarse de que cualquier carro que pase cerca los despierte o arrolle.
Cada noche salían a realizar el muestreo de ranas, los cuatro, se ponían las botas, las linternas en la frente, apagaban el walkman con el casete de “José José” y partían en busca de su presa. Con los ojos abiertos y los sentidos al 200%, al llegar a la trocha empezaban con su tarea. Regresaban de madrugada al campamento junto al poblado y dormían como lirones hasta mediodía, pero había alguien que no siempre dormía como los demás lirones.
Gecko dormía un par de horas y luego deambulaba por los lugares cercanos, volvía a medio día, a desayunar. Se habían turnado en el quehacer doméstico para sobrevivir, así que siempre había alguien con un mandil y espátula. Todos miraban extrañados a Gecko pues nadie sabía donde había estado, pero a nadie nunca se le ocurrió preguntar, así que todos empezaban a sospechar de algo que no debían.
Por las tardes montaban las ranas, las embotellaba y las dejaban listas para el consumo humano, dicho en palabras cortas, las guardaban para sus propósitos posteriores.
Era hora de moverse, así que tomaron un cisterna para el segundo punto de muestreo, Iscaibamba. Un noble y amable conductor los recogió, pero parece que el noble y amable conductor estaba bajo el efecto de alguna sustancia psicotrópica, pues habían tantos baches que se golpearon. Gecko que tenia el hombro dañado luego de una lucha contra un grupo de caimanes, se golpeó el hombro antes mencionado, pero parecía que el golpe había aliviado el daño, pero no el dolor. Traduciendo nuevamente, el hombro volvió a una posición adecuada, pero el dolor por el golpe y el frío aumentaban cada vez más, pues el conductor del cisterna había decidido dormir en el lugar menos apropiado, sin pensar en sus pasajeros.
Llegaron a Iscaibamba, pero, el dolor del brazo fue tan grande que Gecko decidió regresar a Marcapata a buscar asistencia con algún colega chamán o en el peor de los casos con el médico del pueblo, mientras iba por el especialista veía las miradas de desconfianza de los pobladores, fue interceptado por media docena de comuneros y dos miembros de la ley, lo llevaron a la dependencia policial del lugar y entre todos fue interrogado. Fue acusado de asaltante, portador de armas, pishtaco, al parecer algunas historias habían llegado al pueblo, y las descripciones de los testigos que nunca hubieron se ajustaban a Gecko.
El negó todos los cargos, después de todo, él no recordaba lo sucedido en el viaje anterior. Pero algo en él había sido quebrado, movido, alterado. Sacó su identificación como investigador y colector de herpetos, volvió a Iscaibamba a terminar con la colecta y a informar lo sucedido al resto del equipo de trabajo.
Cuando se reunió nuevamente con los muchachos de la expedición, accidentalmente tocó una rana rosa, que le contaminó la sangre, haciendo que su personalidad de pishtaco saliera a la luz. Buscó a los muchachos y cantándoles versos los convenció, hipnotizándolos, de que lo ayudaron con ciertos muchachos de cierta comunidad que lo habían acusado de pishtaco, así que en un extraño rito que solamente podían participar 4, Gecko los hizo parte de la banda del pishtaco, prometiendo solemnemente en mudo silencio guardar el secreto que los unía en extrañas noches de luna en cuarto menguante con alineación planetaria con Mercurio.
Algo salio mal en el rito, pues un quinto participante ausente en el lugar de los hechos había sido afectado por rito, pero nadie se dio cuenta hasta el siguiente día de cuarto menguante[4].
Al día siguiente, Gecko se levantó temprano y despertó a los demás de “la banda del pishtaco”, era hora de ir al tercer lugar del campamento. Fueron a Chikes y cierto día que salieron a una de sus colectas, Edwin extravió el GPS, objeto muy valorado y preciado por ser éste prestado. Aaron y Gecko tuvieron que detener a Amanda, pues estaba a punto de estrangular a Edwin, intentaron tranquilizarla, pero había salido de si, perdido el control y parte de la cordura. Tuvieron que darle un par de bofetadas para tranquilizarla, ya tranquilos fueron al pueblo más cercano a Chikes en donde todos fueron, resaltemos el TODOS, todos fueron acusados de pishtacos.
El pueblo andaba enardecido, un gran aura de agresividad los rodeaba a todos, los muchachos se asustaron, prestos al pánico y a la luna en cuarto menguante desaparecieron al pueblo entero, cuando reaccionaron se vieron rodeados de aproximadamente ochenta cadáveres, no había quedado mujer, niño o anciano que pueda ir a contar lo ocurrido en ese lugar.
No supieron que hacer, no sabían lo que había pasado imaginaron que algún grupo de asesinos ocultistas. Gecko que empezaba a comprender lo ocurrido, encantó a la banda nuevamente para aprovechar la materia prima que tenían allí, destilaron la médula cefalorraquídea de los cadáveres para obtener esencia de una morfina altamente valuada en mercados muy selectos de “yupies”. Embasaron en un vialé la esencia obtenida, tomaron mochilas, baldes, carpas y sleepings y se marcharon.
Caminaron algunas horas antes de recuperar sus mentes, las cuales habían sido sobre escritas, olvidando el último lugar del muestreo, reemplazando la información por otro lugar con una distribución de flora y fauna muy similar, aunque todos sabemos que si realizamos un estudio de la zona viendo los índices poblacionales de herpetos la información será inexacta e imprecisa, pero de eso ya se encargará Gecko.
Llegaron a Cusco luego de un día de viaje, todos se despidieron guardando un secreto que todos y nadie sabía. Manteniéndose a salvo.
La población devastada fue descubierta una semana después, la ausencia de la médula cefalorraquídea hizo que el equipo de investigación tuviera que realizar un par de llamadas al nuevo equipo de los Expedientes Secretos X, quienes empezaron a buscar en e-Bay cierta sustancia en venta. Pero toda ya estaba vendida, se resignaron a seguir usando mixtos de heroína y marihuana[5], pero esa es otra historia. Cerraron el caso por falta de evidencias.
[1] puna húmeda, casi ceja de selva. Reclamos de la precisión de este dato a quien corresponda.
[2] me tomé la libertad de traducirlo.
[3] aunque antes había recibido una llamada por el teléfono rojo en la cámara secreta.
[4] pronto a publicarse: El quinto de la banda del pishtaco.
[5] solicite la receta aquí.