la continuación a la última divagación

March 11th, 2011

Estaba en la estación sentada en posición “Forrest Gump” y entré en trance recordando cosas bonitas. Nadie se sentó a mi lado para que le cuente la historia de mi “Jenny”. En medio del trance alguien me sacudió, estaba tan atontada que mi normal paranoia de ser asaltada por algún ladrón de estación de tren no se activó y no pude aplicar la maniobra de defensa personal que siempre practico. Era Federico preguntándome si yo era yo, que Boby le había enviado fotografías, pero quería asegurarse que era yo y no la gemela malvada a la que le culpo de ciertas cosas que me avergüenzan reconocer como propias. Me reí de la descripción que Boby utilizaba, pero no puedo negar que siempre es bueno tener una gemela malvada que hace cosas de las cuales no nos sentimos muy orgullosos y que escapará a las Islas Caimán de ser necesario.

Federico sonreía inocentemente al hablarme, lo hacía como si nos conociéramos de toda la vida. Era algo incómodo para mis estándares de “nos acabamos de conocer. Hello!”. La incomodidad duró algunas horas, lo normal son meses. Federico es pintor, decidió irse a España a apurar el proceso de alcanzar la fama y con suerte fortuna, cosa que le tomaría menos tiempo fuera de Perú de acuerdo a la última encuesta realizada entre amigos y parientes. Le había ido bien con lo de alcanzar la fama, pero no tanto la fortuna, pero me aclaró que al ser pintor no famoso uno aprende a estirar el presupuesto. El taller de Federico era como el taller que uno imagina tener si fueras pintor. con muchos cuadros en las paredes, algunos en proceso, otros apilados en una esquina, miles de gamas de colores en toda la habitación, estantes con pintura y paletas. Al ver sus pinturas me quedé por varios minutos en un estado de “wow”, hasta que Federico volvió a sacudirme comentando que soñar despierta no era bueno para la salud. Luego de mostrarme la parte del taller que me correspondía y darme una taza de café nos sentamos a conversar de lo triste que es la vida, o al menos yo conversé de lo triste que es la vida. Mientras hablábamos iba liberando mis demonios, hablar de los problemas es buena terapia, pero cuando yo hablo de mis problemas y penas, hablo y hablo y hablo, hasta que termino contando cuando era pequeña y mi pasión era resolver multiplicaciones largas.

Mientras hablaba y hablaba, Federico iba cambiando de posición en su taller y yo iba siguiéndolo con mi cháchara de telenovela Venezolana de bajo presupuesto. En un momento me mandó a callar y me dijo que me preparase para irnos de viaje. Mi normal sentido de aventura y desinterés me hizo empacar dos mudas de ropa, pasaporte y dinero en la mochila sin preguntar a dónde o si necesitaba algo. Dos horas después bien abrazada a Federico íbamos en una motocicleta rumbo a Valencia.

Finalmente llegamos a Valencia, tenía la espalda y las piernas entumecidas, no por el viaje, sino por el temor de caerme de la motocicleta durante la larguísima travesía. Llegamos a un puerto en Valencia y allí tomamos un ferry hacia Palma, otro tanto cruzando Palma en motocicleta y de allí un bote a Menorca. Al ver el letrero de “Bienvenido a Ciudatella-Menorca” al bajarnos del ferry recordé a Bryce y puse la sonrisa más tonta que pude. Todavía la pongo cuando recuerdo haber pisado Menorca.

- ¿Qué recordaste? – me preguntó Federico.
- Divagaciones mías, o divagaciones de Bryce. Este lugar está en mi lista de los 1000 lugares que visitaré antes de morir, imagino que ya puedo sacar algo de mi lista.
- Qué lugar está en el primer puesto
- Cuba
- Pero, si es más sencillo ir allá
- No tanto, especialmente si solo quiero ir y no hago nada para ir. Tal vez llegue a Cuba como llegué aquí. Por pura casualidad.
- Qué lugar está en 2o puesto
- Todos los demás, mi prioridad en la vida es conocer Cuba
- Boby tenía razón, eres rara
- Nada más un poco.

Volvimos a la motocicleta y fuimos hacia la playa, era media tarde y nos detuvimos a comer. Podía tachar algo más de mi otra lista: “comer paella”. Hace años que hago listas con las cosas que quiero comer, lugares que quiero visitar, cosas que quiero ver, gente famosa que debo conocer y cosas que quiero aprender. Demasiadas listas y poca voluntad para ir completándolas. Luego de comer regresamos a la playa, estuvimos viendo eternamente el atardecer, el sol se fue y seguíamos allí. Yo no sabía si preguntarle cuánto

tiempo estaríamos allí, o a qué hora nos iríamos. Así que decidí quedarme callada y no pensar. El cielo se llenó de estrellas y había una casi llena luna en el cielo oscuro. Federico se levantó y me dijo que ya era tiempo. Se quitó la ropa hasta quedarse en shorts y se metió al mar. Tantas películas vinieron a mi mente, el agua que brillaba como en las películas, me llamó para meterme al agua, pero todavía no había tachado de mi lista el “aprender a nadar”. Me acerqué al agua y me metí hasta las rodillas. Mala hora esta para no saber nadar.

Cuando le conté que no sabía nadar y que el mayor temor de mi vida era morir ahogada Federico rió sin control. Se puso la ropa sin secarse, mientras yo me horrorizaba por ver a alguien hacer eso, muy irresponsable de su parte. Pero recordé que yo también vivo muy irresponsablemente, así que prefería callar y continuar con la aventura. Regresamos a la ciudad a buscar un hotel barato donde dormir, ni siquiera tuve tiempo de mi reflexión y me quedé dormida como piedra en los placenteros brazos de Morfeo. Al día siguiente Federico me despertó diciendo que tenia 10 minutos para alistarme. Cómo si realmente fuera posible que alguien pudiera alistarse en 10 minutos. Me bañe y vestí en 10 minutos, todavía no sé si pueda volver a hacer algo así, está incluido en mi lista de logros sorprendentes.

Fuimos a caminar por la ciudad con un mapa en la mano, conocer lugares interesantes, históricos y por alguna razón perturbadora cada vez que alguien pasaba paseando a su perro Federico se detenía para saludar y acariciar al perro en cuestión. Comprendí eso de “animal lover” y “dog person” al ver a Federico acariciar los perros de la ciudad, es raro ver algo así. Federico me contó que una vez había adoptado un perro que sufría los maltratos de su familia, pero tuvo que regalarlo a un amigo porque no le permitían perros en su taller, pero iba a visitar al perro cada semana llevándole comida. Imagino que muchas veces él deja de comer para llevarle comida al can, supongo que ese es un sacrificio que no todos están dispuesto a hacer.

A media tarde luego del tour por la ciudad y algunas playas, Federico se tiró bajo el sol y se quedó dormido. Yo estaba tratando de dormir, tomar sol y broncearme parejamente cuando vi que al fondo de mi mochila estaba mi portátil. Fue un grave error revisar mi correo electrónico en mi situación. Más de 30 correos nuevos, 29 eran publicidad, y uno era de él. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y ni siquiera pensé en la posibilidad de no abrirlo o borrarlo, antes de que mi razón actuara ya estaba leyéndolo.

Una oración ¿Todo bien?, ni siquiera había asunto.

Pues todo estaba bien, estaba en Menorca tomando sol con un galán a mi lado. Había conocido muchos lugares y hecho varias cosas de mis listas, ya le había perdido el miedo a la bendita motocicleta aunque sabía que me costaría sentarme por algún tiempo. Todo bien, muy bien. Pero vino a mi mente la sensación de que todo estaría mejor si él estuviera a mi lado. Le di al botón de responder y cuando me preparaba a escribir, simplemente mis dedos se quedaron en el teclado y no pude poner palabra. Cerré la laptop y fui a buscar algo de tomar.

Al día siguiente le pregunté a Federico si podíamos ir a las Islas Baleares y me sentí muy tonta cuando me dijo que estábamos en una de ellas y que nos faltaban 48 playas por visitar. Ignorante yo, para variar. Fuimos a Son Bou a ver las playas y lugares turísticos y demás cosas que la gente que no conoce un lugar hacer, mirar por aquí y por allá, caminar por aquí y por allá, tomarse muchas fotografías y comer todas las cosas extrañas del camino, bueno, no creo que todos hagan lo último, es curiosidad gastronómica mía la de comer cosas extrañas del camino, incluyendo frutas desconocidas de arbustos desconocidos. En la noche regresamos a Ciudatella, Federico me dijo que al día siguiente iríamos a Mahón que posiblemente estaría invadido por turistas, pero que de allí podíamos ir en un solo ferry de vuelta a Valencia y luego me daría el Tour por Granada.

Salimos temprano y efectivamente Mahón estaba lleno de turistas, porque cerca había un aeropuerto y solo los valientes tomaban el ferry de 14 horas desde Valencia. El ferry salía en la noche, así que tuvimos tiempo de visitar más lugares y más playas, comprar recuerdos para los amigos y la familia, y comer más cosas extrañas. Las mejores vacaciones de mi vida.

Llegamos a Granada al apartamento/taller de Federico y mientras cocinaba me contó que cuando uno es artista y no tiene mucho dinero tiene que arreglárselas para comer de vez en cuando. Su última técnica era organizar cenas con los amigos, invitaba a varios amigos a cenar y les pedía que lleven algo. todos llevaban algo y la aportación de Federico era preparar la cena. De vez en cuando vendía sus cuadros, pero como le tenía mucho cariño al vino y a su perro el dinero no le duraba mucho. Estabamos comiendo el mejor “spaguetti misio” que había comido en mi vida cuando alguien tocó la puerta. Y cual telenovela Venezolana mutada con drama Koreano, Federico fue a abrir la puerta y era mi amado al otro lado.

Antes de procesar la información Federico me dijo que él le había escrito desde mi correo y le había dado su dirección. Que el tour por Granada quería pendiente para el día siguiente, y que necesitaba hablar con mi amado. Fiel a mi incomodidad natural, me quedé callada, mi amado me dijo para ir por un café, estábamos callados frente a frente, yo miraba sus manos alrededor de su taza y recordé el día que lo conocí, con sus manos alrededor de un helado, que de vez en cuando sacaba una cucharada lentamente. ¿Cuántos años hacía de eso? Estuvimos callados por un buen tiempo hasta que la mesera se acercó a preguntar si queríamos más café, ambos dijimos que si, y seguimos callados hasta el siguiente café.

- So…
- ¿Uh?
- Digo, ¿Por qué viniste?
- Por qué no me dijiste que estabas en España
- Porque me dijiste que…, pues lo que me dijiste, ya no tenía mucho sentido contarte que estaba a la vuelta de la esquina con mi maleta y mis sueños rotos, o si.
- Es que hemos estado lejos por tanto tiempo que parecía que lo mejor era desistir.
- ¿Era?
- Las relaciones a distancia son tan complicadas y difíciles.
- Pensé que la nuestra era diferente.

Hubo otro largo silencio y esta vez sin café.

- ¿Estás quedándote en un hotel?
- No, tengo que regresar esta noche
- Para que viniste entonces
- Tenía que hablar contigo, no quería dejar las cosas así.
- Así, ¿cómo?
- Tú en España, pensando que soy un idiota porque malogré tu visita sorpresa.
- No te preocupes, Federico me hizo pasar las mejores vacaciones de mi vida. Con el tour a Granada de mañana, podré publicar esto en facebook y tal vez contar a los nietos que no tendré sobre este viaje.
- Siempre positiva
- Siempre
- Realmente no sé que hacer con toda esta situación. Imagino que al regresar a Cusco voy a sumirme en la mayor depresión de la historia y contarle mi drama a medio universo. Odiarte por algún tiempo y luego continuar con mi vida. ¿No es como ocurren las cosas? Va doler, pero no eternamente.
- Lo siento
- No lo sientas, no es tu culpa que sea tan ilusa.
- Eso sí.
- Nunca pierdas el sentido del humor. A qué hora sale tu vuelo.
- A las 6.
- Ya son las 4:30, vas a perder tu vuelo, es mejor que no vayamos.

Pagó por los cuatro cafés y decidimos ir caminando hacia el aeropuerto. En una esquina al preguntar por direcciones una mujer nos dijo que el aeropuerto estaba hacia el otro lado, habíamos estado yendo en sentido contrario. Le dije que tomara un taxi, pero no aparecía ninguno. Me tomó de la mano y fuimos corriendo hacia el aeropuerto. Mi mente estaba en cierto trance incómodo mientras corría, pensaba que todo era tan anormal en ese momento, que debería detenerlo, luego ir a visitarlo, decirle algo, que no pensaba desistir, que no podría olvidarlo. Pero él solo corría. Pasamos por un calle empedrada muy parecida a las de Cusco, le di un vistazo rápido a la arquitectura y en el camino me atravesé con una cámara, me quedé mirándola fijamente hasta que ya no me dio el cuerpo en la carrera hacia el aeropuerto. Llegamos al aeropuerto y nos despedimos con un larguísimo abrazo sin saber que decir, sacó su pasaporte del bolsillo de su pantalón y fue corriendo hacia la puerta de embarque. Mientras yo estaba detenida viendo su figura disiparse rápidamente por culpa de mi miopía.
Finalmente un larguísimo suspiro salió de mi pecho. Salí del aeropuerto y tomé un taxi hacia el taller de Federico preparándome psicológicamente para ver al otro Federico.
Volví, aquí me tienen con la imagen detenida en el televisor. Con insomnio. Sin poder olvidar ni voltear la página de mi vida. Todavía no disfruto de la poesía de Federico García Lorca y posiblemente nunca lo haga. Todavía hay canciones que no puedo escuchar y todavía suspiro largamente en lugares y fechas que me lo recuerdan, incluso cada vez que me conecto al Messenger y sé que su nombre nunca va aparecer en la lista de “contactos conectados”.

Nota: Todo esto es producto de mi enfermiza imaginación y la ayuda de google.

más divagaciones

January 19th, 2011

Estaba viendo televisión tratando de quedarme dormida por el efecto atontador de la televisión, eran las dos de la mañana y no podía dormir, nisiquiera un bostezo me de la ilusión de que pronto podría dormir. Escuché un teléfono, no conocía ese timbre, ¿sería del vecino?, el sonido era demasiado cercano, miré bien y era el teléfono de casa. Dejó de timbrar. Mientras pensaba quién podría haber llamado, o por qué todavía tenía ese teléfono, justamente a ese teléfono y a esa hora empezó nuevamente a timbrar.

- ¿Alo?
- Hola Fátima, soy Amanda
- Pasó algo?
- No, si, no sé, te llamé al celular, pero debe estar descargado. Para variar. Y como era pseudo-importante, no podía enviarte un mail o esperar hasta mañana.
- mmm …
- Te ví en una película.
- Sigues tomando esas pastillas de colores?
- No. Es cosa seria. Estaba viendo televisión y estabas allí en la película
- Qué película?
- “Coincidencias”.
- Pero yo nunca actué en una película, habrá sido alguna de mis gemelas diabólicas.
- No, ¡eras tú!
- Claro, en una película. Tal vez era en mis épocas de drogadicta o estaba alcoholizada.
- Pero solo apareces un toque, corriendo con alguien que no conozco.
- Corriendo con un desconocido… hasta parece basada en la vida real.
- Te lo digo en serio.
- ¿Cómo dices que se llama la película?
- “Coincidencias”
- Raro, ¡Super raro!
- Bueno, tengo que terminar de ver la pelí, esta muy interesante, ¿volverás a aparecer?
- Yo que sé, hice tantas escenas, nunca supe si las pusieron todas.
- La gente de edición es muy cruel.
- En particular si no sabes que actuaste en una película.
- Hablamos mañana, pon a cargar tu celu, besos, bye
- Bye, beso

Pensé que era otro viaje de Amanda causado por la falta de sueño, pero la que no tenía sueño era yo, busqué en todos los canales y encontré la película, estaba terminando, y nada me parecía familiar. Definitivamente no recordaba haber actuado en alguna película, varias veces estuve tentada de ir como extra, pero era demasiado vaga para acercarme a las locaciones y enviar mis fotos y esas cosas. Ademas esa película no parecía haber sido hecha aquí, se veía muy europea. Seguía con insomnio y cada minuto mi humor empeoraba, necesitaba dormir, solo un poco. Prendí el computador, y busqué en internet “concidencias+pelicula”, estaba allí la base de Datos de todas las películas existentes, había más de una que se llamaba coincidencias, leí una a una el resumen, hasta que la encontré.

Era una película con mucho presupuesto y mal libreto, o mal argumento, el argumento no era importante, pero la locación , sería que … puede ser. La película había sido rodada en Andalucía, yo sí estaba allí hace tres años, pero porqué entonces aparecía en la película. Busqué en Internet un rato más y encontré la película, la descargué, la recorrí de principio a fin, de fin a principio, pero no me encontré en ninguna parte. Tenía que verla completa. Total y no tengo suenía sueño, una película más no me va matar. Puse la película hasta que en el minuto 54: estaban allí, los heroes o protagonistas de la película caminaban por la acera de una ancha avenida en Andalucía, hablando de sabotear el gobierno de alguien, que fráncamente, no me importaba quién era. Y me vi a los ojos.

En blanco y negro pasaron corriendo dos figuras, parecían estar huyendo de algo o alguien o dirigiéndose a algún lado muy de prisa. Una de las personas corriendo era yo, la otra persona era la causante de mi insomnio desde hace tres años. Paré la película y me vi cara a cara, detuve la imagen para estudiarla, de él solo pude ver su perfil en la sombra del atardecer, me tenia cogida de la mano, las figuras incluso detenidas lucían apuradas. Continué viendo la escena, es seguro que me di cuenta que allí estaba la cámara, porque giré el cuello mientras corría y me le quedé viendo fijamente hasta que no me dió para seguir mirando en plena huida. Pero ver mi expresión en ese momento, tenía cierta desolación o tristeza que verme, me causó escalosfrios y cada vez que la recuerdo me llena una sensación de desolación espeluznante. No terminé de ver la película, me quedé viendo la escena una y otra vez hasta que me quedé dormida.

Era diciembre y hacia calor, las lluvias molestaban como de costumbre y yo estaba frente al computador a media noche esperando lo inesperado. Esperaba que al otro lado del mundo sean las 9:00 a.m. y que mi amado se conecte al Internet cuando llegue a su trabajo y me diga “buenas noches” para ir a dormir. Hacía tiempo que nuestras conversaciones se habían reducido a la despedida antes de que el otro se vaya a dormir o a una corta conversación para deliberar sobre los dilemas de la vida. Pero todo eso era suficiente para que cada día sea un dia feliz, al menos para mí.

Luego de una relación sin relación, conversaciones cortas por el chat y un mensaje de texto por año, había conseguido mi propósito: ahorrar suficiente dinero para escaparme dos semanas y reunirme con mi amado. Había estado un buen tiempo planificando como decirle, pero preferí darle una sorpresa. Me imaginaba llegando a su apartamento usando una bufanda y una gorra azules que había tejido para él el año anterior y que nunca tuve valor de enviarlos por miedo a que no le gustaran y morir de la vergüenza por cursi. Me imaginaba su cara de sopresa al verme en su puerta con mi pequeña maleta con rueditas y esa expresión aniñada con la que imaginaba que él me veía. Imaginaba un largo abrazo sin palabras ni por qués y generalmente allí terminaba mi plan corto llamado visita sorpresa.

Dejé todo, aunque todo no era mucho. Me despedí de m madre, de mis hermanos, de mis amigos, le dije a mi jefe que regresaría en dos semanas y con mi sonrisa de oreja a oreja tomé el avión a los brazos de mi amado. En el avión verifiqué en mi folder que todos los documentos que necesitaría tuvieran copia doble, una impresa y otra escaneada en mi correo electrónico. Los pasajes de avión, los pasajes de tren, las reservaciones del hotel, el diccionario con frases comunes, todo estaba en orden. Revisé el cronograma por veinteava vez hasta que la aeromoza me dijo que apague mis “aparatos electrónicos” porque el avión iba a despegar. No tuve estómago para comer nada porque la ansiedad o emoción no me lo permitía.

Llegué a Barcelona en la mañana y tenia que esperar el tren de las 12:00, tenía tres horas para hacer algo, pero lo último que se me ocurrió fue visitar la ciudad o las maravillosas cosas que nunca vi de Barcelona, algunas personas ya me han golpeado por eso. Lo que sí hice fue entrar al primer café con conexión a Internet, me reporté con Boby, contándole lo largo del viaje, el dolor de espalda y el bulto innecesario en la cartera de la chalina y el gorro tejidos a mano. Cuando de pronto, el esperado inesperado se conectó.

- Que haces despierta tan tarde?
- Cuál tarde, si todavía hay sol, las gallinas siguen despiertas
- Debe ser tu protector de pantalla
(En mi zona horaria normal, eran las 3:00 de la mañana y obviamente el sol solo debia estar en mi protector de pantalla)
- Ha de ser la luna que entra por la ventana y esta muy brillante
- y qué haces despierta tan tarde
- Haciendo hora
- ¿Hasta que amanezca?
- Sí, algo así
- “algo así”
(Allí se me ocurrió ver su reacción si le daba una sorpresa, pero no le daría muchas pistas)
- Estaba pensando en ir a visitarte.
- Por qué?
- ¿huh?
- ¿Porqué quieres visitarme?
- Para verte, quiero verte, no sé, un par de semanas en el verano, ir a la playa, por helado, jugar solitario
- Y ¿Porqué quieres hacer eso?
- Jugar solitario mientras se come helado puede ser una de las mejores experiencias del mundo.
- Casi tan emocionante como contar las hojas en el parque.
- Eso solamente en verano, tu departamento tiene vista al parque?
- No me cambies de tema. ¿Por qué quieres verme?
(Tenía la sensación de que estabamos en dos conversaciones completamente distintas, asi que le puse algo de contexto a la conversación)
- Recuerdas una vez me dijiste que querías casarte conmigo y te dije que con la condición de que tus medias combinen con tu traje y tu me dijiste que yo iba a tener la tarea de conseguirte unas medias que combinen… pues pensaba que si vamos a las Islas Baleares no necesitarías medias, pero si necesitaremos tres testigos
(Un largo silencio en el messenger, aunque no lo crean existe silencio en el messenger, es cuando miras el recuadrito sin mensaje nuevo y dice que tu contacto esta escribiendo algo, pero el mensaje nunca llega, muy frío silencio, sabía que estaba alli, no podía haber ido por una taza de café en medio de esta clase de conversación)
- No creo que podamos hacer eso.
- ¿Lo de las medias?
- Y todo lo demás
- Claro… de todos modos nunca estuve a favor del matrimonio.
- Desiste de eso…
- Ya desistí
- Tengo una reunión con mi jefe, ¿Hablamos luego?
- Seguro, estaré conectada en el horario acostumbrado. En el mismo bati-canal.

Es así como mi mundito con un único propósito se derrumbó. Estaba varada en Barcelona, sin saber qué hacer, qué decir, a quién quejarme, o un hombro cerca para llorar. Hasta que vi la luz, no la luz, la venita anaranjada con una conversación pendiente con Boby, esperando que termine mi informe detallado sobre mi llegada a tierras españolas. Le resumí mi situación “mi amado me dijo que desista de mi amor”, finalmente el resumen para el resto de interesados terminó en que me dijo que “desista”. Sad, triste, cruel, mundo cruel. Ahora me quedaba … nada, no me quedaba nada, oh mundo cruel, oh mundo cruel, mundo cruel, cruel.

Fue a mitad de mi propia tragedia griega, en medio o al costado de Barcelona, que Boby, muy sabio, me dijo que culmine con mis planes sola. “No way José, digo Boby, no way”. Dos dias de mi itinerario eran ir a visitar el pueblo donde vivía mi amado, luego las Islas, luego regresar casada comiendo perdices. Todo mi viaje desde que me baje del tren estaba planificado para dos, no para uno, es como jugar en un subibaja solo. Estaba buscando en internet la manera de cambiar mi vuelo de vuelta para el mismo día sin tener que hablar con un representante humano, odio hablar por teléfono. Pero no lo encontré y mientras tomaba valor para llamar y devolver los pasajes de tren y demás madres Boby terminó de convencerme.

- Ya tienes el dinero, ya estás allá, ya pediste permiso de tu trabajo, ya te despediste de todo mundo, ¿Cómo vas a regresar?
- Pero, como voy a hacer todo eso sola, el plan era para dos.
- Pero aprovecha .
- Pero no te das cuenta que tengo el corazón hecho anticucho, como me puedes decir eso.
- No seas “lorna” Los dias que ibas a visitar a tu amado te quedas visitando Barcelona, debe haber mil lugares para conocer allá
- Podría visitar Barcelona. No. Ya dañaron Barcelona para mi.
- No seas tan dramática.
- Sad, sad, sad, mundo triste y cruel, muy cruel.
- No vas a poder vender ese libreto en ninguna parte.
- Pero no quiero
- Piénsalo un par de horas, tómate un café, lee algunas porquerías de esas que lees, y recien tomas una decisión.
- No quiero
- Si quieres
- No quiero
- Te doy un gigantezco abrazo electrónico y te vas de tour por allí y por allá, recuerda que esperaste como mil años para conocer esos lugares.
- Cierto.

Oh crueles Dioses del Olimpo, ¿Por qué un castigo tan cruel? ¿Por qué?. Estaba en medio de mi monólogo cuando Dios, el de los Israelitas, me mandó una señal: un afiche de la película “Little ashes”, alias “Cenicitas”, alias “wtf”. Pensé que no solo Barcelona estaba en mi lista de lugares que nunca jamás deberia volver, sino todo España, porque a lo largo de mi horrible vida he visto tantas películas y que planificado mi existencia visitando cada esquina que quería visitar que simplemente, todo me recordaba al “desiste”, pero había algo en la cara del actor de Federico García Lorca que removió mi lado literario, el escritor frustrado que llevo dentro y que trato de rescatar cuando hago comentarios en el facebook, especialmente cuando comento que “Odio la poesía”. Oh Dios ¿Por qué estoy negada para la poesía? ¿Por qué?

- García Lorca me está mirando – le escribí a Boby
- y a mi Cesar Vallejo
- y a mi … no se me ocurre otro poeta o escritor con final triste.
- Ha de ser porque no conoces ninguno, porque debe haber un millón, antes estaba muy de moda ser poeta con final triste
- Boby no seas cruel, aparte de tener el corazón hecho anticucho soy una ignorante
- Bueno sí, pero regresemos a la parte en que fumabas algo y veías a García Lorca
- No fumé nada, es un poster de la película con Dalí.
- Deberíás ver esa película, allí vas a aprender mucho de escritores.
- Ya la vi, y lo único que recuerdo es una playa en alguna parte del pueblo de García Lorca.
- Andalusia
- Let me wiki it!
- …
- Sip, Granada, Andalucía, España, Europa… junto al huevo donde está el corazón del gigante sin corazón. Deberías dejar de leer cosas en Inglés, Andalusia no va con S.
- Qué piensas hacer con respecto a García Lorca
- No sé qué hacer Boby
- ¿Segura que no quieres un tour por Barcelona?
- Completamente
- Puedes ir a Granada, te contacto con un amigo que tengo por allá, debe haber algo de Garcia Lorca por allá, se llama Federico.
- Muy gracioso
- Es cosa seria, se llama Federico.
- La mitad de Granada debe llamarse Federico.
- Entonces arregla todo para ir a Granada, yo hablo con Federico.
- Uy si, tu y tus amigos Europeos
- Te cuento que Fede no es Europeo, es Argentino
- No way josé, no way.
- Mentira, es peruano, más peruano que Toledo.
- Veré para cambiar mis pasajes de tren entonces.

Me despedí de Boby, fui a devolver los pasajes, llamé a la compañia que me vendió los boletos a las Islas Baleares para devolverlos, cancelé las reservaciones del hotel y tiré a la basura mi folder lleno de planes. Luego recogí el folder para sacar mi pasaporte de adentro y lo volví a tirar. Compré un pasaje sin retorno a Granada y le envié un e-mail a Boby con el itinerario para que Federico me busque en la estación del tren de Granada. Fueron interminables 11 horas de viaje, por qué pensé en mis fantasías que Granada estaba a media hora de Barcelona, mi profesora de geografía tenia que pagar el costo de semejante ultraje. 20 minutos luego de subir al tren me puse a escuchar música, cambiaba de canción cada 5 segundos, porque cada canción me recordaba la triste historia de mi vida, o del día. Estaba abriendo la ventana del tren para tirar mi iPod cuando alguien me dijo que le hacía frío, así que tuve que apagarlo y ponerlo de vuelta en mi bolsa, de todos modos era cuestión de cambiarle de música, algo de rap y metallica no me caerían mal. Una hora después, mirando el paisaje en la oscuridad y la gente dormida saqué mi portatil y borré toda la música que me recordaba a mi amado, casi toda mi música, me quedaron tres grupos impresentables que terminé sincronizando a mi iPod, se acabó la batería y saqué un libro de la bolsa, tenía una dedicatoria en la contra tapa, arranqué la contratapa, la rompí en pedazos diminutos y me puse a leer el libro. Me dio sueño y me di cuenta que lo mejor era comprar un asiento en la clase preferente, no uno en clase turista, el asiento era tan incómodo que terminé acolchonando mi sueño, muy a mi pesar, sobre la bufanda y gorro que había tejido.

Fue un viaje largo y penoso, tuve pesadillas toda la noche y un muchacho que estaba sentado a mi costado me preguntó porque sollozaba durante la noche, le dije que había muerto mi abuela y que iba a su entierro. Me creyó, no lo sé. También me dijo que tenia la cara marcada con los puntos de la lana de la bufanda, esa bufanda, me toqué la cara y se sentía una trama incómoda. Fui al baño y tenía la cara con la trama de los puntos de la bufanda, y tenía el mentón todo raspado por la lana. Al bajar del tren olvidé accidentalmente la bufanda y la gorra en el tren, y accidentalmente me bajé al final para que ningún buen samaritano me los retornara, quería dejar accidentalmente el libro, pero quería terminar de leerlo, todavía podía brindarles ese último sacrificio a Alfredo Bryce y a Martín Romaña.

(continuará…)

Secuestraron a mi hermanito

October 11th, 2010

A todos los que no lo conozcan, “mi hermanito” tiene 20 años, mide casi 1.80 y pesa bastante, tiene el cabello castaño un poco despeinado, utiliza lentes y viste como quien no conoce el singificado de la palabra plancha. Responde al nombre de Nilo, para los familiares cercanos Mahatma, para los muy cercanos “negrito”, “gordito” y otras tantas cosas más.

Salió a la universidad temprano, siempre cuidadoso de no despertarnos, se fue sin decirnos adios. No sé que ropa traía puesta, pero traía una mochila negra.

A las 11 de la mañana alguien llamó a mi hermana diciéndole que lo tenían secuestrado, la dejaron sin aliento, prosiguieron a darle información suficiente para que se asegurara que era él, incluso dejaron que hablara con un lloroso Mahatma, que clamaba por su vida. Pero mi hermana en un momento de serenidad innecesario les dijo que si querían lo maten porque ella no tenía dinero y les colgó el teléfono. Ahora mi hermanito sigue secuestrado y yo tengo muchas dudas.

1. Si mi hermanito vive en Washington, USA. Por qué llamaron a mi hermana de Cusco para pedirle el rescate, entre las negociaciones y las llamadas a larga distancia, los ingresos netos del secuestro no será muy decente.

2. Sabrán los secuestradores que mi hermana está menos quebrada que yo. Aceptarán mis saldos bancarios de los últimos 6 meses como prueba de mi imposibilidad de pagar un rescate, debieron pedir mi crédito por internet, se los dan como por un dolar y se evitan los trámites.

3. Cómo le voy a contar a mi hermanito que ha sido secuestrado cuando regrese de la universidad.

4. Cómo convenzo a mi mamá de que no desespere con esas llamadas, la mantendrán con los nervios de punta por un tiempo.

5. Mi hermana realmente les habrá dicho que lo maten sabiendo que mi hermano estaba aquí o realmente esperaba que lo maten. Si me secuestran debo asegurarme que los secuestradores que no la llamen.

6. Hice bien al borrar las cuentas de hi5, facebook, twitter y hotmail de mis hermanos. Será esta es una señal para que no salga de mi casa?

Qué puedo decir, no se dejen secuestrar y si secuestran a algún ser querido asegurense de que no sea una vil estafa, comuníquense con su familia seguido, no dejen a su mamá todo el día, semana o mes sin noticias, aprendan karate, y capoeira, entrenen para la maratón, y no den su información a encuestadores, denle algo de privacidad a sus cuentas del hi5 y facebook; y finalmente, no sea paranoico.

De la conferencia y otras madres

June 29th, 2010

La semana pasada (tomese como referencia la semana pasada del algún día en abril) estuve presente en dos conferencias, la primera y la segunda, en ese preciso orden.
Una era de CAHSI, algo así como gente hispana en ciencias de computadoras, quieren que más gente hispana logre estudios graduados y conquistar el mundo, un plan que al parecer va creciendo. Fui en busca de inspiración, de temas nuevos en los cuales investigar y esas cosas, como motivación o motivación, o tal vez motivación. Saber que vale la pena lo que hago, que valdrá la pena y que el camino recorrido valió la pena, como quien dice encontrarle sentido a mi lectura. La gente que fue allá, los asistentes y expositores, todos los que hablaron tenían una trayectoria de vida tan extraordinaria, que simplemente me hicieron sentir miserable, eso definitivamente: fue malo.

Sentí lo mismo que ese día en el cual hice mi buena acción del día y llevé a un ciego a un pabellón de la universidad y me contó que él había estudiado para ser profesor y tenía dos especialides, que tenia muy buenas notas, que nunca había desaprobado un curso, hice una revisión mental de mis notas en la universidad y se me revolvió el estómago, me sentí culpable, pero la culpa es pasajera, viene con fuerza, te golpea, pero te recuperas demasiado pronto hasta el siguiente golpe.

La conferencia me hizo sentir más desorientada, me hizo dudar más de lo que hago y de lo que quiero hacer, y la depresión que me dio pues no me permitió hacer buenas conexiones con tanta gente importante y posibles “cartas de recomendación” en mi futuro académico y profesional.

Y bueno, la segunda conferencia, sobre “cloud computing”, genial, realmente el tema como no era para inspirarse ni ver que tanto ha logrado la gente en la vida sin tener un céntimo para empezar, fue super interesante, aprendí cosas nuevas, como que la mitad de la gente por allí eran profesores de varias universidades del mundo, con investigaciones alucinantes, de esas que tienes que fumarte dos palmeras para entenderlas. También había gente cuyas caras había visto alguna vez en la contrapata de algún libro de esos que te mandan a leer en la universidad, algo así como que Varguitas esté por allí hablando en una conferencia de literatura en la cual no esperabas ver ni a Renato Cisneros. Obviamente, lo más importante, todos tenían computadoras bien pequeñas y con cara de bien caras, y todos, o la mayoría estaban revisando el facebook :P . Al parecer, no era la única aburrida.

En los tejados

June 29th, 2010

Anoche recordé mi vida en los tejados del palomar. Le digo palomar a mi habitación en esa casa en Huayruropata, estaba en el espacio entre el segundo piso y el techo del departamento donde decidimos vivir ese año. Nadie más quería esa habitación, y como me gusta darle el gusto a los demás me quedé con esa. Tenía dos ventanas pequeñas que daban al techo del segundo piso, en el cual pasé mucho tiempo viendo las estrellas y pensando.

Anoche estaba sentada viendo videos en youtube, tal vez haya estado allí sentada 5 horas, nisiquiera me di cuenta que la luz del día se había marchado, estaba allí sentada atontada con las imágenes. Tuve que levantarme porque estaba muriendo de sed, cuando uno está drogandose con videos siempre llega el momento en que tiene que levantarse a beber algo, comer algo o ir al baño. Fui a la cocina y al regresar me di cuenta que había anochecido. Habían dos paralelogramos, formados por la luz de luna que entraba por las ventanas, en el piso de loza, miré por la ventana y había luna llena, estuve un tiempo con medio cuerpo fuera de la ventana, pero empezó a dolerme el cuello y regresé adentro.

Fue cuando recordé el tejado, mi hermano tenía la costumbre de tirar mis cosas por la ventana y tenía que buscar una escoba para recuperlas, pero una vez tiró algo hacia atrás y no podía ver bien y supongo que era algo importante, porque fue la primera vez que me animé a salir por la ventana, allá afuera sobre el tejado. Estaba algo asustada de que las tejas se desprendieran y también porque me dan miedo las alturas. Pero al mismo tiempo, el ver edificios, techos o árboles a los alrededores más cercanos era liberador. De pronto convertí ese tejado en mi lugar de desahogo, un lugar donde podía huir. Luego salía para ver las estrellas y la luna, o para ver el cerro del frente e ir viendo como las luces se prendían.

Pero lo mejor de estar allí era el viento frío del invierno y pensar, justo como ahora que puedo ver las estrellas y la luna, echada en el piso, con el aire tibio de invierno entrando por la ventana.

algo que escribi hace mucho tiempo

June 29th, 2010

Madre, debo confesar que he gastado hasta el último centavo que me diste en ese sobre rotulado con: “para emergencias”. Me avergüenza haber ignorado tus recomendaciones para racionar mi lectura, pues ya se acabaron los libros que traje para todo el año. También olvidé cerrar la puerta de mi habitación por dentro, pero es que las pastillas que me pediste deje de tomar me dejan tan dopada que nisiquiera logro meterme a la cama luego de tomarlas. Tampoco compré zapallo para hacerme dulce de zapallo para que no me de fiebre, pero es que ya encontré la causa de la fiebre: me está saliendo la última muela del juicio.

Es más, en lo único que he obedecido tus recomendaciones es en comer manzanas a diario, no lo hago por obediente, es porque la ansiedad de la distancia y la ansiedad de no subir de peso, van 1-1 gracias a la manzana.

¿cómo se hace para blanquear la mente? Tenerla vacía, dejar de pensar, proyectar o simplemente alucinar y cumplir con el objetivo.

Algunas veces

May 8th, 2010

Algunos días al despertar miro al cielo gris, respiro profundo para darme ánimos de salir de la cama, algunos días lo logro otros me quedo tres horas más, revolcándome entre las sábanas, luchando contra el sentimiento de culpa.

Algunos momentos tengo la intensa necesidad de volar, salir por la ventana, desplegar mis alas y volar hacia el mar, volar alto hasta sentir que el sol me quema las alas. Luego recuerdo que me dan miedo las alturas, pero la sensación de libertad calma cualquier miedo.

Algunas veces me cuesta respirar, tengo que echarme en el piso con la espalda y la cabeza completamente rectas para que aire fluya adecuadamente a mis pulmones. Cuesta y duele respirar.

Algunos instantes me duele pensar, cada pensamiento hiere mi ser y simplemente tengo que apagar mi cerebro y dejar de pensar. Principalmente dejar de pensar.

Empiezo a dudar de la efectividad de mis títulos

May 8th, 2010

Era uno de esos días, uno de tantos en los cuales tenía que desayunar de camino al tren, esperando el tren o dentro del tren, un vaso de café con sabor terroso y una rosquilla de anís. Llevaba un saco y una corbata anudada en un perchero, pues caminar hasta la estación del tren en saco y corbata era casi tan horroroso como trabajar todo el día en saco y corbata. Llevaba, también, un maletín muy gordo repleto de documentos y libros de la oficina, porque siempre llevaba material a casa para adelantar trabajo y aprender cosas nuevas, pero en su casa era absorbido por la desidia y siempre terminaba viendo televisión o jugando en la computadora. Era uno de esos días en los cuales uno se siente miserable y ya no conoce la razón, cuando las frustraciones se han acumulado al grado de llegar a la indiferencia. Este día no se fijó en el semáforo, no recogió la rosquilla de anís, dejó el cambio de 10 dólares como propina, olvidó pedir un poco de hielo en el café y al tomarlo se quemó la boca, sintió como el calor y el dolor pasaba por su lengua, su paladar, lastimaba su tráquea y se distribuía dolorosamente por su interior. No podía gritar, insultar o injuriar, había mucha gente esperando al tren y le habían enseñado que no era adecuado maldecir en público, tampoco en privado, simplemente no podía maldecir.

Subió al tren y lo vio repleto de tantos rostros conocidos de gente completamente desconocida. Vió a esa señora que sonreía a todos los que la miraban, como si les conociera de siempre, había cambiado el color de su cabello, pero tenía el mismo peinado de siempre; vio al enfermero calvo, siempre con su uniforme celeste, siempre calvo; vio a las dos secretarias chismosas que ponían cara de picardía o sorpresa mientras susurraban cosas; vio a varios estudiantes en uniforme que parecían continuar dormidos; y a todas las demás personas de siempre, era como una fotografía vieja, un cuadro que nunca cambiaba, todos se sentaban en los mismos lugares, todos se sentaban con las mismas personas; incluso los que iban parados, como él, iban apoyados en las mismas zonas de todas las veces. Mientras repasaba a la gente con los ojos, el tren empezó a moverse, llevó los ojos al mapa que estaba junto a la ventana, e iba verificando las paradas en cada estación.

La octaba vez que se paró el tren, vio por la ventana el nombre de la estación donde debía bajarse, su trabajo estaba justo cruzando la calle. Podía ver el tren desde su cubículo, cuando lo veía, se preguntaba hasta dónde llegaba el tren, si era solo uno que iba y venía o eran varios iguales, porque lo veía pasar varias veces al día. Estaba sujeto con el brazo de una de las tantas tiras de tela que colgaban de una barra pegada al techo, se abrió la puerta, salió una multitud de gente, todos apurados, colocando con urgencia celulares y libros dentro del bulto o la cartera, se escuchó la alarma de que la puerta se estaba cerrando y el tren partió hacia la siguiente estación. Cuando el tren partió, él seguía sujeto de la tira de tela, él seguía dentro del tren. Pensó que todavía era temprano y la necesidad de saber si habían varios trenes o era un solo aumentó, decidió ir hasta la última estación o continuar viajando unos 30 minutos más, si hasta ese entonces no llegaban al final bajaría y tomaría el tren de vuelta e iría al trabajo, si la ruta era muy larga seguramente habrían varios trenes.

Pasaron 10 minutos y vio un tren en la dirección opuesta, entonces, al menos eran dos trenes, pasaron 30 minutos más y vio otro tren en dirección opuesta, eran tres, habían pasado 40 minutos, pero él podría llegar tarde al trabajo y dar alguna excusa, él nunca llegaba tarde a su trabajo, posiblemente nadie lo reprendería. Pasaron 20 minutos más, llegó a una zona de la ciudad que él no sabía que existía, llena de edificios grises, descoloridos, sin gente o publicidad pegada a las paredes, totalmente desierta, una zona fantasmal, vio que era el único en el vagón, mientras el tren se detuvo por completo. Una especie de policía, bastante gris también, estaba tras la puerta del tren cuando esta se abrió, era muy pálido y la sombra de la estación con su traje azul le daban una sensación gris a su rostro, le dijo que era la última parada, y que tenía que bajar del tren. Se bajó y fue a la máquina de boletos a comprar otro para regresar, subió nuevamente al tren, nuevamente se topó con el policía gris, y le mostró su boleto de regreso.

El tren estuvo detenido por unos 10 minutos, reinició la marcha, dio un giro en U algo más adelante de la estación, una estructura ingeniosa la de los rieles o carriles que en gran parte de la ciudad estaban a 10 metros sobre el nivel del suelo. En cada estación el vagón fue llenándose, ahora habían nuevas caras, caras que empezaban el día a las 10, algunos con uniformes, pero ya no veía sacos y corbatas, vio dos trenes durante el transcurso hasta la estación cerca de su trabajo, él sabía que al menos eran tres trenes, pero se le había metido en la cabeza averiguar cuántos eran. Esta vez tampoco bajó, pensó que si alguien lo necesitaba con urgencia todavía podían llamarlo al celular, lo sacó del bolsillo para asegurarse que estuviese prendido y tuviera suficiente batería para un par de horas de ausencia, las que pensaba se demoraría averiguando el número exacto de trenes.

Observó el resto de la ciudad, calculó que los trenes pasaban cada hora, porque él los veía cada media hora, pero viajaba en dirección contraria, se puso a hacer algunos cálculos de física elemental para determinar distancias y tiempos, se dio cuenta que los trenes pasaban cada 30 minutos luego de hacer algunos dibujos y hacer una pequeña simulación en el papel; pero todavía no sabía cuántos trenes habían, pensó que mientras hacia los dibujos había perdido de vista a algún tren, ahora sabía que ya eran 5, pero todos eran iguales, pensó en ir hasta la última estación y poder ver en el transcurso el resto de trenes, pero el tren que no contó, ese que tal vez no pasó, mientras hacía sus cálculos le dejó con la duda. Empezaba a dudar de si mismo, vio sus notas y cálculos en la hoja posterior de un formulario de la oficina y sintió culpa, se bajó del tren en la siguiente estación, bajó por las escaleras compró un boleto y subió hacia el lado contrario para regresar al trabajo y ser productivo y justificar su salario. Otra vez la sensación de vacío lo invadió, llegó a su oficina y encontró a su jefe en la puerta, intentó disculparse por la tardanza, pero su jefe le dijo que estaba muy ocupado y que luego lo atendería, llegó a su cubículo y su compañero de lado le preguntó si había ido por un café a la máquina por qué no le había traido uno como siempre, nadie había notado su ausencia, y ya eran las 11:30.

Mientras iniciaba su computador miró por la ventana y vio pasar otro tren, tenía una dirección web escrita en letras gigantes al costado, la buscó en internet y vio los horarios y paradas de tren. Nunca le había interesado esa información, a él le bastaba saber que llegando a las 7:20 a la estación cerca de su casa, no perdería el tren y llegaría con tiempo a la oficina, con tiempo para ponerse el saco y acomodarse la corbata, nunca se tomó la molestia de pensar que el tren podría dañarse y nunca se dañó, así que nunca supo cuánto demoraba en llegar el siguiente o si en caso de ocurrir vendría uno después. Mientras revisaba las rutas, se dio cuenta que la última parada estaba bastante lejos de donde estaba él, luego apareció la cabeza del jefe de área por la puerta y les dijo que tenía una reunión y que cualquier consulta la resolvería el día siguiente.

Él cogió el celular y la cartera, luego metió el maletín gigantesco en el cajón de abajo de su escritorio, se quitó la corbata y la puso en la esquina superior del monitor y el saco lo puso detrás de la silla y salió. Nadie le preguntó a dónde iba. Compró 2 boletos para el tren y espero en la estación con la intención de llegar a la última parada, no la que ya conocía, sino la del otro extremo, pensó que la única manera de saber cuántos trenes había no era en movimiento, porque siempre se podía distraer y contarlos desde la ventana de su oficina era poco romántico. Mientras viajaba fue viendo como la ciudad decrecía en tamaño y altura, los edificios de oficinas se iban convirtiendo en edificios de apartamentos, luego en casas, las casas iban alejándose unas a otras, y los jardines y patios iban creciendo. Finalmente llegó a la última estación, encima de la inscripción con el nombre de la estación había un grafiti que decía “fin del mundo”, a los alrededores ya no habían casas, había como un bosque de árboles, el mar debería estar más allá del bosque, porque no se veían montañas; pensó que debería buscar ese lugar en un mapa para saber.

Sacó un sticker de la billetera y lo pegó al tren, afuera junto a la puerta, con eso descartó la posibilidad de confundirse, de contar el mismo tren varias veces, ese era el primero y sería el que marcaba el final del ciclo. El tren del sticker era el primero, el tren número 1, mientras esperaba el siguiente tren estuvo viendo al horizonte, y cuando trataba de imaginar lo que había detrás de los árboles, pasó el tren número 2, miró hacia atrás y vio más árboles, pero de ese lado habían montañas, vio algunas casas alejadas o manchas y colores que parecían casas, las fue contando y pasó el tren número 3. Apareció otro vigilante, como el policía gris, este tenía más color, cuando el vigilante le preguntó qué hacía le contó que estaba allí contando los trenes, el vigilante pensó en decirle cuántos trenes eran, pero algo dentro de él lo freno, conversaron un momento, le deseó suerte y se fue, pasó el tren número 4. Caminó hasta el borde de la estación, ésta también estaba a varios metros de altura del suelo, vio un estacionamiento, seguramente la gente iba en carro y luego tomaba el tren, aunque habían pocos carros, estuvo viendo colores y modelos, tratando de imaginar a la gente que vivía por allí inventándoles historias y motivos, pasó el tren número 5. Este tren no estaba vacío como los otros, pero solo bajaron 2 personas, dos mujeres con vestidos coloridos, muy sonrientes, las siguió con la mirada, hasta el estacionamiento, se subieron a un diminuto carro azul y se perdieron entre los árboles. Llegó el tren número 6, buscó a lado de la segunda puerta si tenía el sticker pegado, como hacía con los demás, de pronto imaginó que alguien pudo haber despegado el sticker y le dio ansiedad, sintió cierta paranoia, el tren se fue. El estómago empezaba a hacerle ruidos, recordó que no había almorzado, sabía que cerca de allí no encontraría comida, pero ya había estado allí por varias horas y no quería irse sin cumplir su cometido, se paraba y sentaba, para quitarse el dolor en la cintura, para estirar las piernas, escuchó el tren número 7, ya venía. Corrió hasta el inicio de la estación, el tren pasó lento, pero no logró distinguir si traía o no el sticker, corrió hasta la segunda puerta y no lo encontró, eran 7 hasta ahora, pensó que al menos debió traer un libro para leer, esperar era una tarea muy aburrida y agotadora. Se echó de espaldas sobre el asiento y miró al techo de la estación, parecía un domo, él hubiera preferido algo plano, como las antiguas estaciones de trenes, pero todas las estaciones y el tren eran muy modernos. Llegó otro tren, tampoco tenía el sticker, entonces era el tren número 8, la idea de que alguien le hubiese quitado el sticker al tren que marcó como el primero empezaba a hacerse más fuerte, el hambre hacía que se ponga más pesimista, pero debía esperar un poco más, sólo un poco más. Cerró los ojos para descansar un momento, y se quedó dormido; despertó asustado, miró el reloj, eran las 6:25, faltaban 5 minutos para que llegue el próximo tren, miraba el reloj con demasiada ansiedad, sentía que los minutos e incluso los segundos eran demasiado largos, hasta que llego otro tren. Ese era, tenía el sticker, estaba intacto. Entonces, eran 9 trenes, ¡No!, eran 8, recordó que ese ya lo había contado.

Sabía que era hora de regresar a casa, debía tomar el tren una última vez ese día. Bajó las escaleras, marcó el boleto para que le permitieran entrar al otro lado de la estación, subió las escaleras y se sentó para esperar a que el tren de vuelta.

Helena de Troya

March 27th, 2010

Helena era, tal cual Homero la describió, una mujer muy bella, su hermosura era tal, que la misma diosa de la belleza, Venus, la envidiaba. Paris, hombre de beldad solo representable en Hollywood por Orlando Bloom, la vio en medio de un campo de trigo, un día de mayo, me es imposible precisar si era primavera u otoño, pero el trigo empezaba a ponerse amarillo, a competir contra el mismo color del sol. Sin embargo, al medio estaba Helena con un vestido, corte griego muy apropiado a la época, blanco, con bordados y cintas de oro puro, el viento empezó a soplar, el trigo empezó a cantar al golpear las hojas con los granos, el viento replegó el vestido contra el perfecto cuerpo de Helena, algunos cabellos escaparon, los rayos solares de las cuatro de la tarde, le dieron un brillo inexplicable, dejando a Paris sin aliento.
El viento se hizo más fuerte, la luz también, la sorpresa de Paris también, la luz brilló tanto y antes de que Paris logre sacar el grito de horror de su pecho, Helena ya habia sido abducida por una nave extraterrestre.

Este texto fue inspirado por el canal de ciencia ficción.

Demasiado temprano

March 23rd, 2010

Mi rutina normal, aunque bastante anormal, es despertar a las 9:40 aproximadamente, revolcarme un rato en la cama, convencerme de que tengo que levantarme, prender la terma eléctrica, esperar 20 minutos hasta que caliente el agua, tomar una ducha larguísimas, cepillarme los dientes, vestirme, secarme el cabello, peinármelo unas diez veces y siempre terminar con una cola de caballo o con un moño y muchos pelos parados al medio por la estática después de peinarme tantas veces. Me hago una taza de café el cual siempre termino enfriándo con tres cubitos gigantezcos de hielo, pienso que luego me molestaré el stómago y hago una tostada que termino comiendo con algo de mantequilla o mermelada, aunque prefiero la mantequilla, generalmente como mermelada, porque sé que la mantequilla terminará en mi frente. Mientras tomo mi café frío tiendo mi cama, barro todo el cabello que se me cayó del piso de mi cuarto, pongo en su lugar algunsa cosas que no disimulan bien el desorden, meto algo abrigador en la mochila y salgo, aproximadamente a las 12, salgo a trabajar, o salía a trabajar. Llego a mi trabajo y realmente no sé que hago hasta las 2, a esa hora voy a comer, preparo algo que me guste, que no tenga mucha grasa, que tenga algunos vegetales, pero no lo hago por mi salud, no lo hago para no engordar, lo hago porque sé que manteniendo una dieta balanceada no tendré que hacer ejercicio para bajar los kilos de más, veo tres horas de televisión, y a las 5 tengo que decidir si ir a l auniversidad a hacer algo o quedarme en casa haciendo nada, con el sol, la hora, y mi pereza natural, la mitad de las veces voy, la otra mitad no voy a la universidad. de algún modo, a las 9 de la noche me da hambre, como algo, y me pongo a jugar algun juego estúpido que me atonta y me mantiene si npensar hasta media noche, hago mi resumen del día: otro día sin haber justificado el aire que respiro, parasitando al planeta. Termina mi día, me cepillo los dientes y me duermo.

Pero ayer, no fue un día normal de mis días anormales, me desperté a las 7, eso es madrugada para mi, hice hora, pero de algún modo al terminar de limpiar, el café e incluso una manzana, llegué a la universidad a las 9, no estaba laxada por el calor como suele pasar, pero la universidad estaba cerrada, las incoherencias son tan aturdidoras y estúpidamente extrañas. Regresé a casa y estuve leyendo como 20 páginas de un libro en todo el día, aunque hice algo, puede que mi día no haya sido del todo productivo. Tenía planes para ese día, pero la puerta cerrada los anuló, aunque la mayoría de esas tareas no estaban planificadas dentro de la universidad, simplemente regresé a mi casa, me cambié de ropa, y estuve vegetando por muchas horas, al menos eso me sirvió para comprender mejor al mundo. Fue una bofetada en la moral.

Hoy, que puedo decir, son las 9:50, estoy en la universidad, ya he leido todos los comics, el periódico, la hora de procrastinación terminó y estoy completamente desganada, sin ganas de hacer nada, es como que demasiado temprano para estar así, no tengo ganas ni de leer las noticias, solo leí dos titulares, los de siempre, tengo muchas páginas web abiertas, pero solo las abrí, debería revisarlas, debería hacer algo. Quizás sea demasiado temprano para estar despierta, para estar aquí, hoy no tengo que trabajar, tal vez la idea de que tengo que trabajar haga que me levante tan tarde, será insomnio o será culpa lo que hace que me despierte tan temprano, hoy me levante más temprano que ayer, incluso hice una rutina de 10 minutos de ejercicios de estiramiento, hace tiempo no oía tronar mis vertebras y articulaciones, pero sigue siendo demasiado temprano.

Simplemente no tengo ganas de hacer absolutamente nada, nisiquiera de dormir, es completamente absurdo, tanta desmotivación a esta hora es absurda. Sigue siendo demasiado temprano, el día es largo y hay que aprovecharlo, pronto me caerá un rayo, lo sé.