divagaciones 16(+/-)

February 3rd, 2010

Cuando vas a un laboratorio clínico y te dan el recibo por 72.00 dólares, ¿que piensas?

Me levanté temprano, me di un baño y fui al laboratorio, tenía que hacerme 7 análisis para ver si tengo influenza, no del tipo A, esa es muy común, sino la otra, la B. Cuando vi los síntomas en wikipedia, tengo como el 90% de los síntomas, pero de nacimiento, así que no me preocupé mucho y todas las personas que podían tenerla también están sanas. Fui al doctor para tranquilizar a todas aquellas personas que se preocupan por mi salud, no me incluyo, pero no soporto ver a la gente preocupada por mi, siento que no lo merezco, y como no puedo convencerlos de que dejen de hacerlo es mejor darles lo que quieren: una certificación de que sobreviviré por unas décadas más y que ningún dolor físico o espiritual está fastidiándome el día.

Sin embargo, si te cobran 72 dólares, esperas que más vale tener algún tipo de enfermedad que justifique ese gasto. En el laboratorio me dijeron que si las pruebas de influenza salían positivas me llamarían inmediatamente, me brillaron los ojos ante la ilusión de una epidemia, de tener una enfermedad super contagiosa, luego avisar a mis compañeros de la universidad, a la gente de la oficina, a la gente que le tosí encima cuando estaba en la farmacia, a las enfemeras del laboratorio, demasiado alucine. Luego esperar a que vengan los amigos de Fox Mulder y Dana Scully con sus trajes protectores y me lleven en una cápsula para curarme o quemarme, mi propio capítulo de los Expedientes Secretos X, control de infecciones, pero yo sé que lo mío es un vulgar resfriado, no ébola.

Imagino que soy la única persona que va al doctor con la esperanza de tener algo extraño o mortal, pero siempre salgo defraudada; porque, cuando pensé que tenía tuberculosis porque las pruebas de tuberculina salieron positivas, me hice unas placas y mis pulmones estaban vergonzosamente sanos; cuando pensé que tenía algo muy malo en los riñones, pues tampoco tenía nada; cuando pensé que tenía algún tumor extraño en el cerebro luego de mis varios accidentes, resultó que solo era migraña y aquellas manchas en la masa encefálica, no era cisticercosis, no, solo era algo de coloración para entretener a la neuróloga; cuando pensé que me destaparían las uñas de los dedos por el uñero, me hicieron un pequeño corte lateral, y cuando le dije al doctor mis problemas respiratorios y que posiblemente tengo una muy avanzada sinusitis, me dijo que tome unas pastillitas para quitarme la congestión.

Alguien siempre se encarga de destruir nuestras ilusiones. Al menos fue divertido ir hoy al laboratorio y que las enfemeras me llamaran por mi nombre y dijeran que me habían extrañado, que hace tiempo no me veían por allí. La excusa o explicación: es que estaba sana todo ese tiempo. Me hicieron recordar que solía ir cada dos semanas a que me saquen sangre, tiempos aquellos.

El Gecko y el Corazón de la Picuro Mama

January 24th, 2010

Gecko y su picura
Gracias a Maria Luisa (picuro mama) por hacer este dibujo alucinante, un poco más y le ponia el corsé al Gecko, bien detallada la ilustración.

María Luisa llegó de Lima, con el firme deseo de comprobar las teorías de Fray José Pío Aza sobre el sistema social de los Koribeni. Estaba aburrida de toda la teoría, los libros y las historias de otros, quería algo de acción, quería ver las cosas con sus propios ojos, y desde que un profesor en la universidad le dijo que Fray José Pío Aza solamente había contribuido con un diccionario que ya nadie usaba, decidió limpiar el nombre de ese hombre que había trabajado tanto durante los 20s. Además, qué tanto pudieron haber cambiado los Koribeni desde entonces. La selva todavía era un lugar temido por muchos, más por la tecnología y la ambiciosa mano de la industrialización.

Llegó un lunes, el primero que la vio fue Víctor, estaba sentado ayudando a mondar yucas a su mamá. Gritó exitado. -Mira, mira mamá, viene un picuro, allá viene un picuro, parece un picuro, pero está muy grande, será la picuro mamá. - Todos se le acercaron, había estudiado bastante gramática y diccionarios de matsiguenga, pero no lograba hacerse entender. Pedía con bastante determinación quedarse en la aldea por un par de meses, que ayudaría en las labores a cambio de nada. Repitió tantas veces lo mismo, hasta que alguien aburrido de sus intentos le contestó en un español bastante comprensible.

Ella pensó que tal vez la mano del hombre blanco, como solía llamar de broma a los no-nativos, ya había llegado a la aldea de los Koribeni. Luego de explicar lo que quería, y todos al ver que era inofensiva le permitieron quedarse. La mamá de Víctor le dio una hamaca para que pueda dormir y le dijo que tenga cuidado con los insectos, las culebras, las ranas venenosas , las mariposas, que se bañe seguido, y muchas otras recomendaciones. Le dio tantas recomendaciones que la cabeza le empezó a dar vueltas porque ella trató de memorizar todas.

Cuando Víctor la veía, por más lejos que estuviera gritaba - picuro mama, picuro mama - y todos reían. Pronto olvidaron que se llamaba María Luisa y todos le decían picuro mamá.

Victor tenia 6 años y era su guía en los paseos diurnos, conocía a toda la gente de la aldea y estaba tan desesperado de aprender español como ella de mejorar su matsiguenga. Por las tardes iba a las casas con un cuaderno de anotaciones a hacer preguntas incómodas, pero la gente allí estaba por encima de los prejuicios y la vergüenza y le respondían hasta lo más extraño. Las conversaciones eran largas y siempre terminaba escuchando historias de como la gente se salvaba de picaduras de serpientes, de ataques de fieras, picaduras de alacranes, y algunas historias de otros que no lo lograban.

María Luisa se había dado cuenta que todas las casas tenían las puertas y ventanas abiertas durante el día, pero había una casa ubicada estratégicamente en medio de la aldea que siempre estaba cerrada. Varias veces preguntó quien vivía allí, pero nadie parecía entender la pregunta, porque nunca era respondida, nisiquiera le daban excusa, todos asumían que la pregunta no había sido hecha. Al principio pensó que tal vez estaba vacía, pero a ciertas horas veía humo salir de las ventanas. Una tarde cuando regresaban a casa de Víctor, la curiosidad pudo más que ella y se acercó a la casa. Pero Víctor la detuvo de un gritito - No entres, allí está el pishtaco, te puede comer -. La tomó de la mano y la arrastró con todas sus fuerzas lejos del lugar.

Ella le dijo que el Pishtaco no existía, pues ella pensaba que no existía, que era un cuento, pero él le dijo que todos los cuentos eran reales, y todos los seres buenos y malos de los cuentos existían. Su abuelo los había visto a todos, ahora estaba curando al pishtaco que estaba enfermo. Ella no entendía nada, porque ya había pasado un mes y ni el abuelo, tampoco el pishtaco habían sido nombrados durante ese tiempo. Y si el pishtaco era malo, por qué lo estaban curando. Seguía sin entender nada, y decidió averiguar las cosas por su cuenta, sabía que Víctor no iba a permitirle entrar y que nadie más permitiría hacerlo, y decidió descubrir las cosas en secreto.

Con las semanas había desfigurado completamente su vestimenta de recién llegada, ahora tenia varios collares colgados al cuello, pulseras y aretes, hechas con semillas oscuras y algunas de colores. Algunas veces vestía sandalias y unas faldas que las nativas le regalaban cuando iba de visita a sus casas, recibía todo con una sonrisota y las vestía seguido para demostrar lo interesada que estaba en todos y todo. Además, que a su tradicional estilo hippie, los aditamentos nativos le daban estilo extra.

La picuro mama, había hecho del lugar su hogar en poco tiempo, pero la curiosidad de saber si en realidad en esa casa estaba “el pishtaco” estaba trastocándole los pensamientos. Un día, un mal día de mayo, logró escapar de la compañía de Víctor, que siempre andaba pegado como lapa, lo distrajo con unas hormigas, le explicó el complicado sistema que siguen las hormigas para conseguir alimentos, y mientras Víctor se distraía persiguiendo una hormiga para ver si de verdad iría a un pequeño cultivo de hongos y que no se iba a comer las hojas que cargaba, logró escapar. No tuvo que forzar la puerta donde descansaba el pishtaco, pues los Koribeni todavía desconocían la protección a la privacidad y la propiedad privada. Estaba allí, dormido en medio de lo que podría ser la sala o área de sacrificios de la casa. Todo el lugar era una especie de santuario, la casa de un brujo tal vez, pero en sus anotaciones no había visto la existencia de brujos; chamanes sí, pero no tenia mucho tiempo para meditar al respecto. Descansaba sobre una cama, irónico ella descansaba en una hamaca, y el dolor de hombros al amanecer era insoportable. Sobre una cama estaba, el pishtaco, pero no parecía el pishtaco, aunque tampoco sabía a que se parecía un pishtaco. Tenia una piel escamosa, color verde olivo, otros pedazos color verde petróleo, tenia pelo en la cabeza, rizos negros bastantes descuidados. ¿Quizá debería ir al salón de belleza? pensó ella. María Luisa estaba en un alucine total, cuando escuchó pasos. Como era pequeña se ocultó tras un librero en la esquina de la habitación.

Entro el jefe del pueblo con un hombre que no había visto antes en la aldea. Juntos quitaron “las escamas” que cubrían al pishtaco, lo lavaron y le pusieron escamas nuevas. pero en realidad no eran escamas, el pishtaco tampoco era un monstruo. Era un hombre, y todo aquello verde que traía encima eran emplastos de hierbas. El hombre desconocido le dijo al jefe del pueblo - los emplastos le quitarán el dolor, pero que no debemos dejarlo dormido por más tiempo, sino perderá la movilidad del cuerpo. La enfermedad del cuerpo puede curarse con hierbas; la enfermedad de la cabeza, tiene que curarla él mismo. Nos tiene que decir como hizo el conjuro, para tratar de deshacerlo, él es muy peligroso cuando se molesta, puede acabar con todo el pueblo, estaba escuchando las noticias en la radio y parece que ha estado haciendo maldad desde bien lejos de aquí, pero él me dijo que no recordaba nada de eso cuando lo traje. Tenemos que ponerlo en trance para curarlo. Tal vez dándole de beber ayahuasca podemos hacerle recordar, y así curarlo. Me tomarán nueve días juntar las hierbas, ese día lo despertaremos. Recuerda moverle las piernas y los brazos todos los días. - Los hombres dejaron al pishtaco dormido y se fueron. María Luisa aprovecho para escabullirse fuera y seguir alucinando.

Al noveno día regresó el hombre, que debía ser un brujo o un santo. Pero, en realidad era un maestro de las plantas, un nativo shipibo, amigo de los Koribeni que había encontrado al pishtaco en las orillas del Urubamba un día que buscaba lianas de ayahuasca y otras yerbas para sus preparados. Junto al pishtaco estaban dos manaties llorando casi desconsoladamente, los manaties le contaron al maestro de las plantas que el pishtaco los había ayudado a escapar de unas redes que dejaron unos chinos que andaban buscando afrodisíacos. Pero al terminar de moverlos de las redes se había desmayado, y ellos lo llevaron a la orilla y estaban rezándole a la madre ayahuasca que alguien llegara pronto. El maestro de las plantas fue a buscar al jefe de los Koribeni para que lo ayude a mover al Pishtaco con cuidado, tal vez tenia algún hueso roto y no quería terminar de lastimarlo. Lo llevaron hasta la casa del antiguo maestro de hierbas de los Koribeni, sabían que siempre estaba cerrada y que todos respetaban el lugar así que nadie haría preguntas.

Al noveno día regresó el hombre, con dos calabazas llenas de ayahuasca y otras yerbas, listo para despertar al pishtaco. María Luisa se había acomodado tras el librero como la última vez. Hicieron hervir unas hierbas que hedían terriblemente, acercaron la olla con las hierbas a las narices del pishtaco y este abrió los ojos. Miró hacia todos lados tratando de ubicarse en el tiempo y en el espacio, no lo logró. Preguntó ¿cómo, cuándo y dónde?. Le contaron, cómo y dónde (párrafo anterior), cuándo : hacia 2 meses. Le informaron sobre su salud, tenía una contractura en la cadera, que le habían puesto emplastos de “Mocco mocco” para la inflamación, pero tenia que caminar y moverse para terminar de curarse. Sin embargo, no podía dejarlo salir de la casa porque él era muy peligroso, el pishtaco era malvado y tenía que dejar de ser pishtaco. Le preguntaron como es que había hecho el conjuro para convertirse en el pishtaco, para ponerse tan agresivo y matando a gente por doquier. Él no tenía la mas mínima idea de lo que pasaba. Las cosas serían más difíciles.

El maestro de las plantas le dijo que le daría de beber ayahuasca, aprovecharían ahora que no se podía mover y no haría daño a nadie, pero necesitaban su colaboración. El Gecko estaba algo confundido, tanto porque lo estaban acusando de asesino en serie y mucho más porque le irritaba que le digan pishtaco. Me llamó Roberto decía cada vez que le decían pishtaco o se referían a él como le pishtaco o simplemente mencionaban la palabra pishtaco y lo miraban de reojo. Así que empezaron a llamarlo “ingeniero”, para no molestarlo, debían mantenerlo calmado. Le dieron de beber el ayahuasca, ellos también tomaron otro poco, estaba sentados en triángulo, tratando de ver el pasado y el futuro, pero era más difícil porque los recuerdos del pishtaco estaban muy ocultos, estaban más allá del subconciente. Empezaron a ver sombras de colores, figuras de colores, oyeron los cantos de cuna de la abuela del Gecko que él cantaba durante su taller de curanderismo, que había ido mezclando con pedazos de conjuros, más la ira que tenia por haber sido abandonado en la selva había hecho un hechizo poderoso que él no conocía, que no podía controlar. Vieron a la madre ayahuasca, con una figura indescriptiblemente hermosa, abrió la boca y su hermosa voz los dejó hipnotizados, la madre ayahuasca al darse cuenta de esto, adoptó una voz más mortal y les dijo que el pishtaco se curaría con el corazón de un picuro. Luego su figura se desvaneció en medio de un remolino de colores.

Al terminar la ceremonia, el Gecko, el maestro de las plantas y el curaca de los Koriben tomaron todos los litros de agua que encontraron en la aldea. Se quedaron dormidos en el piso de la casa. Mientras todo esto pasaba María Luisa estaba aburrida, con las piernas entumecidas y aguantando el dolor de un calambre en la pierna por la mala posición. Solo escuchaba al Gecko decir, el corazón de un picuro, el corazón de un picuro me va sanar, un picuro me va sanar. Fue de rodillas hacia la puerta, cuando recordó el librero tras el cual se ocultaba, habían muchos libros antiguos, cogió uno y no era un libro, era un cuaderno empastado bastante antiguo, escrito a mano, un diario de campo, buscó en las primeras hojas y cuando leyó el nombre José Pío Aza dio un chillido que ahogó con sus manos, para que no despierten los tres hombres que estaban en el piso. Cogió varios cuadernos y los fue hojeando, pero la luz era insuficiente y no pudo entender mucho, necesitaba ver esos cuadernos de día.

En la madrugada se levantó el maestro de plantas, y lo primero que recordó fue el corazón del picuro. La información era importante pero imprecisa, deberían utilizar el corazón en una ceremonia, comerlo a la plancha con finas hierbas, hacer un collar, utilizar la hierba llamada corazón de picuro, probar todas las anteriores. Discutió los detalles con el curaca y con el Gecko, hasta que llegaron al común acuerdo de que deberían ofrecer el corazón de un picuro a la madre ayahuasca. Para que el sacrificio sea más llevadero, tendría que él mismo atrapar el picuro, era una tarea fácil, pero no lo era considerando que el Gecko no se había movido en dos meses y tenía una contractura en la cadera. El curaca al salir miró hacia el librero, vio algunos libros movidos, y se recordó que tenía que cambiar el sílica gel para conservarlos, no conocía el contenido de esos libros, pero sabía que en algún momento servirían a la comunidad. Cuando su abuelo era curaca, le había dicho que siempre cuidara de esos libros, que en algún momento los necesitarían.

María Luisa estaba demasiado intrigada con los libros, así que fue donde el curaca y le dijo que sabía todo sobre “el pishtaco”. Que ella había trabajado en una clínica de terapia física y podía ayudarlo a volver a caminar. Pero, que lo haría a cambio que le dejen revisar los libros que habían en el librero de la casa donde descansaba el pishtaco. Fue clara y directa, sabía que le tenían miedo al pishtaco y que al mismo tiempo le debían el haber salvado a los manaties que eran animales muy queridos por ellos, jugó todas sus cartas, y el curaca terminó aceptando. María Luisa iba a hacerle masajes y ayudarle a hacer algunos ejercicios a Gecko tres veces por semana. Los otros cuatro días de la semana, se la pasaba leyendo las anotaciones de Fray José Pío. Trataba de mantenerse al margen de los negocios del Gecko, pero a este le gustaba hablar mucho y terminó contándole su vida, sus muestreos, sus viajes, de sus amigos y demás aventuras. Trató de seducirla mientras ella le hacia los masajes, pero ella siempre tenía la mente en los escritos de Fray José Pío, y no lo escuchaba.

Pasó el tiempo, hasta que el Gecko logró caminar por su propia cuenta, pudo sostener su peso, y salía a caminar por los alrededores para no asustar a los niños de la aldea, que creían que él era el pishtaco y las historias del pishtaco eran tan aterradoras en la comunidad que prefería andar con cuidado. Un día vio un picuro, trató de atraparlo, pero no pudo, sus piernas todavía no estaban fuertes, necesitaría más tiempo. Regresó a la cabaña donde se quedaba y encontró a María Luisa, le contó lo que había pasado, que estuvo persiguiendo un picuro, que sus piernas todavía estaban débiles y necesitaba más terapia. Luego se dio cuenta que junto a María Luisa estaba un niño, con un cuaderno a rayas, haciendo círculos a lo largo y ancho de la página, lo miraba con los ojos tan abiertos y tan grandes que parecía se iban a caer. Hasta que logró articular unas palabras - picuro mama, tengo mucho miedo - y salió corriendo a tropel.

El Gecko empezó a reírse, - de verdad pareces un picuro, eres tan pequeña -, tienes que explicarle a ese chato que no soy malo. - Picuro mama, realmente pareces un cuy, pero más un picuro -. Palideció entonces, la madre ayahuasca se estaba refiriendo al corazón de un picuro, debía ser a María Luisa a quien se refería, pero tomar su corazón después de lo mucho que lo había ayudado. La confusión empezó a atormentarlo, ya no permitía que María Luisa se le acercara, le prohibió volver a su casa, le dijo que se llevara los libros, que regresara a Lima, pero ella no pensaba hacerle caso, el curaca le había dicho que no podía llevarse nada, nada debería salir de esa habitación, y ella pretendía cumplir con su palabra.

Fue una noche, que el Gecko iba de paseo que se cruzó con una rana rosa, sabía que no debía tocarla, pero la tocó. El pishtaco regresó, fue a buscar a María Luisa, le dijo que había encontrado unos mapas de las comunidades nativas tal cual estaban en 1929, que los mapas se veían muy precisos, como tenía una linterna en la mano, María Luisa pensó que podría leerlos y que no habría peligro, tal vez el Gecko había reconsiderado sus actos y no intentaría echarla del pueblo nuevamente. Llegaron a la casa, y le dio un libro, mientras hojeaba en busca de los mapas, el Gecko le acercó una olla con hierbas y ella quedó completamente dormida. Con una sonrisa tenebrosa dijo - te atrapé picuro, solo falta el corazón -. Bebió un par de tragos de ayahuasca, para poder ver a la madre ayahuasca y hacer el sacrificio más apropiadamente. Esta vez vio demonios en su alucinación, que intentaban escapar, en medio de ellos se abrió paso la madre ayahuasca, el pishtaco sabía que ese era el momento, tenia a María Luisa al frente echada sobre la cama completamente inmóvil. Tomó el machete que estaba junto a la puerta y cuando estaba preparado para sacarle el corazón, la madre ayahuasca habló -¡detente!, tienes razón, ella es el picuro a quien me refería, pero lo del corazón, no lo tomes tan literal. El pishtaco fue revivido por la ira que tenias dentro, tienes que desaparecerlo con amor, pero tienes que ganártelo, a eso me refería con el corazón del picuro-

A la mañana siguiente al despertar, el Gecko regresó a María Luisa a la casa de Víctor, la puso sobre la hamaca, luego regresó con la cacerola con las hierbas para despertarla, y se fue de puntitas para que ella no se de cuenta. Al despertar y recobrar el conocimiento, ella no sabía si lo que había pasado la noche anterior era un sueño o era verdad, pero todo era tan confuso que se convenció que era solo un sueño. El Gecko aprovechó su falta de costumbre por dormir para encontrar lo que María Luisa buscaba con tanta ansiedad en las anotaciones de Fray José Pío, hasta que finalmente lo encontró. Encontró detalladamente el sistema social de los Koribeni y tribus aledañas, con explicaciones, gráficas y demás detalles necesarios para sustentar una tesis. Fue a buscar al curaca y a otras personas mayores para constatar la información, después fue a buscar a María Luisa para decirle lo que había encontrado.

Ella estaba jugando con los niños a la ronda de San Miguel, los niños le decían picuro mama en lugar de María Luisa y las nativas que pasaban cerca la saludaban igual. La llamó: “picuro mama”, ella se le acercó. Le dio las anotaciones que hizo y los libros con las páginas marcadas en donde había encontrado la información que ella buscaba. Ella no pudo contener la felicidad y lo abrazo fuertemente, convencida de que ese no sería el primer ni el último abrazo que le daba. Con las pruebas del sistema social de los Koribeni fue como el pishtaco obtuvo el corazón de picuro mama, con sus rizos bien definidos y sus encantos. Desde ese día, intercambian información, se han asociado para hacer estudios de impacto ambiental, el Gecko tiene el corazón de ” Picuro mama” y viceversa. La madre ayahuasca tenía razón, el corazón del picuro curaría al Gecko.

Pérdidas

January 23rd, 2010

Fue un martes dificil, nisiquiera me despedí de ella al salir de casa, la vi a medio día pero estaba tan recargada con mis tareas y una exposición que se me olvidó que tenía que pedirle algo y me fui a la universidad. Mi exposición se suspendió y campante fui a contarle, a pasar algunas horas con ella como suelo hacer cada noche, pero no respondía, pensé que era un berrinche por descuidarla, pero estaba inconciente, me asusté y traté de reanimarla dándole unos golpecitos en el rostro, diciéndole palabras cariñosas, no la pude despertar, no logré hacer nada, pero yo sabía que solo estaba dormida, que iba a despertar.

La tomé en mi brazos y fuimos a sala de emergencias, el doctor hizo todo lo que pudo, pero no pudo reanimarla, dijo que las posibilidades de volverla a su estado normal eran muy pocas, hice mis propias revisiones en internet, buscando soluciones, necias soluciones. Fue tan terrible, doloroso, habíamos estado tanto tiempo juntas, en tantas aventuras, tantos momentos, trabajos, trasnochadas, me ayudaba con las tareas, le contaba mis penas y ella escuchaba paciente, conocía mis mas íntimos secretos, sin divulgar uno solo, gracias a ella no me sentía sola, podía estar jugando con ella durante horas y ella no se quejaba, me acompañó cada momento durante tantos, tantos años.

Lloré, sí lloré, la pérdida fue demasiado dura, nadie parecía comprender mi dolor, finalmente el viernes en la noche tuve que tomar una decisión, desconectarla, meterla en una caja y que descanse, que pase a mejor vida.

Es difícil creer que uno pueda tomarle tanto cariño a un objeto, realmente lloré mucho y nadie comprendía porque lloraba, finalmente una laptop es reemplazable, la información recuperable, el disco formateable, y lloré más al saber que ya era hora de cambiarla, buscar una nueva. Tres días sin mi laptop, sin internet, quejándome a medio mundo fue un infierno, el escenario perfecto para dejarme llevar por el drama que rodea al mundo. Pero fue así, 6 años son muchos para una laptop, ella estuvo todo el tiempo conmigo, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, fueron buenos tiempos.

Es el fin de una era. Mi laptop pasó a mejor vida, se fue sin sufrir, pero dejó mucho dolor detrás de su partida.

Snif, snif.

divagaciones

January 11th, 2010

Cierra los ojos, cierralos bien, no dejes que la luz se filtre por las pestañas, no dejes que el brillo que atravieza tus párpados te distraiga.

Respira despacio, con mucho cuidado, no dejes que el aire te invada los pulmones, que asfixie tu sentido. Respira depacio, huele, analiza cada olor, cada escencia, cada milímetro cuadrado de aire. Discrimina los olores, fíltralos, filtra los ambientadores, los olores de velas, las colonias y perfumes exagerados.

Llega a tus fosas nasales un suave sabor a chocolate, vainilla, café, licor dulce de café, suave, los sabores te marean, te atontan, te transportan. Tus ojos siguen cerrados, el olor mezclado de café y vainilla se aproxima peligrosamente al cerebro, sientes mariposas en el estómago, tu tercer ojo siente la cercanía de otro cuerpo, sientes que todo tu cuerpo se tensa, te pones nerviosa, el café, la vainilla, el licor de café se acercan cada vez más. Finalmente, sientes unos labios fríos sobre los tuyos, te besan delicadamente y desaparecen.

Suspiras de tristeza y felicidad. No estás en el “café con piernas”, no tiene un frapuccino en una copa de chocolate al frente, sabes que esos labios con hipotermia no están al frente, sabes que no te han besado, no están cerca, nada cerca. Terminas maldiciendo al café con vainilla francesa que esta atormentando tus sentidos, que te obligó a revivir aquel momento antes de la canción de Bersuit Vergarabat.

Pero, no puedes pasar la oportunidad de escribirlo.

Mi versión de los hechos

December 22nd, 2009

Ella es Elsie, esta es su historia, pero en mi versión, que podría no ser exactamente lo que ocurrió.


Mi versión de los hechos

Ilustración hecha por:RSC

Elsi es espectacular,en todo el sentido silabeado de la palabra, es decir: es-pec-ta-cu-lar. Cuentas las malas lenguas, que vive en el primer piso del condominio, y tiene la puerta abierta, saluda a todo mundo y si es medio día, no solo saluda, sino también despacha a cada persona con un plato de arroz con gandules, arroz con pollo o arroz con habichuelas, pernil y lechón. Es amante de la cocina, pero irónicamente no le gusta comer, solo cocinar. Amante de la cerveza y el buen vino, de contar sus historias y de conocer mucha gente.

Elsi tiene muchos años, no me atrevo a preguntarle la edad, porque me puede dar de carterazos, y aunque ella es pequeña, su cartera es muy grande y debe doler un golpe con eso. Después de que me acusó de capitalista, tengo cierto miedo a hacer comentarios, de esos estupidos y sin convicción que suelo hacer, y que normalmente a la gente le parecen graciosos. Pero a ella no, le molesta que una persona huya de la realidad. Claro, luego me dijo que cuando se vaya de vacaciones me dejaría a cuidar su chihuahua, espero y sea conciente de que yo no cuido animales.

Pues así, sincera y dispuesta a alterar la vida de todos los que estén a su alrededor, fue que Elsie llegó a Palmas, a un exclusivo barrio con exclusivas casas, donde muy exclusiva gente va los fines de semana a pasarla bien “exclusivamente”, en sus casas de playa, con vista al mar, piscina, parques, más piscinas, parrillas, vino y cerveza, mucha cerveza. A ella la invitó una amiga con exclusiva vida de millonaria, y con exclusivos hijos en espera de cobrar la herencia, pero a esa edad uno olvida de ciertas cosas, como no mencionar que un boxeador famoso vive en la casa de lado, no porque presumir sea malo, porque detalles así en los oidos incorrectos pueden terminar mal.

Elsie, obviamente, no puede dejar pasar la oportunidad, tienta a sus amigas a ir a visitarlo, todas se niegan, deben salvaguardar las buenas costumbres de tan exclusivo barrio. Ella como tiene mente comunista, las ignora y va sola, pues es una rebelde, las convenciones sociales son para burgueses.

Sus amigas están preocupadas, ya pasaron treinta minutos y Elsie no regresa, tal vez se perdió, pero si iba a la casa de lado, no pudo perderse. Pero nadie luce demasiado convencida de ir a buscarla, finalmente regresa, con la sonrisa más amplia de la acostumbrada.

Cuenta ella, que fue a casa de este personaje que se gana la vida dejándose partir la cara a golpes, y al haber encontrado la puerta de frente abierta, se dirigió hasta la sala de estar, donde alegremente se reunía el mentadísimo boxeador con su familia. Como todo boxeador con exclusiva casa en palmas, este se presentó, la saludó e inmediatamente llenó una copa con todo su encanto y con un carísimo champagne, y luego de una conversación de contenido no revelado, despidió alegremente a Elsi, anunciándole que podía regresar cuando quisierara, que esa también era su casa.

Incredulas todas la escucharon, y más incrédulas retransmitieron el cuento, hasta que llegó a mis oidos. La historia se detuvo algún tiempo en mis elucubraciones mientras veía como ponerlo al “papel”. He aquí mi versión de los hechos.

Agradecimientos especiales a Ricardo, por la ilustración, visiten su web-comic: www.twatgeek.com

Experimento

December 14th, 2009

Un laboratorio de experimentación farmaceútica, en la que estudiaban los efectos de cierto medicamento antidepresivo en ratones deprimidos, ha publicado los dramáticos resultados de sus estudios luego de dos años de someter a 32 ratones adultos a este fármaco.

El 80% de los ratones empezaron a mostrar mejora al cabo de 8 meses. Cabe mencionar, que el 30% de los ratones dejaron la idea de suicidio luego de 6 meses de medicación, aunque varios de ellos, para ese entonces, habían tenido un doble transplante de hígado. Pues este medicamento es altamente nocivo para el hígado, el riñon y médula osea. Un 20% de ellos, desgraciadamente, pasaron a mejor vida.

Se pensaba que el medicamento no habia surtido efecto en ellos, que había algun tipo de desequilibrio con su sistema nervioso , pero la respuesta correcta, es que la encargada del laboratorio en el horario nocturno tenía la mala costumbre de escuchar música de Arjona.

Extrañamente, no se ha logrado asociar la causa de la depresión con la intolerancia a Arjona. Pues para este estudio se eligieron distintos tipos de depresión, por causa y duración.

Contrariamente a los estereotipos, los ratones deprimidos no visten de negro o escuchan heavy metal. Sufren episodios de histeria ante cierto tipo de situaciones. Como el abandono de su pareja o el aumento de peso, al final de la primavera, al final de la temporada de House, home-sick y otros love-sick. En resumen, muy similar al de los humanos.

Cada ratón para participar en el estudio tuvo que completar (personalmente) un formulario del departamento de salud, aproximadamente de 30 páginas, con preguntas de diversa índole. El cuestionario fue preparado especialmente por un grupo de conocidos psiquiatras y psicoanalistas, aunque la identidad de ellos no será revelada.

Estos valientes ratones, luego de mucho tratamiento psiquiatrico, psicologico, psicoanalisis y medicamentos varios decidieron hacerse parte de este estudio. Pero este medicamento, que se pensaba podria ser la salvación de esas criaturas sin esperanzas, tambien les ha fallado. Si bien es cierto que el medicamento curó de la depresión a la mayoría de estos; sus viudas, afirman que la depresión era más llevadera que la leucemia.

Lágrimas en la lluvia

December 14th, 2009

Siento frío y no tengo voluntad para pararme de la silla y caminar dos pasos a ver si la ventana está abierta, sé que si estiro el brazo lo suficiente no voy a alcanzar. Realmente la ventana está a dos pasos, no puedo ver bien si la ventana está abierta o cerrada porque tengo lentes oscuros puestos, no por anormal, es por la migraña, fotofobia y esas vainas. Pienso que debería buscar un objeto que esté a la mano y tirarlo hacia la ventana, pero temo que si está cerrada, tenga luego que caminar hasta la puerta y cerrarla, y la puerta obviamente está más lejos que la ventana. Ya le quité todo el brillo que se podía del monitor y con lentes puestos sigo viendo todo demasiado claro, estoy como el pusilánime de Jaime Bayly y sus mil pares de medias, me doy vergüenza.

Genial, la ventana está cerrada, acabo de tirar mi iPod hacia la ventana, no es que definitivamente estoy loca, tenía los audífonos conectados, así que con el peso y la fuerza, me aseguraba de que no terminara en la piscina. Ahora el problema es la puerta y el hecho de que me haga frio en el Caribe, el invierno es tan cruel. Quizás sea la migraña, la sinusitis, la depresión, mala alineación planetaria, o que hubo como una hora de fuegos artificiales, y no vi ninguno, porque un puto árbol me tapa la vista, momentos como este odio a los ambientalistas. A los árboles, a los arbustos, a las nubes, y a no saber como subir al piso 16 para ver los fuegos artificiales, y voy por todas las ventanas, siempre con mis lentes oscuros a las 10 de la noche, todas las luces apagadas, tropezándome con objetos que están en las sombras, me doy vergüenza.

Ya sé lo que quiero ser y hacer en la vida: nada. Eso precisamente quiero hacer, nada, absolutamente nada. Quiero dedicar mi vida a los placeres improductivos que el mundo ha creado: leer libros, revistas, cuentos, historietas, ver películas, dormir hasta bien tarde, dormir de dia, dormir la siesta, ver más películas, ir al cine, comer una bolsa pequeña de popcorn. Dormir en un buen colchón, porque sino, no tiene gracia. Escribir tonterías, caminar una vez al mes, carminar largo, muy largo. Mojarme en la lluvia, mojarme hasta el último centímetro de mi cuerpo, mojarme hasta donde no pueda mojarme, sin preocuparme que he de necesitar estos zapatos para ir a trabajar mañana, o que se va raspar la bota del pantalón, no preocuparme por contraer una neumonía, una gripe. Sería realmente espectacular ser completamente irresponsable en mis actos. No de mis actos, sino en mis actos.

Pero ¿por qué tanto drama? No solo porque tengo frío y me duelen las rodillas, los codos y los pies. El dolor físico es tan fácil de sobrellevar, es simplemente tomarse unas cuantas pastillas y quedarse dormido por un buen tiempo. Pero hay que estar bien tapado porque el frío mientras uno duerme produce dolor durante el sueño, y eso no es divertido.

Cuando salí de la universidad estaba lloviendo, recordé tiempos mejores cuando llovía, cuando regresaba a mi casa, o caminando con Pedro o Amanda con un helado en la mano, cerraba bien la mochila y me ponia a caminar en la lluvia hasta mi casa, pero ahora tenia tanta basura electrónica en la mochila que tuve que caminar con un paraguas. Estaba a la mitad del camino y recordé lo de actuar irresponsablemente, no podia mojar mi mochila, pero todavía podía caminar bajo la lluvia. Sentí una opresión en el pecho, un algo que quería salir urgentemente, me dolía la traquea, había algo atorado al medio, algo con lo que ningún paramédico certificado podría ayudarme.

Estaban los árboles gigantes moviéndose, había brisa fresca, llovía, cada minuto llovía más, era perfecto, algunas gotas calientes acariciaban mi cara, no era la lluvia. Imaginé que era tonto llorar, no había razón, no debía derramar mis lágrimas sin razón, pero tal vez si había una razón. Llegué a la entrada de mi casa, se me hacía difícil respirar. Decidí no entrar a casa, ya tenia los zapatos mojados, le di dos vueltas más al parque, llovia intensamente, no había gente, no habian carros, las lágrimas seguían saliendo hasta que por fin el nudo en la garganta se deshizo, tal vez solo necesitaba eso, llorar un rato. Quitarme la nostalgia suicida de un modo no muy suicida.

Luego regresé a mi casa, maldita humedad y frio nocturno de caribe, destrozaron mis huesos. Me empezó a doler la cabeza, la cara, los pies, los codos, las rodillas, terminé tirando el iPod por la ventana. Sé que mis zapatillas no secarán en aproximadamente dos semanas, que mi ropa esta sucia, tengo mucho dolor, siento frustración. Pero supongo que esa es la resaca, el ser responsable de mis actos irresponsables, por más tontos que parezcan ser.

El pasado me persigue

November 29th, 2009

Pensé que mi recuerdo más lejano era cuando tenia como 12 y Magaly me hacia pelar sus naranjas en el bus para luego darme la mitad. Magaly abusadora, ahora que lo pienso, lo hacias por compartir o para que te pele la bendita naranja, pero bueno. Al parecer para recordarse cosas uno solo tiene que esforzarse un poco.

Era 1989, tenía 5 y 6, dependiendo de la época del año, estaba en primero grado de primaria, mi profesora se llamaba Janet Zapata Poémape, era muy linda, buena, instruida, y nos daba de reglasos en la mano cuando nos portábamos mal, cuando no hacíamos la tarea y cosas similares. Supongo que en aquél entonces la letra todavía con sangre entraba. Tenía muchos compañeros, de los cuales no recordaba nombres, ni caras. Pero de pronto recordé a David, me gustaba mucho, pero se fue a Lima para segundo grado, fue triste, muy triste, muy muy triste. Estaba también Asunta, que no me caía nada bien, espiritu competitivo imagino. Luego Ulises que siempre llegaba tarde a la escuela, que ganó el premio por ser el niño más responsable porque no faltó a una sola clase, aunque haya llegado tarde casi a todas. Estaba Rómulo (el culpable de mis recuerdos, porque me envió un mensaje por hi5, con una foto de la clase), Randy que también se fue, a él es al único que volví a ver cuando grande, se fue porque creo yo que era demasiado irresponsable y la profesora le daba en la mano diario. Renzo que tenia unos alucinantes ojos verdes. Luzdeli, con esa mezcla extraña en su nombre, que solian tener todas las niñas de su familia y bueno, no recuerdo más… y si me acuerdo, posiblemente esto ya esté publicado.

El primer y segundo grados de mi vida fueron traumáticos, tal vez por eso decidí olvidarlos, ponerlos en mi amnesia voluntaria. El trauma mayor fue que me llamaran Cindy, porque se me estaban cayendo los dientes de leche y me decían Cindy, “sin dientes”, era muy joven en ese entonces, imagino que no sabía defenderme y mentarle la madre a quien se atreviera a decirme tal crueldad. Puede que eso explique tanta agresividad acumulada. Luego, como la familia era grande y muy amable, recibí como herencia los uniformes de mi prima Evelin, que era muy coqueta, ella o su mamá, no sé bien; el detalle, es que sus faldas eran bastante cortas, no exageradamente cortas, pero estaban encima de las rodillas, y en aquel pueblo infernal, todas las niñas eran beatas y cucufatas igual que sus madres, y todas tenían las faldas del uniforme bastante abajo de las rodillas. Todos saben que las niñas de 5 a 6 años son muy crueles, y me llamaban “roba-novios”, solo porque tenia la falta un poco altita. ¡Sólo por eso!. Incluso ahora, 20 años después no podría robarle el novio a alguien, no por principios, sino por falta de valor.

Pero bueno, esas cosas ya pasaron, el pasado pasado, no me interesa, pero malditas las fotos que quedan, que nos recuerdan cosas que lo obligan a uno a publicarlas en internet. Aquí la prueba de que algún día era pequeña, tierna, dulce, incapaz de matar a una mosca, con el hígado intacto, cuando sabía multiplicar y no sabía sumar. Cuando había alcanzado el fin supremo de todo niño: aprender a leer.

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Para los que no me reconocen, la del círculo, soy yo.

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El patriarca

November 8th, 2009

Yo trabajo para el patriarca, posiblemente también tú. Él no me ha contratado, posiblemente tampoco a ti. Yo no gano un salario, tampoco tú.

Pero tú, yo y muchos otros trabajadores sabemos que al patriarca no le puedes decir que no. Si él dice que saltes, Nisiquiera te detiendes a preguntar qué tan alto, saltas lo más alto que puedas y “para ayer”.

Sin preguntas, sin explicaciones, sin dudas, haces lo que él te pide, no por miedo, no por temor, no por que puedes ser reemplazado, no por que se la debes y posiblemente se la debes, y varias. Lo haces, simplemente por que te lo pide él, y te lo pide, no te lo ordena.

soñé con un iPod touch

November 8th, 2009

Un lunes concebí la idea de comprar un iPod touch, al margen de mi temor de comprar algo tan caro y posiblemente innecesario. Me gusta la música, pero es dificil transportar música que me guste y oirla en cualquier esquina. Así que le pedí a mi brother querido que me compre un iPod con el descuento de los duendes de Santa, me dijo que “OK”. Ahorraría como 10% del costo, y podría jugar durante clases, conectarme a internet, y tal vez hacer algo productivo también.

El martes soñé con el iPod, el miércoles y el jueves… y le pregunté si ya lo había comprado, dijo que no , pero que “ya mismo” lo hacía. El viernes como 1 hora antes de su viaje (de dos semanas) me dijo que si quería que me lo envie ese día, que si era super importante, que si lo quería con desesperación. Yo pensaba que ya me lo habia enviado. Como iba a viajar dije que no, que estaba bien, que podía esperar a que vuelva a que me lo envie.

A su regreso, le pregunté si ya me lo habia enviado, dijo que todavía no lo compró.
Y al día siguiente y al día siguiente y al día siguiente, hasta que un buen día me dijo que lo compraría y lo enviaría, y que si quería que me envie arroz y aceitunas negras y la tarjeta de crédito nueva que necesito. Con todo eso asumí que me haría el envio y estuve esperando a que el cartero llegara, mirando por la ventana para que no me dejen la nota de “lo sentimos, pero no lo encontrarmos, tiene que recoger su iPod Touch en la oficina de correo más cercana”. El cartero nunca trajo algo para mi, aunque lo esperé cada día

Así que para estar segura pregunté nuevamente, si ya me lo había enviado. Cinco semanas después de aquél triste lunes, ¡todavía no lo ha comprado!. Pero ya se me fueron las ganas, dejé de soñar, me aburrí de esperar, que el iPod Touch se vaya al infierno, seguiré escuchando mi radio online.

Lección: Si vuelvo a querer algo con tanta desesperación, ¡voy a comprarlo yo!.