Lindsey
Esta historia va contada tal cual llegó a mis oídos, o mejor dicho, tal cual se quedó estampada en mi mente. No me la contó el amigo del amigo del amigo que conoció a Lindsey, la historia fue detallada por Lindsey en la sala aislamiento del hospital regional.
Advierto además, que dentro de la historia hay muchos lugares que no puedo recordar y que en lo posible evitaré nombrar, también, muchos medicamentos que tampoco puedo recordar, así es que me limitaré a contar la historia.
La presentación del personaje va así. Lindsey, 23, muy amiga nuestra, es doctora, está realizando su SERUM en algún lugar alejado de la selva, el único nombre que logro recordar, por mi afición nula a la geografía es Kiteni, pero el lugar donde ella estuvo queda a 1 día a pie y 4 horas en carro, es decir, muy lejos. Tiene como pasatiempos el realizar consultas médicas vía Internet, el ciclismo, la danza y la independencia.
Sábado 22, Lindsey tuvo que cruzar hacia algún lugar que no pude consultar, por que no me gusta incomodar a ala gente mientras cuenta sus historias, pero si usted oye por allí que estaba yendo a robar plátanos a una plantación, es completamente falso. Tuvo que cruzar hacia algún lugar en una oroya, con dos técnicos,. La oroya se ladeo y ella cayó, fueron 10 metros los que su cuerpo tuvo que caer. Diagnóstico, un brazo roto, un golpe en la cabeza y el susto. Quizá fue un milagro que no haya muerto, más adelante podrá tomar sus propias conclusiones.
Como cuentan los primeros auxilios, la envolvieron en una sábana, y la trasladaron amarrada a un palo, como pueda recordar alguna película de caníbales, tal cual, la transportaron varios nativos, caminaban lentamente, pues no están acostumbrados a recorrer distancias muy largas a pie y con tanto peso, y no digo que Lindsey tenga sobre peso, simplemente quiero resaltar que la caminata fue lenta. Considerado los conocimientos de medicina de la dueña de la historia, los técnicos que la acompañaban iban suministrándole medicamentos e inyectables para que soportara el dolor y evitar infecciones.
Pasadas siete horas de caminata, Lindsey vio que su vientre empezaba a crecer, y todos sabemos que el embarazo tiene un proceso y este no era el caso. Enviaron un diagnóstico por escrito a la posta de Kiteni, para que se les envíe una ambulancia, un nativo fue el encargado de la misión. Llegaron a las orillas de un río muy crecido que llegaba al cuello del los nativos, y no pudieron cruzarlo porque nadie llevó un equipo de buceo para Lindsey que seguía descansando en “pupa” mientras la trasladaban. A media noche pararon una camioneta, pero el río todavía no había bajado, llegada la madrugada, la camioneta logró cruzar cierto trecho, los nativos la llevaron a la camioneta y partieron, mientras su cuerpo seguía siendo golpeado por los baches del camino.
Entrada la mañana llegaron a algún lugar, donde el chofer de la camioneta se detuvo a desayunar, antes y después de ese desayuno, obviamente fue insultado por mucha gente, y por todos lo que puedan leer esta historia, lamento que “el pishtaco de mis historias” no haya estado presente para matarlo. Luego de los interminables minutos del desayuno del ya “mentado” chofer, prosiguieron su camino hacia Kiteni.
Dicen que existen muchas piedras en el camino que hay que sortear para poder llegar al destino, pero porque hay alguien supremo que insiste en poner piedras en el camino de los minusválidos. En el camino hacia Kiteni se encontraron con un encantador operador de grúas y su respectiva grúa, que no quiso moverse del camino para dejar pasar la camioneta con una persona cualquiera con la vida pendiente de un hilo, no quiso moverse, luego de una calurosa discusión de 15 minutos, que parecen insignificantes para nuestros oídos, pero interminables para alguien que ve su vientre crecer y el dolor explotar en sus huesos, se oyó el sonido más bello que ella puede recodar en sus 23 años de vida, una ambulancia.
El nativo había llevado a Kiteni en toda la noche con el diagnóstico en la mano y la ambulancia fue en su busca. Finalmente la grúa, digo el operador de la grúa entendió que debía ceder el paso, porque una ambulancia hace ver todo mas urgente e importante, obviamente. La pasaron a la ambulancia y se dirigieron a Kiteni, allá le dieron más medicamentos e inyectables para el dolor. Consiguieron un colchón para amortiguar la carretera y se dirigieron a Quillabamba, 4 horas más de viaje.
Ya en Quillabamba, tomaron las ecografías del caso, para saber porque el vientre estaba hinchado. Un órgano interno había reventado, había demasiada sangre para saber cual era, tenían que tomar una decisión ya. A la sala de operaciones, Lindsey cuenta que una de las emociones más espectaculares que experimentó fue la anestesia, se sintió en el cielo y no vio ningún umbral con mucha luz al frente, sintió volar y su cuerpo tan ligero que decidió dormir. Espero y no consiga alguna adicción a la anestesia.
Al despertar, pidió un informe detallado sobre la operación, el baso había reventado, y tuvieron que extirparlo, perdió mucha sangre antes y durante la operación, y el hospital carecía de un banco de sangre, así que después de la operación la doctora a cargo tuvo que donar su sangre. Claro que yo tuve la imperiosa necesidad de imaginar que mientras operaba también donaba la sangre, una transfusión directa mientras hacia los cortes, pero Lindsey apabulló mi imaginación, luego del inoportuno comentario.
Durante varias horas estaba vomitando y nadie sabía la causa, posiblemente tenía daño cerebral por el golpe, no había modo de hacerle alguna tomografía, y estaba vomitando algunos parásitos, que talvez consiguió en la selva o comiendo algo sucio. Tuvieron que evacuarla de emergencia hasta el Cusco, si hubiera tenido una tarjeta de acumulación de millas de viaje, todo hubiera sido justificado.
No se bien sobre la política actual del país y no me interesa mucho, pero creo que los médicos andan en huelga, porque Lindsey contó que no había nadie para trasladarla, pero Dios le envió a sus amigos de danza, con los cuales baila “covacha” en las fiestas de la Virgen del Carmen en Paucartambo todos los años, Ellos estaban allí, y la transportaron. Le tomaron las tomografías y descubrieron que tenía un edema cerebral, que no se que es, pero parece que no es riesgoso.
Ahora Lindsey está bien, esperando a que los médicos tomen decisiones sobre como intervenir el brazo roto, sonriente como siempre, le advertimos que la próxima vez que quiera llamar la atención sólo envíe un mail, broma cruel porque no siempre podemos decir algo agradable al ver a alguien querido en esta situación.
Jessica, otra amiga médica, nos dijo que en la sala de emergencias, Lindsey no la había reconocido y se asustó mucho, había que hacer las tomografías inmediatamente. Lo cual me recuerda que es bueno tener amigos en los hospitales, mejor si son doctores. Lindsey tiene muchos amigos en el hospital y dice que nunca le faltarán visitas. Hablando de visitas, está en el primer piso del hospital, en cirugía me parece, en una cama al fondo de pasillo, a la derecha, está ella recibiendo innumerables visitas.
Es necesario tener en consideración que a Lindsey no solo la salvaron sus conocimientos de medicina, la salvó su fe, porque estuvo rezando todo el camino para poder llegar a un hospital pronto.
Espero poder ir otra vez para terminar los pormenores de esta historia, ya de por si, espectacular
Las reflexiones del día.
1. Lindsey ya no podrá beber, porque no tiene baso. Yo beberé por ella, yo todavía tengo vaso y el mío es de plástico, marca basa.
2. Si te accidentas por esos lugares, haz buscar a Lindsey para que vaya en tu ayuda.
3. Si no puede darle una frase de aliento a un amigo accidentado, regálale una sonrisa y escribe lo que pasó para que su historia quede en la memoria del pueblo.