Lagartijas y lagartos

Luego de haber leído sin éxito “Quién se ha llevado mi queso” y “La vaca”, decidí por un momento, solo por un instante convertirme en guía espiritual de tantas almas descarriadas sin rumbo, para darles algunas pautas de como llegar a la luz, como darle sentido a sus vidas, como dejar de pensar que el mundo no vale nada.

Hoy me levanté temprano, algo que no pasa muy a menudo y menos sin haber puesto el despertador. Es más, me levante casi dos horas antes de la hora que tradicionalmente pongo el despertador, las 9:00 de la mañana, lo cual no suena tan descarado si aclaro que me acuesto a la 1:00, pero mis costumbres de trasnocharme leyendo comics no tienen mucha relación aquí.

Hoy me levanté temprano y mientras hacia mis ejercicios matutinos, que solo hago cuando me levanto antes de las 8 a.m., y tuve una revelación, un recuerdo, un chispazo, un atisbo de sabiduría. Tenía nada más y nada menos algo de que escribir en el blog, y así poder ganarme los frijoles, aunque no se me pague por este trabajo, es un modo de decirlo. Pero vayamos al grano, tres párrafos de preámbulo es demasiado.

Cuando voy caminando hacia la universidad demasiado distraída como siempre, suelo encontrar en el camino hojas que caen de los árboles que piso sin piedad para poder oír el crujir de sus cuerpos secos bajo mis pies. Es una ceremonia bastante desestresante, hasta que en cierto momento debajo de una de esas hojas que so algo más grandes que mis pies salta asustada una lagartija, pero no sabe que y me asusto más. Cuando voy caminando por las calles, y pasa un transeúnte a mi lado y me hago a un lado para que pueda pasar siempre algo se mueve del tallo de los árboles, a primera vista no se les ve, pero cuando huyen de mi posible ataque, no puedo evitar el sufrir un pequeño susto, nuevamente las lagartijas.

Pero, ¿Cómo se le puede perder el miedo a las escurridizas lagartijas?, si están en todas partes, cuando me quiero sentar en algún parque, están en las sillas, en las cunetas, en las hojas muertas en los árboles indefensos, en las paredes y hasta en la entrada de mi casa. La técnica es sencilla: ve al jardín trasero de tu casa, acércate a una lagartija mírala, conversa con ella, son de 10 a 14 centímetros de lengua a cola con la cual vas a hablar, verla parpadear, tranquila, ella siente tus miedo, tú el de ella.

De repente, de pronto, entre tus piernas cruza un lagarto, un lagarto de 30 centímetros de largo, un cruce extraño entre lagartija e iguana, un cocodrilo chiquito. Un grito se ahoga en tu garganta. No sabes si correr, saltar, retroceder o adelantar el paso y de pronto, del mismo arbusto de donde salió el lagarto sale otro, ¿Que haces?, lo que yo: gritar despavoridamente. Un grito largo, profundo, desde el fondo del alma, alarmas a mucha gente, luego se ríen al enterarse de la historia.

Es así, así de simple, como se pierde el miedo a las lagartijas, viendo un monstruo más grande y malo. Es así como ya no le temo a las lagartijas, las veo como lagartijas.

Es así querido amigo, amiga, como debes perderle el miedo a tus lagartijas, buscando un lagarto. Recuerda que esta historia es como una parábola, tienes que buscarle un significado aplicable a tu vida y a tus propias lagartijas. “Ve en busca del lagarto, arriésgate”

– Este relato también fue publicado en www.placertextual.com : el placer de estar informado

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