Gecko….
Roberto Gutierrez Poblete, suena al nombre de una persona cabal y cuerda, incapaz de llevarse a la boca una manzana sin lavar.
Roberto Gutierrez Poblete, era conocido en el medio biológico como Gecko, pues tenia bastante cariño por las lagartijas de este tipo, y así lo llamaremos en adelante.
Gecko realizó un viaje a las entrañas de la selva como parte de un serminario de curanderos, pero fue extrañamente abandonado por el grupo que auspiciaba el viaje, dicen terceras bocas que la persona encargada de la logística que debía traerlo de vuelta olvidó realizar la reserva del helicoptero porque estaba ocupada intentando pagar una tarjeta de crédito a punto de vencer.
Gecko al darse cuenta de los hechos, pasadas varias semanas después de la fecha en que el helicóptero de la “DIET-PP” lo recogería, juró venganza. Terminó su propio curso-taller de curanderismo haciéndose de la confianza de los nativos de lugar, además aprendió por puro hobby a reducir cráneos, cosa que le producía mucha risa y esperanzas de continuar con sus planes.
Cada día iba juntando pacienzudamente algún artículo que necesitaría para salir del lugar, entre alimentos y “sourvenirs”, conocía su posición geográfica pues la había anotado del GPS antes que se le acabe la batería. Había pedido, además, suficientes pistas de los nativos para poder llegar al pueblo más cercano, sabía que existía un teléfono para conseguir ayuda. El teléfono estaba en un pueblo ni siquiera visto en el “Google Earth” a un par de semanas en balsa río arriba.
Terminada la balsa y el curso de curanderismo, tomo la “tangana” que los nativos le regalaron a cambio del conocimiento que él les dejó y partió en busca de su destino. Llegó al poblado y el teléfono no tenía tono de marcado, le dijeron que vendrían a arreglarlo en un mes, intentó buscar algún teléfono satelital, pero no logró encontrar nada con que comunicarse.
Gecko se dirigió a una camioneta pidiendo transporte, le dijeron que subiera en la parte trasera y que evite fumar, porque las gallinas podrían enfermarse, más tarde el dueño de la camioneta le invitó un caldo de gallina y partieron rumbo a Pucallpa. Temprano al día siguiente abrió los ojos y sintió mucho dolor en el hombro, una vieja herida de guerra obviamente, se vio tirado al costado del camino, solamente con la ropa que tenia encima…
Avanzó caminando por la carretera sobre sus instintos, incluyendo más personas a su lista de “me vengaré”, mentándole la madre a cuanta persona tuviera una madre. En el camino un camión de transporte de hojas de coca se detuvo para burlarse de él, él ya preso de la ira, retó al chofer a un mano a mano, para recuperar el honor, el chofer era un grandullón con pinta de ex-carcelado del mismo infierno, pero a Gecko le importaba un rábano los aires de matón del chofer. Lo noqueó sin saber cómo, destiló un poco de ira pateándole los cojones, tomó el camión sin recordar si sabía o no conducir y fue volando rumbo a Pucallpa.
Encontró la camioneta de gallinas que lo había abandonado, en un poblado, la abolló contra la pared, buscó al chofer, no preguntó por sus cosas, le dio con una vara en el cuello dejándolo desmayado, sin circulación por el resto del su vida. Buscó en la camioneta su mochila, la entró prácticamente vacía, solamente estaban algunos cráneos reducidos que se trajo como “sourvenir” del poblado de curanderos y su cuaderno de campo, no había dinero, tampoco lapiceros. Retomó el camión buscando cumplir su venganza.
Pasados varios kilómetros se acabó el combustible, descendió y siguió caminando, cantando maniáticamente una canción de cuna, que le cantaba su abuela durante su niñez. Puso una sonrisa melancólica en cuanto oyó un automóvil acercándose, era una camioneta pequeña, con la caseta para dos personas, pidió al chofer que lo acercara hasta el pueblo más cercano, el chofer lo miró con desconfianza y sin pensarlo dos veces empezó a recitar unas palabras en “machiguenga”, el chofer quedó con los ojos vacíos, como quien acaba de perder su alma, amablemente lo bajó de la caseta y prosiguió su camino, solamente considerando los mapas que le quedaban en la memoria de los muchos viajes realizados.
Cuando se terminó el combustible, paró otro carro y ésta vez ya no pidió “por favor” o puso la expresión de “necesito ayuda”. Cada vez que terminaba el combustible del carro de turno se valía de alguna treta para tomar otro “prestado”, todos los conductores quedaban tirados en el camino con el alma perdida en algún lugar que tal vez Gecko tampoco conocía, los nativos y campesinos que habían oído hablar de los sucesos empezaron a correr la voz de que el “pishtaco” había vuelto, que andaba perdido y nadie sabia donde volvería a atacar, pero el “pishtaco” si sabía donde estaba, y hacia donde se dirigía, mas no sabía lo que estaba desatando en el camino.
Finalmente llegó a Arequipa, fue en busca de “El Flaco”, sabía que él no le fallaría, “El Flaco” lo encontró irreconocible, casi tres semanas había pasado conduciendo desde Pucallpa, tenia ojeras gigantezcas, el cabello muy sucio, las ropas irreconocibles en su color, se le notaba un poco las costillas, ni él mismo recordaba si durante el viaje había comido o dormido, el sólo tenia un objetivo en la cabeza, llegar a la “DIET-PP”. “El Flaco” pensó que quería cobrar alguna deuda o buscar un nuevo contrato, Gecko comentaba hechos muy incoherentes de su travesía, cosa que era normal.
Pasaron un par de días juntos, comprando pasajes para Lima y recuperando algo de peso. “El Flaco” tenía algunas sospechas porque Gecko había olvidado donde vivía, el nombre de sus padres y cada cierto tiempo lo asaltaba la canción de cuna de la abuela. Con cierto miedo de sus actos futuros, fue a despedirlo al aeropuerto.
Llegado a Lima Gecko, tomó un taxi directamente a la “DIET-PP”, entró en la oficina de logística y se puso a recitar más versos “machiguenga” que parecían haber cavilado en los pensamiento más profundos de la encargada y se retiró sin hacer mucho ruido.
Salió silbando una nueva melodía con mucha tranquilidad, oyó gritos, golpes, y finalmente del sexto piso, de la oficina donde había estado hace unos minutos prácticamente volando por la ventana salió una mujer que al parecer pensó por un momento era estrella de fuego o la mujer maravilla.
Gecko regresó a sus labores normales, y olvidó todo lo que hizo después de dejar el curso de curanderos y los saltos por la ventana. Nadie pudo incriminarlo, ni intentaron culparlo, pues no habían testigos durante las extrañas apariciones de “el pishtaco”.
July 11th, 2007 18:57
Porsiacaso la ficción va de la mano con la verdad en éste cuento!!! jejeje me encanto!! y no tiene nada que ver que yo sea el Gecko!!!
July 12th, 2007 19:33
Interesante historia, solo esperemos que el Gecko no se vuelva a extraviar, y menos aún cerca de mi selva, podrían salir perdiendo mis paisanos; se nota que es muy rudo y lo que es peor, muy astuto.
July 20th, 2007 15:40
solo espero que no se te hayan perdido las ranas que traias
July 21st, 2007 10:22
…jajaja hay Gecko cuando no… pero sobre los souvenirs yo quiero una cabecita ;9 y eso de que se te notaron las costillas delo flaquito q estabas ..si es ficcion verdad jajajaja
July 28th, 2007 19:21
jajajjajaja
August 6th, 2007 17:57
La venganza del “Gecko” temido en otros lares como el “Pishtaco de Marcapata”
Buen cuento!
October 17th, 2008 13:45
jaja seguro estabas delgado? ver para creer queiro ver esas costillitas