El código dal Gecko
Hace tiempo que estoy leyendo “Los Detectives Salvajes” de Roberto Bolaño, qué puedo decir, es un libro grandioso, que me dejó con ganas de ser también una detective salvaje.
No pudo ser un mejor momento. Me alistaba para mi ducha matinal, aunque no suena muy racional si tomas una ducha matinal a las 11 a.m., el asunto es que me preparaba para darme una ducha. Derepente entre la suavidad de “Bloodstream” de “Stateless” se coló un sonido incómodo: alguien me hablaba por messenger. Me acerqué al ordenador del escritorio y me volví a raspar el brazo con la lámpara, no sé si sea mala la ubicación del escritorio, de la silla frente al escritorio o de la lámpara junto a la silla, pero vivo raspándome el brazo. Era el Gecko hablándome en el messenger.
No hablabamos hace meses, sabía que era algo importante. Leí lo que estaba escrito en la ventana del messenger, tres líneas, ninguna era “hola”, pero cuando es tiempo, es tiempo, no hay tiempo de holas y ahora era tiempo. El plan tenía que empezar, habíámos estado preparándonos para este momento durante los últimos catorce meses. Hice un par de llamadas, jugué solitario mientras esperaba un mail. Tenía que buscar un artículo en un Journal de Herpetología de la biblioteca Suzzallo. Anoté en un papel la ubicación del estante donde se encontraba el Journal. Tomé la mochila y metí dentro la portatil, la cámara, lápiz y el papel con la ubicación exacta del texto, y claro, el pase de bus. Los detectives salvajes no tenemos dinero para el bus.
Comí algo ligero de desayuno, tal vez almuerzo, no se , la primra comida del día a la 1 de la tarde carece de un nombre coherente y me resisto a utilizar esa fea palabra llamada “brunch”. Caminé a la parada del bus 545 y me dirigí a la biblioteca. Pasó el bus 542, me di cuenta que había salido bastante tarde porque ese solo pasa entre las 3 y 5, pero ese me deja como 15 cuadras más cerca de la biblioteca que el otro. Estuve leyendo el capítulo 14 de “los detectives salvajes” mientras el bus llegaba a su destino, me bajé, respiré el aire fresco de la universidad vacía, porque los viernes por la tarde siempre está vacía, caminé hasta la biblioteca y cuando me preparaba para empujar la puerta me di cuenta que todo había sido demasiado sencillo. Me senté en la banca fuera de la biblioteca, saqué la portatil y volví a buscar el mail con la información del artículo en el Journal. Tenía toda la información bien anotada, pero encontré una línea al final con link a un mapa de buses de google. El mapa era el mismo que yo habia usado, pero tenía algo especial: el mail me lo enviaron a las 11, pero la hora con la cual habían hecho los cálculos del trayecto en el mapa era para las 4 de la tarde, y el bus era el 545. Supuse, no mal, que esa información no estaba en vano de esa manera. Caminé de regreso a la parada del bus, contemplando los árboles, las hojas, el puente y el otro puente hasta llegar a la parada del bus 545, 15 cuadras mas allá de la biblioteca. Saqué el papel y el lapiz y caminé de regreso a la biblioteca, pero esta vez mirando cada detalle del camino, no encontraba ninguna pista digna de se anotada, hasta que encontré unos números escritos en el piso: 266. Lo anoté aún sin saber su significado, seguí caminado y encontré el 2, luego en una pared estaba escrito el [14]. Luego de anotar el “[14]” supuse que hubiera sido más sencillo incluir el volumen y página del Journal en el mail, pero tal vez era demasiado riesgoso, puede que durante esta misión más de uno nos estuviese vigilando y más de uno conocía el contenido de nuestros mails.
Llegué a la biblioteca haciendo un plan mental para conectarme a internet, buscar nuevamente el estante donde estaba el Journal con los números que estaban en la calle, la tranquilidad de la universidad me hechizó de un modo extraño. Empujé la puerta de la biblioteca y , maldita sea, estaba cerrada. Me senté nuevamente en la banca fuera de la biblioteca y cuando me preparaba para sacar la portátil, quizá podía encontrar el artículo en internet, un aroma de lilas llegó a mi nariz, ese aroma fue tan seductor que me olvidé de la misión y seguí a mi nariz hacia las lilas. Llegué al origen y no habían lilas, era un arbusto de flores blancas que no había visto en mi vida, me aproximé a el yaunque el olor era muy similar al de las lilas, tenia un dulzor extraño que me hizo alejar de él violentamente, seguramente habían abejas cerca. Las abejas no son cool. entonces me quede contemplando de lejos el arbusto y vi que a lado había una placa con el nombre del edificio “Melinda Gates Hall”. Ya todo había dejado de ser coincidencia saqué nuevamente el papel a buscar los números.
(continuará o no continuará, he allí el dilema)