Despedidas

Iba paseando por las calles de esta ciudad, Seattle Washington (no Washington DC), intentando ubicar una biblioteca pública donde devolver unos libros que tengo hace 21 días. Ví muchas cosas que no volveré a ver y sufrí una repentina regresión a mi niñez. Recordé traumáticas escenas viendo por una rendija “la pulgarcita”, hace casi un millón de años. La dramática escena vuelve a mi mente de una manera extraña pues yo siempre creía tener la peor memoria del mundo.

Recuerdo que la pulgarcita sufría tanto en su largo camino al “felices por siempre”, que mi hermana me hechaba de la habitación donde estaba la televisión y se encerraba adentro, yo tocaba la puerta alegando que ya no sufriría y que sería fuerte. Una vez adentro no pude soportar que el moscardón se llevara a la pulgarcita y empecé a llorar dramáticamente. Me volvieron a hechar de la habitación, pero había una pequeña rendija debajo de la puerta, así que me acomodé lo mejor que pude y llorando continúe viendo a la pulgarcita. La escena que más recuerdo es la pulgarcita despidiendose de todo lo bonito cuando se iba a casar con el señor topo… así que anoche me convertí en la pulgarcita en busca de una librería pública.

Adios árboles de extraños y confusos colores [aquí los arboles varian de verde a morado, pasando por rojos y anaranjados], adios estrellas del engañoso cielo [cuando empiezo a ver la estrella más grande que he visto jamás, termino cayendo en cuenta que es un avión], adios reflejos de la ciudad en el lago, adios metro del cual tenia pase libre [beneficios para estudiantes, excelente servicio público], adios freeway, adios plantas acuáticos [cuyo nombre jamás averigüé], adios cielo rayado [por los aviones del army], adios hojas secas que me encanta pisar, adios plantaciones falsas de marihuana [un montón de árboles con hojas muy parecidas… pero no es], adios Starbucks en cada esquina, y finalmente y con mucho dolor, adios biblioteca pública con número de libros y tiempo de préstamo casi ilimitado del cual osé prestarme siete libros y solamente leer tres.

Mi hermano reía junto a mi al escuchar mi despedida. Pero realmente extrañaré este lugar, fue una buena época la que pasé aquí, que no hubiera sido tan grata si no hubiera tenido a mi familia [Hillary y María del Mar] para que me apoyen en medio de mis crisis de histeria.

Leave a Reply