de noche

Esto es mucho más que música para mis oidos, aunque tengo un fondo musical bastante sutil.

Es un deleite tan carnal como el de un aderezo bien hecho o un asiento mullido.

Me gusta caminar muy tarde por la noche, pues puedo oir el interior del mundo. Ahora tengo la certeza de que muy adentro está mi corazón porque puedo oirlo, tengo el cielo tan cerca que puedo percibir cada estrella al centellar, quisiera tocarlas pero las puedo apagar, oigo arrastrarse mis pies y si tuviera la suficiente paciencia posiblemente podría contar cada grano de polvo arrastrado por los zapatos. Algunos momentos que las fantasías no roban mi mente, suelo contar mis pasos que rompen el suelo como quien despierta a un fantasma de piedra.

Pasar mil veces por el mismo lugar puede resultar insensato, pero no si es con un propósito, he pasado por ese lugar 583 veces y lo conozco de memoria, podría ir por él con los ojos cerrados. Aunque temo hacerlo porque podría premeditadamente no llegar al lugar de siempre.

Escucho el viento, muchas veces lo siento acariciando brúscamente mi rostro, se pasea y corcovea entre mis cabellos para luego salir huyendo. Regresa y silva para que siga su camino, pero ésta vez no podré hacerlo, me empuja y se va, ahora para siempre.

El mundo en su estado más puro está aquí conmigo, libre de la contaminación del avance sin límites de la humanidad que, incluso, con su impaciente respirar puede manchar mis pensamientos.

Voy junto a mi sombra, trata de llevar la delantera, se arrepiente cerca a casa, toma otro camino, siempre se despide en el mismo lugar. Hasta mañana será.

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