De la maestría y sus demonios
Mi blog empieza a tener cierto sabor de “estudiante de maestría… bloggea”. Pero es que cada día paso por una etapa tan diferente, complicada e imposible de sobrellevar, al menos por mí que tengo la voluntad en cero y mi único propósito en la vida es conocer Cuba, el cual puedo realizarlo el próximo trimestre o cuando cumpla 60, pues aparte de ese propósito no tengo otro, mi otra larga lista de pendientes simplemente tienen prioridad 2 en base a 100, así que un doctorado para mi es casi tan importante como hacerme un tatuaje detrás de la oreja. Pero no puedo decir de este agua no beberé, porque ese agua puede que me de tranquilidad emocional y paz interior, y finalmente dejar las pesadillas de lado.
Estoy buscando motivación en cada esquina y hasta en las cajitas de leche de soya que me destruyen la integridad emocional y me producen migraña. Pero no la encuentro, trato de engañarme diciendo que terminando la maestría podré tener dinero y hacer todo lo que me plazca, pero el conseguir un trabajo en la rama de la informática es bastante de por si traumático. Si bien es cierto que paso casi 14 horas frente a un computador, no significa que trabaje o haga algo productivo en esas horas.
No logro tomar voluntad y continuar leyendo, haciendo trabajos, o tratar de investigar cosas que no me interesan. Pero tengo que continuar, tengo que hacerlo, porque en estas circunstancias no tengo más opciones, o al menos no tengo opciones lógicas, honestas o reales. Aunque de un modo menos fatalista, todos siempre tenemos opciones, pero nos negamos a aceptarlas o analizarlas, o son rutas de escape porque no queremos hacer las cosas bien. Simplemente sentarme y leer, leer, leer, leer y leer más, porque no puedo leer tanto, sin desconcentrarme. Aunque lea mil veces el mismo papel, el mismo párrafo o la misma oración, no garantiza que la vaya a entender si de por si no tengo la predisposición de entenderla.
Empezar a pensar en otras materias irrelevantes se ha convertido en una especie de vicio sobre el cual caigo todas las veces que trato de estudiar, y cuando pienso que la literatura si sería lo mío, sufro un bloqueo mental, y no puedo ni escribir para el blog. Luego me pongo a averiguar universidades cercanas donde puedo estudiar literatura, como conseguir préstamos para estudiantes, becas, luego de dos horas piso tierra y regreso a lo mismo: más líneas incomprensibles.
Escribir este tipo de cosas es reconfortante, ayuda a poner en cero mi frustración académica. No hago otra cosa que no sea quejarme, con familiares y amigos, vía teléfono o msn y hasta en mi blog. Es un círculo que voy siguiendo, del cual tengo que salir antes de que me de otro ataque de pánico como el sufrido la semana pasada. Aunque le intente echar la culpa a mi hígado y a los chocolates, en el fondo sé lo que realmente pasó.
Un ataque de pánico es lo último que le desearía a alguien, es un golpe que la conciencia le da a todos los órganos, especialmente al estomago. Después de sentirme miserable, me dieron arcadas, se me revolvió el estomago, y hasta ahora tengo las tripas adoloridas de tanto vomitar. Todo pasa cuando es sábado por la mañana y se tienen tres tareas con plazo de entrega ese día, la salud física y emocional tienden a traicionar y golpear duro, la fuerza de las piernas se va y terminas abrazada a un inodoro que no habías abrazado antes, no queda otra que entrar en confianza.
Leo suficientes comics sobre estudiantes de maestría y doctorados para saber las crisis nerviosas que sufren, y las técnicas de procrastinación existentes en el mundo entero. Pero creo haber cubierto todos los métodos y haberlos superarlos con mucho éxito y orgullo personal, pero eso también es mucho material para deprimirse e intentar saltar del quinto piso que en realidad es el sexto al ver que un trabajo que podría hacerse en dos semanas no ha sido empezado y debe ser entregado en 2 días o dos horas.
Espero haber llegado a la etapa en la cual puedo distribuir mi tiempo de procrastinación y poder estudiar un poco, tengo la esperanza de robar un poco de la disciplina que han tenido mis antepasados y la cual me han ido recordando minuto a minuto los incontables recuerdos de mi niñez y adolescencia… sermones que recuerdo dormida o despierta.
Este es un momento de reflexión indirectamente causado por la Semana Santa, pero con o sin psiquiatra quisiera moverme hacia adelante, sin importar hacia donde se dirija ese adelante, y no seguir estancada en la misma tragedia griega de autocompasión y sentimientos de culpa por no hacer algo que si puedo hacer.
Siento que he visto la luz y debo ir hacia ella.