bebiendo de más

Vuelvo a verme tentado por esa copa vacia de vino tinto. Sentado frente a la copa con los brazos relajados sobre el sofá, observo como me coquetea e intenta seducirme, con palabras sofocantes, ofreciendome esos labios agridulces. Pero yo rio con ironía y le recuerdo que está tan vacía como las últimas dos horas, rie con picardía recordándome que, eso solo depende de mi.

Observo con esperanza la botella que está parada junto a ella y le hago una mueca a la copa, que suspira y solloza. -También vacía!- Recrimina.

- Deberíamos ir al zótano y buscar una buena botella del 83 -
- Pero todas son del 83, sólo colecciono del 83, tan pronto lo olvidaste?. Parece que el vino se te subió a la cabeza -
- Vamos por cualquiera de ellas entonces? -
- ¿Te has dado cuenta que ya bebido demasiado hoy?. Tienes las mejillas sonrojadas, empiezas a tambalearte -
- Tú andas ebrio, no yo!. Yo no estoy tambaleando, tú me ves tambaleando-

Éstas últimas palabras de la copa me enfurecen, no sé que decirle, cómo le aclaro que quien estuvo bebiendo demasiado fue ella y no yo. Me siento ofendido. Parece algo más atenta que yo, es muy perspicaz, puede que el alcohol haya logrado avivar sus sentidos, qué puedo decirle para convencerla de que yo tengo la razón y no ella, porque yo la veo bailar sobra la mesa… una copa con vocación de “table dancer” no es algo que se vea a diario, menos si está sobria, como ella insiste.

- Te reto pequeña, quién puede aguantar más tiempo sin beber, empezamos hace dos horas, te estaré vigilando y tu a mi, obviamente -

Me mira con cierta impresión de no creer la propuesta, vi un par de miradas de duda, sospechará algo que yo no?.

Acepto - dijo - Brindemos para sellar el pacto.

Fui al zótano, prácticamente corriendo, en busca de un semiseco del 83. En el camino lo destapé con el tirabuzón del llavero, me serví una copa y gané el reto, ella se lo bebió primero.

La copa avergonzada por la derrota confesó que me había propueso el brindis con saña, esperando que yo tome el primer trago, pero olvidó que ella se lo tendría que tomar antes que yo, las damas primero, obviamente.

Compartimos media botella más, riendo por la excusa para la siguiente media botella y fuimos a descansar al dormitorio, ella se sentó en el escritorio que daba hacia la ventana, suspiró celosa y se dedicó a contemplar la noche. Yo me senté a su lado con la botella todavía destapada, buscando la luz de todas las noches, la encontré bajo la sombra del árbol de siempre, solté la botella y empezamos a recordar y soñar.

Imagino que pasaron varias horas, cuando recuperé la conciencia, la alfombra ya estaba seca, con otra mancha de vino del 83. La luz de las 6 de la mañana me obligó a permanecer con los ojos cerrados mientras me incorporaba. Ella se había dormido en la mesa, con media copa de vino encima, como para empezar el día, me la bebí, regresé la botella y la copa a su sitio y fui a dar una caminata por el parque con las manos en los bolsillos.

Leave a Reply