Archive for May, 2010

Algunas veces

Saturday, May 8th, 2010

Algunos días al despertar miro al cielo gris, respiro profundo para darme ánimos de salir de la cama, algunos días lo logro otros me quedo tres horas más, revolcándome entre las sábanas, luchando contra el sentimiento de culpa.

Algunos momentos tengo la intensa necesidad de volar, salir por la ventana, desplegar mis alas y volar hacia el mar, volar alto hasta sentir que el sol me quema las alas. Luego recuerdo que me dan miedo las alturas, pero la sensación de libertad calma cualquier miedo.

Algunas veces me cuesta respirar, tengo que echarme en el piso con la espalda y la cabeza completamente rectas para que aire fluya adecuadamente a mis pulmones. Cuesta y duele respirar.

Algunos instantes me duele pensar, cada pensamiento hiere mi ser y simplemente tengo que apagar mi cerebro y dejar de pensar. Principalmente dejar de pensar.

Empiezo a dudar de la efectividad de mis títulos

Saturday, May 8th, 2010

Era uno de esos días, uno de tantos en los cuales tenía que desayunar de camino al tren, esperando el tren o dentro del tren, un vaso de café con sabor terroso y una rosquilla de anís. Llevaba un saco y una corbata anudada en un perchero, pues caminar hasta la estación del tren en saco y corbata era casi tan horroroso como trabajar todo el día en saco y corbata. Llevaba, también, un maletín muy gordo repleto de documentos y libros de la oficina, porque siempre llevaba material a casa para adelantar trabajo y aprender cosas nuevas, pero en su casa era absorbido por la desidia y siempre terminaba viendo televisión o jugando en la computadora. Era uno de esos días en los cuales uno se siente miserable y ya no conoce la razón, cuando las frustraciones se han acumulado al grado de llegar a la indiferencia. Este día no se fijó en el semáforo, no recogió la rosquilla de anís, dejó el cambio de 10 dólares como propina, olvidó pedir un poco de hielo en el café y al tomarlo se quemó la boca, sintió como el calor y el dolor pasaba por su lengua, su paladar, lastimaba su tráquea y se distribuía dolorosamente por su interior. No podía gritar, insultar o injuriar, había mucha gente esperando al tren y le habían enseñado que no era adecuado maldecir en público, tampoco en privado, simplemente no podía maldecir.

Subió al tren y lo vio repleto de tantos rostros conocidos de gente completamente desconocida. Vió a esa señora que sonreía a todos los que la miraban, como si les conociera de siempre, había cambiado el color de su cabello, pero tenía el mismo peinado de siempre; vio al enfermero calvo, siempre con su uniforme celeste, siempre calvo; vio a las dos secretarias chismosas que ponían cara de picardía o sorpresa mientras susurraban cosas; vio a varios estudiantes en uniforme que parecían continuar dormidos; y a todas las demás personas de siempre, era como una fotografía vieja, un cuadro que nunca cambiaba, todos se sentaban en los mismos lugares, todos se sentaban con las mismas personas; incluso los que iban parados, como él, iban apoyados en las mismas zonas de todas las veces. Mientras repasaba a la gente con los ojos, el tren empezó a moverse, llevó los ojos al mapa que estaba junto a la ventana, e iba verificando las paradas en cada estación.

La octaba vez que se paró el tren, vio por la ventana el nombre de la estación donde debía bajarse, su trabajo estaba justo cruzando la calle. Podía ver el tren desde su cubículo, cuando lo veía, se preguntaba hasta dónde llegaba el tren, si era solo uno que iba y venía o eran varios iguales, porque lo veía pasar varias veces al día. Estaba sujeto con el brazo de una de las tantas tiras de tela que colgaban de una barra pegada al techo, se abrió la puerta, salió una multitud de gente, todos apurados, colocando con urgencia celulares y libros dentro del bulto o la cartera, se escuchó la alarma de que la puerta se estaba cerrando y el tren partió hacia la siguiente estación. Cuando el tren partió, él seguía sujeto de la tira de tela, él seguía dentro del tren. Pensó que todavía era temprano y la necesidad de saber si habían varios trenes o era un solo aumentó, decidió ir hasta la última estación o continuar viajando unos 30 minutos más, si hasta ese entonces no llegaban al final bajaría y tomaría el tren de vuelta e iría al trabajo, si la ruta era muy larga seguramente habrían varios trenes.

Pasaron 10 minutos y vio un tren en la dirección opuesta, entonces, al menos eran dos trenes, pasaron 30 minutos más y vio otro tren en dirección opuesta, eran tres, habían pasado 40 minutos, pero él podría llegar tarde al trabajo y dar alguna excusa, él nunca llegaba tarde a su trabajo, posiblemente nadie lo reprendería. Pasaron 20 minutos más, llegó a una zona de la ciudad que él no sabía que existía, llena de edificios grises, descoloridos, sin gente o publicidad pegada a las paredes, totalmente desierta, una zona fantasmal, vio que era el único en el vagón, mientras el tren se detuvo por completo. Una especie de policía, bastante gris también, estaba tras la puerta del tren cuando esta se abrió, era muy pálido y la sombra de la estación con su traje azul le daban una sensación gris a su rostro, le dijo que era la última parada, y que tenía que bajar del tren. Se bajó y fue a la máquina de boletos a comprar otro para regresar, subió nuevamente al tren, nuevamente se topó con el policía gris, y le mostró su boleto de regreso.

El tren estuvo detenido por unos 10 minutos, reinició la marcha, dio un giro en U algo más adelante de la estación, una estructura ingeniosa la de los rieles o carriles que en gran parte de la ciudad estaban a 10 metros sobre el nivel del suelo. En cada estación el vagón fue llenándose, ahora habían nuevas caras, caras que empezaban el día a las 10, algunos con uniformes, pero ya no veía sacos y corbatas, vio dos trenes durante el transcurso hasta la estación cerca de su trabajo, él sabía que al menos eran tres trenes, pero se le había metido en la cabeza averiguar cuántos eran. Esta vez tampoco bajó, pensó que si alguien lo necesitaba con urgencia todavía podían llamarlo al celular, lo sacó del bolsillo para asegurarse que estuviese prendido y tuviera suficiente batería para un par de horas de ausencia, las que pensaba se demoraría averiguando el número exacto de trenes.

Observó el resto de la ciudad, calculó que los trenes pasaban cada hora, porque él los veía cada media hora, pero viajaba en dirección contraria, se puso a hacer algunos cálculos de física elemental para determinar distancias y tiempos, se dio cuenta que los trenes pasaban cada 30 minutos luego de hacer algunos dibujos y hacer una pequeña simulación en el papel; pero todavía no sabía cuántos trenes habían, pensó que mientras hacia los dibujos había perdido de vista a algún tren, ahora sabía que ya eran 5, pero todos eran iguales, pensó en ir hasta la última estación y poder ver en el transcurso el resto de trenes, pero el tren que no contó, ese que tal vez no pasó, mientras hacía sus cálculos le dejó con la duda. Empezaba a dudar de si mismo, vio sus notas y cálculos en la hoja posterior de un formulario de la oficina y sintió culpa, se bajó del tren en la siguiente estación, bajó por las escaleras compró un boleto y subió hacia el lado contrario para regresar al trabajo y ser productivo y justificar su salario. Otra vez la sensación de vacío lo invadió, llegó a su oficina y encontró a su jefe en la puerta, intentó disculparse por la tardanza, pero su jefe le dijo que estaba muy ocupado y que luego lo atendería, llegó a su cubículo y su compañero de lado le preguntó si había ido por un café a la máquina por qué no le había traido uno como siempre, nadie había notado su ausencia, y ya eran las 11:30.

Mientras iniciaba su computador miró por la ventana y vio pasar otro tren, tenía una dirección web escrita en letras gigantes al costado, la buscó en internet y vio los horarios y paradas de tren. Nunca le había interesado esa información, a él le bastaba saber que llegando a las 7:20 a la estación cerca de su casa, no perdería el tren y llegaría con tiempo a la oficina, con tiempo para ponerse el saco y acomodarse la corbata, nunca se tomó la molestia de pensar que el tren podría dañarse y nunca se dañó, así que nunca supo cuánto demoraba en llegar el siguiente o si en caso de ocurrir vendría uno después. Mientras revisaba las rutas, se dio cuenta que la última parada estaba bastante lejos de donde estaba él, luego apareció la cabeza del jefe de área por la puerta y les dijo que tenía una reunión y que cualquier consulta la resolvería el día siguiente.

Él cogió el celular y la cartera, luego metió el maletín gigantesco en el cajón de abajo de su escritorio, se quitó la corbata y la puso en la esquina superior del monitor y el saco lo puso detrás de la silla y salió. Nadie le preguntó a dónde iba. Compró 2 boletos para el tren y espero en la estación con la intención de llegar a la última parada, no la que ya conocía, sino la del otro extremo, pensó que la única manera de saber cuántos trenes había no era en movimiento, porque siempre se podía distraer y contarlos desde la ventana de su oficina era poco romántico. Mientras viajaba fue viendo como la ciudad decrecía en tamaño y altura, los edificios de oficinas se iban convirtiendo en edificios de apartamentos, luego en casas, las casas iban alejándose unas a otras, y los jardines y patios iban creciendo. Finalmente llegó a la última estación, encima de la inscripción con el nombre de la estación había un grafiti que decía “fin del mundo”, a los alrededores ya no habían casas, había como un bosque de árboles, el mar debería estar más allá del bosque, porque no se veían montañas; pensó que debería buscar ese lugar en un mapa para saber.

Sacó un sticker de la billetera y lo pegó al tren, afuera junto a la puerta, con eso descartó la posibilidad de confundirse, de contar el mismo tren varias veces, ese era el primero y sería el que marcaba el final del ciclo. El tren del sticker era el primero, el tren número 1, mientras esperaba el siguiente tren estuvo viendo al horizonte, y cuando trataba de imaginar lo que había detrás de los árboles, pasó el tren número 2, miró hacia atrás y vio más árboles, pero de ese lado habían montañas, vio algunas casas alejadas o manchas y colores que parecían casas, las fue contando y pasó el tren número 3. Apareció otro vigilante, como el policía gris, este tenía más color, cuando el vigilante le preguntó qué hacía le contó que estaba allí contando los trenes, el vigilante pensó en decirle cuántos trenes eran, pero algo dentro de él lo freno, conversaron un momento, le deseó suerte y se fue, pasó el tren número 4. Caminó hasta el borde de la estación, ésta también estaba a varios metros de altura del suelo, vio un estacionamiento, seguramente la gente iba en carro y luego tomaba el tren, aunque habían pocos carros, estuvo viendo colores y modelos, tratando de imaginar a la gente que vivía por allí inventándoles historias y motivos, pasó el tren número 5. Este tren no estaba vacío como los otros, pero solo bajaron 2 personas, dos mujeres con vestidos coloridos, muy sonrientes, las siguió con la mirada, hasta el estacionamiento, se subieron a un diminuto carro azul y se perdieron entre los árboles. Llegó el tren número 6, buscó a lado de la segunda puerta si tenía el sticker pegado, como hacía con los demás, de pronto imaginó que alguien pudo haber despegado el sticker y le dio ansiedad, sintió cierta paranoia, el tren se fue. El estómago empezaba a hacerle ruidos, recordó que no había almorzado, sabía que cerca de allí no encontraría comida, pero ya había estado allí por varias horas y no quería irse sin cumplir su cometido, se paraba y sentaba, para quitarse el dolor en la cintura, para estirar las piernas, escuchó el tren número 7, ya venía. Corrió hasta el inicio de la estación, el tren pasó lento, pero no logró distinguir si traía o no el sticker, corrió hasta la segunda puerta y no lo encontró, eran 7 hasta ahora, pensó que al menos debió traer un libro para leer, esperar era una tarea muy aburrida y agotadora. Se echó de espaldas sobre el asiento y miró al techo de la estación, parecía un domo, él hubiera preferido algo plano, como las antiguas estaciones de trenes, pero todas las estaciones y el tren eran muy modernos. Llegó otro tren, tampoco tenía el sticker, entonces era el tren número 8, la idea de que alguien le hubiese quitado el sticker al tren que marcó como el primero empezaba a hacerse más fuerte, el hambre hacía que se ponga más pesimista, pero debía esperar un poco más, sólo un poco más. Cerró los ojos para descansar un momento, y se quedó dormido; despertó asustado, miró el reloj, eran las 6:25, faltaban 5 minutos para que llegue el próximo tren, miraba el reloj con demasiada ansiedad, sentía que los minutos e incluso los segundos eran demasiado largos, hasta que llego otro tren. Ese era, tenía el sticker, estaba intacto. Entonces, eran 9 trenes, ¡No!, eran 8, recordó que ese ya lo había contado.

Sabía que era hora de regresar a casa, debía tomar el tren una última vez ese día. Bajó las escaleras, marcó el boleto para que le permitieran entrar al otro lado de la estación, subió las escaleras y se sentó para esperar a que el tren de vuelta.