Archive for March, 2010

Helena de Troya

Saturday, March 27th, 2010

Helena era, tal cual Homero la describió, una mujer muy bella, su hermosura era tal, que la misma diosa de la belleza, Venus, la envidiaba. Paris, hombre de beldad solo representable en Hollywood por Orlando Bloom, la vio en medio de un campo de trigo, un día de mayo, me es imposible precisar si era primavera u otoño, pero el trigo empezaba a ponerse amarillo, a competir contra el mismo color del sol. Sin embargo, al medio estaba Helena con un vestido, corte griego muy apropiado a la época, blanco, con bordados y cintas de oro puro, el viento empezó a soplar, el trigo empezó a cantar al golpear las hojas con los granos, el viento replegó el vestido contra el perfecto cuerpo de Helena, algunos cabellos escaparon, los rayos solares de las cuatro de la tarde, le dieron un brillo inexplicable, dejando a Paris sin aliento.
El viento se hizo más fuerte, la luz también, la sorpresa de Paris también, la luz brilló tanto y antes de que Paris logre sacar el grito de horror de su pecho, Helena ya habia sido abducida por una nave extraterrestre.

Este texto fue inspirado por el canal de ciencia ficción.

Demasiado temprano

Tuesday, March 23rd, 2010

Mi rutina normal, aunque bastante anormal, es despertar a las 9:40 aproximadamente, revolcarme un rato en la cama, convencerme de que tengo que levantarme, prender la terma eléctrica, esperar 20 minutos hasta que caliente el agua, tomar una ducha larguísimas, cepillarme los dientes, vestirme, secarme el cabello, peinármelo unas diez veces y siempre terminar con una cola de caballo o con un moño y muchos pelos parados al medio por la estática después de peinarme tantas veces. Me hago una taza de café el cual siempre termino enfriándo con tres cubitos gigantezcos de hielo, pienso que luego me molestaré el stómago y hago una tostada que termino comiendo con algo de mantequilla o mermelada, aunque prefiero la mantequilla, generalmente como mermelada, porque sé que la mantequilla terminará en mi frente. Mientras tomo mi café frío tiendo mi cama, barro todo el cabello que se me cayó del piso de mi cuarto, pongo en su lugar algunsa cosas que no disimulan bien el desorden, meto algo abrigador en la mochila y salgo, aproximadamente a las 12, salgo a trabajar, o salía a trabajar. Llego a mi trabajo y realmente no sé que hago hasta las 2, a esa hora voy a comer, preparo algo que me guste, que no tenga mucha grasa, que tenga algunos vegetales, pero no lo hago por mi salud, no lo hago para no engordar, lo hago porque sé que manteniendo una dieta balanceada no tendré que hacer ejercicio para bajar los kilos de más, veo tres horas de televisión, y a las 5 tengo que decidir si ir a l auniversidad a hacer algo o quedarme en casa haciendo nada, con el sol, la hora, y mi pereza natural, la mitad de las veces voy, la otra mitad no voy a la universidad. de algún modo, a las 9 de la noche me da hambre, como algo, y me pongo a jugar algun juego estúpido que me atonta y me mantiene si npensar hasta media noche, hago mi resumen del día: otro día sin haber justificado el aire que respiro, parasitando al planeta. Termina mi día, me cepillo los dientes y me duermo.

Pero ayer, no fue un día normal de mis días anormales, me desperté a las 7, eso es madrugada para mi, hice hora, pero de algún modo al terminar de limpiar, el café e incluso una manzana, llegué a la universidad a las 9, no estaba laxada por el calor como suele pasar, pero la universidad estaba cerrada, las incoherencias son tan aturdidoras y estúpidamente extrañas. Regresé a casa y estuve leyendo como 20 páginas de un libro en todo el día, aunque hice algo, puede que mi día no haya sido del todo productivo. Tenía planes para ese día, pero la puerta cerrada los anuló, aunque la mayoría de esas tareas no estaban planificadas dentro de la universidad, simplemente regresé a mi casa, me cambié de ropa, y estuve vegetando por muchas horas, al menos eso me sirvió para comprender mejor al mundo. Fue una bofetada en la moral.

Hoy, que puedo decir, son las 9:50, estoy en la universidad, ya he leido todos los comics, el periódico, la hora de procrastinación terminó y estoy completamente desganada, sin ganas de hacer nada, es como que demasiado temprano para estar así, no tengo ganas ni de leer las noticias, solo leí dos titulares, los de siempre, tengo muchas páginas web abiertas, pero solo las abrí, debería revisarlas, debería hacer algo. Quizás sea demasiado temprano para estar despierta, para estar aquí, hoy no tengo que trabajar, tal vez la idea de que tengo que trabajar haga que me levante tan tarde, será insomnio o será culpa lo que hace que me despierte tan temprano, hoy me levante más temprano que ayer, incluso hice una rutina de 10 minutos de ejercicios de estiramiento, hace tiempo no oía tronar mis vertebras y articulaciones, pero sigue siendo demasiado temprano.

Simplemente no tengo ganas de hacer absolutamente nada, nisiquiera de dormir, es completamente absurdo, tanta desmotivación a esta hora es absurda. Sigue siendo demasiado temprano, el día es largo y hay que aprovecharlo, pronto me caerá un rayo, lo sé.

La Perse

Tuesday, March 9th, 2010

Voy caminando por la calle hacia el banco, hace algo de calor, pero el sol está oculto. Estoy en la esquina, espero a que cambie el color del semáforo, los conductores a esta hora suelen estar demasiado apurados y pisan el acelerador sin conciencia de la señal de 25 MPH, de pronto viene un carro muy lento pegado a la acerca, se acerca sospechosamente, me paralizo de miedo, podrían ser de ese grupo que secuestra gente, dicen que avanzan lentamente hacia ti, te preguntan si conoces alguna calle de nombre ridículamente imposible y mientras tratas de hacer memoria, o ignorarlos simulando que no existen: te halan, meten dentro del carro y tu familia termina haciendo un entierro sin tu cadáver, pero el carro solo quería girar a la derecha, y lo conduce una anciana, que bien podría subirse a la calzada, retrocedo un paso y recupero el aire.

Cambió el semáforo, espero hasta que los carros estén detenidos antes de cruzar la pista, pero no puedo quitarme la imagen de la mente de la publicidad donde un coche arremete contra una mujer mientras cruza la pista, 15 millas podrían ser la diferencia, así dice la publicidad, siento mi cuerpo golpeado volando por el aire, golpeándome violentamente contra la pista, seguramente la luz cambiará y los carros que vienen en sentido perpendicular terminarán destrozando mi cuerpo y si sobrevivo, espero al menos tener la cartera a la mano, no quiero llegar a un hospital sin la tarjeta del seguro médico, ni vendiendo mis órganos al mercado negro podría pagar esas cuentas, sin el celular y las personas a las que deberían llamar en caso de emergencias y de pronto empiezo a imaginar a quién llamarían, tan turbio pensamiento termina siempre cuando termino de cruzar los 6 carriles de la autopista.

Sigo caminando y mis ojos se detienen en esa iglesia, la que vi en las noticias, donde arrestaron a ese hombre que secuestró un bebé, y si otro loco, esta vez armado regresa por aquí, será mejor caminar rápido, evitar el peligro. De pronto hay un terreno valdío, con el clima y todo, está lleno de yerba, hiede algo , será una lagartija muerta, una rata, algún ave o alguien tiró un cadaver para desaparecerlo entre la maleza, debería dejar esta ruta, no se ve muy segura últimamente, sigo caminando y está el portón de ese caseón abandonado, todo enrejado, imagino que nadie entra y nadie sale, imagino alguien encerrado cogiendo los barrotes con desesperación tratando de huir de algo que debe estar dentro esperándolo para acabarlo.

Me pregunto si ese tipo parado en la esquina espera a un dealer, o es uno, con el asunto este del tráfico y la guerra de los narcotraficantes, en cualquier momento podría aparecer un sicario en una motocicleta o uno más elegante en un BMW, sacar un arma automática y descargar todas las balas que compró anoche en la otra esquina, de ese carro que vi de la ventana, que ha estado estacionado allí por muchas noches, con las luces a medias. Si eso pasa, me detengo, me tiro al piso, corro, huyo por mi vida, qué hacer, situaciones difíciles, o tal vez es un delincuente esperando para robarme, dijeron que hace poco mataron a alguien por robarle 50 dólares, pero no creo que sepan que estoy llevando mi cheque al banco, en todo caso, mejor caminar ligero y fingir demencia.

Nadie me vio entrar al banco, estoy a salvo, nadie me reconocerá cuando salga, cambio de ruta para regresar a casa, tomo el camino largo, mucho más tranquilo, pacífico, la diferencia es una cuadra, son mundos completamente distintos, en esta hay un hombre barriendo las hojas secas, las levanta una a una para que el barrio se vea más pequeño burgués que de costumbre, en el otro tengo que caminar con cuidado esquivando ratas muertas o charcos de agua estancada, pero es el camino corto.

Llego a casa, la casa también tiene dos lados, el que tiene cara al parque, donde puedo ver los pajaritos de colores volando y haciendo nidos en los balcones, la gente paseando sus perros y otros haciendo ejercicios; el otro, en el cual es preferible no estar, porque nunca sabes que puedes ver allí o que puede entrar por allí, incluso los pájaros de ese lado del mundo son negros y toscos, de ese lado no vienen ladridos de perros falderos, sino metrallas a cualquier hora del día, tal vez vivo en la calle que divide al mundo de los burgueses y al infierno, infierno de varios edificios de 20 pisos donde sucesos completamente inesperados pueden ocurrir, a veces cuando duermo y escucho disparos simplemente me tapo los oidos y los maldigo porque no me dejan dormir, pero los pequeño burgueses tampoco me dejan dormir, con sus malditas podadoras a las 8 de la mañana, taladran mis oidos, pero la armonía perfecta es cuando un helicóptero de la policía decide hacer una inspección matutina al infierno durante un día de podar todo el parque, levantar las hojas y quitar la mala yerba, cosas como esta me hacen querer vivir en una isla desierta, para no caminar con la perse, para no vivir con la duda, pensando cuál de los dos infiernos es peor, porque todavía no sé si es peor un montón de perros falderos ladrando o la vista al infierno.