Archive for June, 2009

Sueños sin resolver

Friday, June 26th, 2009

Volví a soñar con él, esta vez me apuntaba con el dedo, como quien dice “si tú, tú, la que me mete en sueños incómodos”, como en película me toqué el pecho para asegurarme, asintió con la cabeza mientras seguía señalándome con el dedo.

Estaba dentro de la iglesia, no sé porque sueño con él dentro o fuera de alguna iglesia, es tan perturbadora la iglesia que me dan ganas de consultar con algún psicoanalista, pero temo que encuentren en mi pasado algún evento traumático con una iglesia, quizás en sueños pasados una iglesia trató de tragarme por dudar de mi fe, o se me cayó encima porque durante de mis sueños la capa tectónica se movió y eso provocó un terremoto, nunca sabré.

La primera vez que soñé con él, con Mario Vargas Llosa me regaló tres monedas, como en la parábola de los talentos, todavía las tengo guardadas en alguno de mis bolsillos imaginarios que suelo palpar cuando recuerdo el acontecimiento en mis sueños. Son monedas grandes, con bordes lisos, una dorada, una plateada y una de una tonalidad rojiza metálica. Esa vez mi madre destruyó mis fantasías diciendo que me había pasado frío por la noche, la gripe del día siguiente confirmó en parte su teoría, pero mis amigos trataron de alentarme diciendo que uno puede interpretar como quiera.

Pero ahora, volví a soñar con él, ¿me señalaba para que me le acerque?, ¿para que le devuelva sus monedas?, o ¿señala al muchacho de atrás?. Es tan complicado lidiar con las fantasías que uno suele dibujar en sus sueños, mucho más complicado pensar que divago durante horas incontables sobre ese hecho tratando de entender lo inexplicable, todavía queda el que sea una expresión de mi inconsciente que me dicta a seguir escribiendo, o que es un simple sueño.

Ahora, si vuelvo a soñar con él, como le explico que dejé las monedas en mi bolsillo y no hice nada con ellas, que sigo gastando los bordes de tanto acariciarlas, como le explico a MVLl que las monedas siguen allí y que no intenté crear un negocio próspero en la compra-venta de tejidos típicos o al menos escribir algo decente al respecto. ¿Cómo hago?

sobre las múltiples maneras de ejercitar la memoria

Monday, June 22nd, 2009

Es extraño pensar que solo te recordarás de mi cuando notes la ausencia de ese libro en el estante, es irónico pensar que primero notarás la ausencia del libro…

En momentos como este odio el concepto de la inferencia lógica y de tanto raciocinio inútil…

(texto corto dedicado para José Luis J-C)

del papel (2)

Saturday, June 6th, 2009

A los 16, justo a tiempo, descubrí mi vocación. Más precisamente hablando, descubrí y me propuse lo que quería ser y hacer en la vida.

Fue un día sábado, un inusual sábado en el cual papá y mamá estaban de viaje y me dejaron encargado pagar un recibo de teléfono, no podía pagar tarde porque podían perder su título nobiliario de “pagadores puntuales”. Me tuve que desprender temprano de los brazos de Morfeo e ir al banco. En el banco tomé un número y esperé casi media hora hasta mi turno. Me atendió una joven muy amable y sonreía cada vez que me miraba, fue allí cuando lo descubrí. Quería una carrera pacífica y sin muchas emociones, que no me exigiera pensar demasiado, que no requiera iniciativa, una carrera con un voluminoso manual de procedimientos, donde al final de cada procedimiento sugieren llamar al manager del área en caso de algún “incidente”.

Al terminar de pagar fui a casa y me puse a averiguar que se estudia para ser cajero de un banco, al parecer se puede estudiar cualquier cosa. Estudié economía y finanzas, pues por estos lares no hay carreras universitarias específicas para ciencias bancarias. Terminé pronto la universidad pues tenía apuro por empezar a trabajar, luego envié solicitudes a dos bancos, aquellos que ofrecieran mejores beneficios para los empleados y/o estuvieran cerca del paradero del bus. Me ofrecieron trabajo en los dos, al parecer mis notas me dieron algo de mérito. Me dio alegría e histeria a la vez haber recibido dos proposiciones, siempre le tuve miedo a elegir, así que elegí aquel cuyo nombre vaya primero alfabéticamente, y acepté el trabajo del banco cuyo nombre empezaba con A.

Firme un contrato por seis meses, un contrato de prueba. Me dijeron que dependiendo de mi desempeño en algún momento podría firmar un contrato permanente con la institución. Durante esos seis meses estuvieron probando mis habilidades para sorprenderme, me dieron algunos bonos y mi foto apareció cuatro veces en la pared, mi foto allí lucía enmarcada con letras azules que decían “empleada del mes”.

Mi fascinación por evitarme trabajos innecesarios me encarceló en una sencilla rutina y tres juegos del mismo traje para trabajar. Le tomé apatía a las salidas con mis amigos o a las compras, pero todavía veo a un par de ellos, el primer y tercer viernes de cada mes, como para no confundirme o romper la rutina mensual.

Cada mañana enmascaro mi apatía con maquillaje que es actualizado por mi mamá cuando va acabándose, ahora voy en taxi para no arrugar el traje en el bus. Llego al trabajo, aperturo la caja y empiezo a atender a los clientes. El procedimiento es sencillo: Contacto visual, sonrío, saludo ¡Buenos días! ¿Puedo ayudarlo?, ser eficaz podría ocasionar errores, confíe en sus instintos, pero evite usarlos, sea eficiente, olvídese de la cola, usted solo tiene un cliente: el que está atendiendo, cuente el dinero dos veces si hace falta, no olvide dar el comprobante, sonría, contacto visual nuevamente, sonría, preguntar si el cliente necesita algo más, sonría ¡Hasta pronto! y ¡que tenga un buen día!. A medio día hago el cierre temporal de caja, tomo el tiempo prudencial para comer algo liviano, 45 minutos es el tiempo prudencial, mientras mastico el número de veces necesario ese algo liviano, ese algo liviano que no me fuerce a hacer ejercicios o dietas para conservar la figura, sin engordar o adelgazar. Cualquiera de los dos casos podría ocasionar tener que confeccionar un nuevo traje, lo cual implica inversión monetaria y tiempo, romper mis rutinas, interminables tiempos haciéndome tomar medidas, es mejor que siga con las mismas así la costurera y yo nos ahorraremos muchos problemas y tiempo, principalmente tiempo.

Cada fin de mes hago el cuadre de gastos para actualizar mi presupuesto, que tampoco ha variado mucho. Hace un año saqué un préstamo con todos los beneficios que un empleado bancario podría tener para comprar un departamento cerca del centro, así papá y mamá tuvieran mayores oportunidades de distraerse y divertirse, ellos fueron los encargados de buscarlo y elegirlo, lo único que les pedí fue que no se pasaran de cierto monto, así podría pagar un monto mensual por el resto de mi vida.

Todo iba bien, era casi perfecto, incluso conseguí incluir en mi emocionante rutina ver una hora de noticieron, normalmente los ignoraba, pero tengo que verlos para alimentar el morbo de los cazadores de asesinatos, robos y suicidios.

Todo iba bien, tan bien. Pero algo falló, algo hice mal, en algo me equivoqué, algo dentro de mis “no planes” falló. Hoy habló conmigo el gerente de esta filial, me informó que por mi desempeño en los últimos meses me había hecho acreedora a un ascenso, mencionó un cargo con nombre largo, bonito e importante que no entendí o no quise entender, seguramente un cargo sin mayor emoción y con nombre complicado pensé. Hasta que al notar mi silencio y posible apatía muy bien plasmada en mi rostro empezó a describir las tareas del puesto. Sonaba como un cargo sencillo, hasta que dijo: interacción con otros empleados, posibilidades de crecimiento en la organización y “responsabilidad”.

Él asumió que había aceptado el puesto, me dijo que el primer día del siguiente mes empezaba a trabajar, que ya estaban acondicionando mi oficina. Le pedí un tiempo para meditarlo. La perplejidad me invadió… no sabía qué hacer.

No pensé que mi carrera como cajera bancaría terminaría tan pronto. Fue un gancho directo al hígado, pensé que había llegado al final del camino, la fecha de mi jubilación había sido dictada. El pánico me invadió, la apatía combatía al pánico, ser o no ser dijo Hamlet… odié a Shakespeare en ese momento. ¿Qué hacer?… he ahí el dilema en cuestión.

Fue un día histórico, ese día luego de algunas horas paseándome por los recovecos de mi tranquilidad, decidí volver a prender mi cerebro, perdí la tranquilidad por la que había luchado, este sobresalto en mi vida sin sobresaltos fue inoportuno. Pensar, que flojera. Me da cierta tentación pedirle al gerente que me deje en mi puesto eternamente, les evitaré el dolor y el trabajo de cambiar la foto del empleado del mes, ya pasaron dos años desde que la pusieron allí. Aunque lo adecuado es tomar una decisión inteligente, con el respectivo significado denotativo y connotativo de la palabra.

Finalmente luego de tanto sobresalto, decidí cambiarme y banco y volver a empezar, aunque sigo corriendo el peligro de ser ascendida nuevamente, y volver a empezar en otro banco sería la solución, una y otra y otra vez, y los colores de las rayas del terno del otro banco no me gustan, mejor me evito los sobresaltos, y las explicaciones incómodas de porque no me esfuerzo para crecer profesionalmente, aceptaré el ascenso y reestructuraré mi rutina, ni modo.

La Maja de migraciones

Tuesday, June 2nd, 2009

Imponente, así la veo cuando me paro en la puerta, toco despacio en la madera para que se percate de mi presencia. Me mira y examina, me pide que pase, solo gira el sillón no cambia la posición en que está sentada. Me pregunta el motivo de mi visita, mientras le explico analizo cada centímetro de su existencia, he quedado perpleja.

He encontrado mi propia Maja…
Está sentada, no recostada, la modernidad requiere ocupar espacios más pequeños, con un corte de Cleopatra más ajuste a la redondez de su rostro, con los brazos detrás de la nuca. Los marcos de los espejuelos le dan énfasis a su mirada que está fija en algún lugar desconocido que no logro ubicar, pero responde mis preguntas.

Tiene un poco inclinada la cabeza, así muestra el rostro perfilado y el cuello estirado, tiene la clavícula casi invisible, pero sé que está allí. El pecho se infla y desinfla cuando respira, su voz es pausada y sus carnosos labios no se mueven mucho. El
escote y la prenda pegada que tiene entorna su cuerpo, la posición de los brazos levantan su enorme busto, son muchas libras de mi Maja, mi Maja de migraciones, sigue respondiendo mis preguntas mientras admiro su sola presencia. Trato de tomar todo los detalles que necesito para describirla.

Miro cuidadosamente todos los contornos, sus contornos, trato de recordarlos, sus brazos, sus codos, el reloj en la muñeca derecha, las seis pulseras en la derecha, los dedos cruzados tras la nuca, el cerquillo que le cubre las cejas, el peinado tipo Cleopatra, el cabello muy negro, los marcos cuadrados en los lentes, las sombras muy grandes, las pestañas espesas por el rímel, los ojos fijos en alguna parte, las ojeras negras parecen manchadas deliberadamente, el rubor en los pómulos inexistentes, sus labios pequeños, voluminosos, muy rojos, una quijada casi invisible, el cuello impredeciblemente delgado, las arrugas del pecho, la línea que deja el escote luego de muchos días de sol, el escote, sus enormes pechos, su torso moviéndose con cada respiro, su cintura y el borde del escritorio.

Me despido y salgo pensando que título darle a mi próximo texto sobre mi propia Maja, mi Maja de migraciones…