Mi heroe de leyenda
Saturday, May 2nd, 2009Hay pocas cosas en el mundo que NO me hacen recordar a mi hermano menor. Lo recuerdo cuando camino, cuando cocino, cuando como, cuando me peino, cuando me visto, cuando estudio y cuando escribo, principalmente cuando escribo.
Vienen a mi mente sus manías y sus frases para convencerme de hacer algo que él cree que es correcto y que también cree yo podría estar de acuerdo. Cosas simples como prestar más atención en mi cuidado personal o no echarle las cantidades indicadas en el recetario de ciertos ingredientes a la comida. Su eterno desorden y su amor por el caos.
Pero más lo recuerdo cuando escribo, en teoría yo tengo muchas personas a las que les gusta como escribo, pero él es el único que me dice: carajo escribe!, como si fuera mi obligación hacerlo, como si de eso dependiera mi vida o como si en ese podría depositar mis esperanzas, como si en eso estaría el real descanso de mi espíritu, una profesión sin retiro, pero con muchas satisfacciones.
Son innumerables las sonrisas que me arranca inconcientemente, cuando lo imagino tratando de convencer a mi madre de dejarlo ser pintor, escultor, músico, poeta, tratando de convencerla que si ya tiene tres hijos profesionales, uno que haga lo que se le antoje no causará mayor daño a ella, a la familia, al barrio o incluso al planeta. Es tan soñador el pequeño que tratar de hacerle pisar tierra es doloroso, pero no para él, para uno mismo, cuando te das cuenta que alguien quiere algo tan imposible con tanta intensidad, con tantas ganas, con tanta esperanza, el decirle que no es posible hacer eso.. es casi tan doloroso como empujarlo desde el piso 92 de algún edificio. Para mala suerte suya tiene una familia entera de matasueños.
Está perdidamente enamorado de alguna muchacha que puede no merezca tanto amor, no lo condeno, a ella tampoco la juzgo. Simplemente puedo estar envidiosa por nunca haberme sentido tan ridículamente enamorada como para ser capaz de renunciar a mi futuro por alguien, ni siquiera puedo renunciar a mi pasado, tampoco podría hacerlo a mi futuro. Pero él si pensó en renunciar a un futuro, un futuro sin su amada, pero un futuro después de todo, es su punto de vista contra el mío, el mío que va más acorde con el del gigante sin corazón.
Mahatma es mi héroe de leyenda, así lo rebauticé cuando me hizo escuchar por milésima vez aquella canción de Héroes del Silencio, la milésima vez que lo acusé de haber nacido en la época incorrecta, lo suyo eran los 80s, allí si pudo hacer lo que se le viniera en gana, dedicarse al rock, a ser compositor, a la guitarra, a tener el cabello largo, a los peinados estrafalarios de todos aquellos músicos que me obliga a escuchar y me va contando que fue de sus vida o porque su música es tan buena, yo me limito a escuchar.
Es mi héroe de leyenda porque de algún modo sigue aferrado a sus sueños, aunque casi nadie sepa cuales son exactamente o nos neguemos a entenderlos o aceptarlos. Mi héroe de leyenda que alguna vez quiso ganar un novel por descubrir la cura del cáncer o inventar el metal líquido, sin considerar como el resto de mortales que para hacer eso primero hay que aprender a sumar, luego a multiplicar y finalmente aprender mucho de biología y esas madres que el tomó por hecho que podría absorber todo ese conocimiento del aire.
Mi héroe de leyenda se vuelve en un antihéroe, porque a veces le menta la madre al mundo porque todo vale un carajo si es que no haces lo que quieres hacer. Lo he visto llorar, lo he visto reír, me ha golpeado y lo he golpeado, casi nunca con fines precisamente científicos. No confía en la gente porque mucha gente traicionó su confianza… traté de educarlo para que confíe ciegamente en todo el mundo, él me convenció de ser más confiable, talvez en unos 20 años finalmente sea que es lo que hay dentro de su cabeza, de su corazón, porque los rompecabezas que voy armando con las pequeñas ideas que voy coleccionando de nuestras conversaciones son muy poco precisos.
Espero poder ayudar a mi héroe de leyenda a cumplir sus sueños, aunque sea a costa de los míos, punto a mi favor: yo no tengo sueños… el seguirá soñándolos por mi. Por el momento solo puedo hacer una cosa por él, seguir escribiendo.