Auditoría de TI: grupo de apoyo
Sunday, April 26th, 2009Señoras y señoras, niños y niñas, ayer expuse y no me desmayé.
Mentiría si digo que le tengo miedo al público, le tengo pánico. Odio exponer, hablar frente a grupos con más de 5 personas me pone realmente nerviosa, si es acerca de temas con alguna base científica o académica convierte mi miedo en pánico multiplicándolo por un número muy grande, me tiemblan las manos y las piernas, la voz se pone alcoholica, los colores suben apresuradamente a mi rostro, la sangre a mi cerebro y lo poco que aprendí simplemente se esfuma, el calor de la situación evapora mis conocimientos, así que siempre termino haciendo el ridículo.
Durante mi vida universitaria evité al máximo cualquier tipo de presentación en público, exposiciones, participacioens en clase, preguntas, examenes oráles, todo, también utilicé mi fobia a hablar en público para justificar el no presentar mi seminario y nunca empezar mi tesis, pero todo tiene un límite.
El día sábado tenía que exponer para mi curso de auditoría de TI, es un curso tan emocionante como contar nubes en un día soleado, o en un día lluvioso, mucho que leer, mucho que entender y siempre con la incertidumbre de saber si toda esa información te servirá para otro objetivo no sea el de aprobar el curso. Estaba tan nerviosa, leí cuatro veces las 24 diapositivas que teía que exponer, hice notas al costado con información extra y la debida traducción al español pues las diapositivas estaban en inglés, calculé que con mi nerviosismo y la velocidad con la que hablo cuando estoy nerviosa esas 24 diapositivas me durarían más de 6 minutos, pero el mínimo eran 20 y me pue mucho más nerviosa, intenté sentarme en alguna posición parecida a la fetal para encontrar algo de paz y protección y seguridad, pero no lo logré.
Finalmente, luego de escuchar 4 personas exponer y al jefe de mi grupo hacer una muy elocuente introducción al tema, me paré al frete de la clase, preparada con mis notas para leerlas de esquina a esquina, y tratar de leerlas lo más lento posible para que duren al menos 15 minutos, pero mi profesor me las pidió, dijo que no podía exponer con eso, las puse en la mesa frente a mi, pero las tomó y se las llevó lejos. Puse la mayor expresión de susto y dolor posible… mi compañero de grupo me dijo que todo iba a salir bien y me sonrió…
Apareció la primera diapositiva, vi el título, vi el texto… no tenía idea de lo que había allí. La sangre estaba subiendo a mi cerebro, hasta que recordé una palabra… tanto leerlo se me había quedado algo en la cabeza, pasé a la siguiente diapositiva, pero no se veía el título, traté de improvizar, pero a algún genio se e ocurrió arreglar el monitor para que se vean los títulos. Como se estaba cronometrando el tiempo de exposición el profesor me pidió que empiece nuevamente, otra vez puse mi cara de pánico. Fue allí que todo empezó.
Mi profesor me dijo, Fátima lo está haciendo muy bien, mi comañera me dijo, tranquila que no te vamos a hacer nada, otro compañero dijo, todo va estar bien… todos nos ponemos nerviosos, otro dijo, sin miedo, estamos en familia. Así que empecé nuevamente, más tranquila, y cada cierto tiempo cuando podía hacer contacto visual con alguien, me sonreían y decían que lo estaba haciendo bien, me daban esperanzas para continuar, hasta el profesor me decía que lo estaba haciendo bien… y también sonreía.
Logré exponer los 20 minutos que necesitaba, ni un minuto más, me faltaron 2 diapositivas, pero mi compañero de grupo pensó que era tiempo suficiente y retomó la exposición, me dieron una silla para que las piernas no colapsaran. Fue demasiado reconfortante, tanto que tal vez, sólo tal vez, podría volver a exponer para esa clase y ponerle dibujitos a mis diapositivas para que no se aburran.
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