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divagaciones (2)

Saturday, November 1st, 2008

Mi papá es escritor, así como yo, pero hay algo que nos diferencia grandemente: su disciplina. Él empezo a escribir a los 32, un libro cada dos años, aunque simplemente los escrbió y pagó a la editorial para encuadernar un par de copias para su librería personal, nunca se animó a publicarlos. Su disciplina es enfermiza, tiene un horario de escritura bastante quisquilloso de 5 páginas por día y talvez mentiría si afirmo que 1100 palabras por inspiración, pero va por ahi, pues las páginas de cada uno de los libros que ha escrito son diferentes en ancho y largo, pero jamás en tipo letra. Formatea el tamaño de páginas antes de escribir, de modo que siempre tenga aproximadamente 220 palabras por página, termina con las 5 páginas diarias, las edita, las relee, arregla algunas palabras redundantes o muy usadas, guarda el documento y su libro lo espera hasta el día siguiente. Nunca leí sus libros, pues no me gustan sus títulos, todos tienen nombres de mujeres que llevan nombre de sentimientos: Consuelo, Remedios, Angustia, Soledad, Esperanza; o talvez, solo sean adjetivos al azar con la primera letra en mayúsculas, nunca lo sabré.

Traigo varios meses pensando en las palabras exactas con las cuales debería comenzar a escribir mi primera novela, pero no consigo disciplina, me distraigo en cuestiones muy terrenales y sufro al no culminar mis fantasías. Empiezo a divagar con el computador al frente y siempre termino respondiendo mails o simplemente jugando solitario. Finalmente ya sé como empezaré mi primera novela:

“Mi padre es escritor al igual que yo, solo que yo no tengo disciplina. Decidí robarle su disciplina robándole su máquina de escribir y un ciento de hojas. La tecnología me traicionó así que decidí abandonar el computador. Me llevé la máquina de escribir al techo, para no ser interrumpida por nadie, pero cuando estaba acomodando el papel en el rodillo de la máquina y empecé a escribir :”Mi padré fue escritor al igual…”… escuché a mis sobrinos subiendo a la azotea.
Se pusieron a rascar las nubes y de ellas caía popcorn, de inmediato supe que todo esto era un sueño.”

Terminó el sueño y decidí buscar de inmediato un papel y escribir esta fascinante historia, pero di vuelta y los niños seguían desgranando las nubes, así que me les uní con la esperanza de saborerar del popcorn y recordar al despertarme esta historia. Desperté de pronto y tenia la máquina de escribir bajo los dedos, y comencé nuevamente : “Mi padre, al igual que yo, fue escritor… debo robar su disciplina”, enconotré el final del rodillo, pero esta máquina no tenía ningún dispositivo para ir a la siguiente línea, me desesperé pero no encontré ninguna solución.

Decidí releer mi única línea, ahora no sé si deba escribir que mi papá es escritor al igual que yo, o de una vez matarlo y poner que fue escritor al igual que yo, la idea me asalta, me trastorna, y como finalmente no sé si dejar vivo o muerto a mi papá que nunca fue escritor, decido ya no escribir.

Despierto sobresaltada al notar mi mediocridad por no saber en que tiempo poner una oración inventanda, ahora si en serio, voy por una taza de café y pan dulce… sonrio al notar que no olvidé mi sueño y me pongo a escribir.