Archive for October, 2008

Respondiendo a Juan Cruz

Sunday, October 26th, 2008

Faltan dos días para que me vaya y recién me pongo a pensar en esto. Son algunas preguntas que me hizo mi querido profesor Juan Cruz en un mail y que me atrevo a contestar públicamente.

¿Cómo te va en tu tierra?, ¿la extrañabas?, ¿te sientes mejor?

Cómo me va. Bastante mal, bastante bien, como siempre de todo un poco. Este viaje me sirvió para desenterrar fantasmas y enfrentar el monstruo que llevo dentro. Vi mis caras mas oscuras, me descubrí egoísta y vana. Sin duda fue un golpe muy duro el que nadie me fuera a recoger al aeropuerto luego de seis meses contando los días para regresar, volver a ver a mi familia, amigos y gente que quiero; sin embargo, el golpe más duro fue llegar a casa y luego huir de ella. Imaginé entre mis fantasías diarias que mi casa estaría preciosamente arreglada, sobre los pisos sin parquet o cerámicos, pero con unos toques de geometría necesarios para encuadrar los sillones y la mesa del comedor, imaginé cada libro de la librería privada de mi papá en su lugar, siguiendo el protocolo oficial de mudanzas, los libros de las colecciones arriba, y las biblias abajo porque nadie las lee nunca, pero encontré los libreros de cabeza y completamente vacíos; imaginé también todos los cuadros en las paredes, y hasta los platos en el estante, pero en la mudanza se rompieron varios cuadros y la casa en media construcción no permite poner nada en su lugar definitivo. Decidí huir y respirar algo del aire místico y maravilloso de un Cusco que recordaba exageradamente hermoso, pero la alcaldesa saboteó mis fantasías y decidió destapar todas las calles y darle en el hígado a mi vanidad.

Definitivamente extrañaba todo, la gente y los lugares, extrañaba mucho a mis amigos porque estuve mucho tiempo alejada de ellos, pero mi lado egoísta pensó que ellos estaban para mi y no yo para ellos como normalmente profeso, me puse demasiado exigente y les puse todas las caras feas que conozco, incluso llegué a odiar a algunos de ellos porque simplemente no podía compartir mi estupidez y contarles que estaba equivocada pensando cosas que no debía y tratando de exigirles comprenderme sin haberles explicado el problema. Lloré dos días completos y desaté nuevamente mi migraña, pero como me medico contra la migraña y pienso mejor luego de haber llorado, me di una bofetada a la moral y las buenas costumbres y decidí disfrutar a lo máximo de todo. Empecé a recordar todas las ceremonias e intentar revivirlas, no fue necesario disculparme con mis amigos o mi familia, porque sé que no hace falta pues en cualquier momento podrán tener una lectura completa de mi agradecimiento por soportarme, así super neurótica, y porque sé que la mayoría se contenta con una simple sonrisa.

Me siento mucho mejor, claro que si. Cuando subí al avión que me llevaba a Washington me fui con la esperanza de volver lo más pronto posible y culminar todos mis sueños aquí en Cusquito la tierra que no me vio nacer y que si me vio crecer. Sabía que mi perspectiva de las cosas iba a cambiar pero no podía adivinar el proceso y o el desenlace de los eventos. Mi regreso desvaneció varios espejismos que tejí en mi cabeza y que ahora puedo utilizar como material para seguir escribiendo, y mi final feliz y todos comiendo perdiz con escenario en Cusco todavía está presente aunque decidí dejarlo para después. Me siento mejor porque me liberé de la apatía y luego de acomodar y limpiar los libreros de mi papá los volví a rellenar con toda la colección de libros comprados, prestados y robados que tenía y algunos que yo aumenté o robé.

Fue una transición complicada el volver a recordar que ser feliz es muy sencillo, y lo más curioso es que lo recordé al ver hoy en el mercado a una mujer embarazada abrazando un zapallito italiano con la sonrisa más grande que pueda recordar. Ahora me duele el rostro porque estuve demasiado tiempo expuesta al sol, se me están pelando los brazos y tengo rajadas las manos porque hace mucho tiempo que no lavaba mi ropa a mano o estaba expuesta al abrazador sol de Cusco. Pero dejé de renegar por la cantidad inmensa de barro que hay en mi nuevo vecindario cuando vi tan claras las estrellas, dejé de renegar por la lejanía de la civilización cuando me di cuenta de que desde mi ventana puedo ver absolutamente todo el Cusco.

Solo espero que para la próxima vez que regrese mis fantasías tengan un poco los pies sobre la tierra, pero ya conozco mejor al monstruo que llevo dentro, así que para la próxima las cosas irán mucho mejor.

Un abrazo,

Fátima

En la parada de bus…

Sunday, October 5th, 2008

Hace frío y el bus llegará tarde otra vez. Sé que el bus va llegar tarde otra vez, porque todos los días llega a la misma hora, y todos los días llega tarde. En realidad siempre llega a tiempo, pero los 29 minutos de espera hasta su llegada me hacen creer que llegará tarde otra vez. Sé cual es el motivo: esos 29 minutos de espera juegan demasiado con mi mente, y en ciertas ocasiones no me gusta pensar, me quiero dejar apagado mi cerebro. El libro, las revistas y los planes coherentes no son suficientes para distraer mi mente en algo “productivo”.

Es bastante dificil escribir sin una mesa, últimamente he estado tomando apuntes en el primer pedazo de papel que encuentro. Algunas veces me gana la pereza y no puedo recopiar o simplemente apilar los pedazos de papel, los cuales terminan inevitablemente en la basura. La parada del bus se ha convertido en un lugar inevitable de inspiración, no se si es el lugar sin gente del todo, los árboles al fondo, las hojas amarillas, la lentitud con que las cosas se mueven. Lo malo es que generalmente en la parada del bus no tenía papel a la mano, o lapicero; la voluntad me vence otra vez y termino con una ansiedad loca de escribir todo lo que pasa por mi mente. Incluso en mi locura llegué a querer un puerto USB para enviar directamente mis pensamientos a la impresora.

Han pasado ya 5 días, encontré un buen libro para distraerme, cada día leo 50 páginas entre los dos buses que tomo y la espere para que ellos lleguen a la parada, pero creo que fue una mala elección de libro, pues cada que termino de leer un párrafo empiezo a divagar y a hacer planes imposibles. Trato de encontrar alguna coherencia entre las memorias del escritor con las memorias que no tengo, pero que quisiera tener. Trato de planificar siempre sin llegar a ningún lugar el como puedo plasmar a papel mis memorias infantiles, mis memorias de la escuela, como describir cláramente a cada uno de mis amigos, como hacer que cada personaje en mi novela personal (mi vida) influya de alguna manera anecdótica en mi vida. Hasta que en algún momento llego a mi presente, y empiezo a pensar si debería escribir este momento sentada en la parada del bus con un libro de Mario Vargas Llosa (El pez en el agua) sobre el regazo. De como este libro me atormentó en los últimos días, metiendo y sacando ideas de mi cabeza. Cada dos minutos recuerdo la incoherencia de mi sueño con Mario Vargas Llosa, trato de encontrarle un sentido positivo, y río cuando recuerdo que las monedas que me regaló en sueños simplemente las brujas lo interpretaron como una exclamación del frío de mi cuerpo.

Ahora sentada en una banca del aeropuerto, reviso mi archivo de escritos incompletos, encontré este, estoy tratando de darle coherencia y recordar todos los detalles que había planificado escribir en la parada del bus, pero no es fácil. Todavía me distraigo contando las líneas cada vez que termino un párrafo, vuelvo a recordar que me faltan escribir 23 mil palabras, que son 2300 líneas, que son 115 páginas para terminar de escribir mi novela… río cuando recuerdo mis reconsideraciones de dejarla como cuento largo, pero no debo dejarme vencer por la pereza. Queda la promesa de algún dia volver a meter mano a la novela y agregar las 23 mil palabras que me faltan.

Esa parada de autobus, en algun lugar de la ciudad de Kirkland en Washington (no DC), fue muy significativa para mi, fue un lugar donde tomé demasiadas decisiones importantes para mi vida, no para la que vivo, pero si para la que quisiera vivir, fueron momentos llenos de satisfacción personal, momentos confusos y contradictorios, momentos en los cuales no pensé que estaba perdiendo el tiempo o estaba haciendo algo en contra de mi destino. Esa parada de autobus me enseñó a llevar siempre un cuaderno con suficientes hojas y un lápiz, no para escribir todo lo que pensaba, simplemente para no dejar escapar mis ideas si es que en algún momento llegan. Es en ese lugar donde me convencí de seguir mis sueños a cualquier costo, en el cual incluso decidí cambiar el rumbo a mi blog… menos escritos propios y más divagaciones en adelante. Más divagaciones de esas que me asaltan en esos momentos incontables de vagancia, en esos momentos que debería ponerme a escribir en lugar de matar mi cerebro con la televisión o el internet.

Son promesas de político que intentaré cumplir…

Despedidas

Sunday, October 5th, 2008

Iba paseando por las calles de esta ciudad, Seattle Washington (no Washington DC), intentando ubicar una biblioteca pública donde devolver unos libros que tengo hace 21 días. Ví muchas cosas que no volveré a ver y sufrí una repentina regresión a mi niñez. Recordé traumáticas escenas viendo por una rendija “la pulgarcita”, hace casi un millón de años. La dramática escena vuelve a mi mente de una manera extraña pues yo siempre creía tener la peor memoria del mundo.

Recuerdo que la pulgarcita sufría tanto en su largo camino al “felices por siempre”, que mi hermana me hechaba de la habitación donde estaba la televisión y se encerraba adentro, yo tocaba la puerta alegando que ya no sufriría y que sería fuerte. Una vez adentro no pude soportar que el moscardón se llevara a la pulgarcita y empecé a llorar dramáticamente. Me volvieron a hechar de la habitación, pero había una pequeña rendija debajo de la puerta, así que me acomodé lo mejor que pude y llorando continúe viendo a la pulgarcita. La escena que más recuerdo es la pulgarcita despidiendose de todo lo bonito cuando se iba a casar con el señor topo… así que anoche me convertí en la pulgarcita en busca de una librería pública.

Adios árboles de extraños y confusos colores [aquí los arboles varian de verde a morado, pasando por rojos y anaranjados], adios estrellas del engañoso cielo [cuando empiezo a ver la estrella más grande que he visto jamás, termino cayendo en cuenta que es un avión], adios reflejos de la ciudad en el lago, adios metro del cual tenia pase libre [beneficios para estudiantes, excelente servicio público], adios freeway, adios plantas acuáticos [cuyo nombre jamás averigüé], adios cielo rayado [por los aviones del army], adios hojas secas que me encanta pisar, adios plantaciones falsas de marihuana [un montón de árboles con hojas muy parecidas… pero no es], adios Starbucks en cada esquina, y finalmente y con mucho dolor, adios biblioteca pública con número de libros y tiempo de préstamo casi ilimitado del cual osé prestarme siete libros y solamente leer tres.

Mi hermano reía junto a mi al escuchar mi despedida. Pero realmente extrañaré este lugar, fue una buena época la que pasé aquí, que no hubiera sido tan grata si no hubiera tenido a mi familia [Hillary y María del Mar] para que me apoyen en medio de mis crisis de histeria.