2012 Resolutions

January 2nd, 2012

* Conseguir trabajo.
* Tocar la esquinita de arriba del Half Dome en Yosemite Park.
* Viajar a un país que no conozca.
* Leer al menos 36 libros nuevos de literatura.
* Do some serious hiking trails.
* Mejorar mi Inglés.
* Aprender un poco de Francés.
* Caminar todos los días.
* Escribir.
* Sonreir.
* Aprender parkour.
* Aprender a escalar.
* Cuidar mi salud.
* Dar felicidad a otros.

Hablé con él (parte 4)

December 29th, 2011

Me dijo que estaba enamorado. Sentí un golpe en el estómago, porque sabía que no estaba enamorado de mi, ese tren ya había partido hace varios años.
Empecé a molestarme conmigo misma por haber tenido la brillante idea de seguir siendo amigos, pero pertenezco al club de las mujeres que prefieren perder un amor y conservar un amigo. Lo que nunca contemplas en el plan es que en cierto punto el amor se va enfriar y te van a volver a ver como una amiga y empezar a contar cosas, hasta que un día te cae un valde de agua fría, incluyendo el valde, anunciando que ya te olvidaron. No con ese juego de palabras, pero algo así.
No le pregunté de quién, solo le dije que me sentía feliz por él. Luego me puse a pensar en dónde quedaba yo con esto. ¿Qué debo hacer ahora?

El código dal Gecko (continuación)

December 8th, 2011

Entré al edificio, me fijé en el papel: 2, 14, 266. ¿Qué podrían significar estos números?. los releí varias veces, todo indicaba el salon 14 del segundo piso. Fuí al segundo piso, no habia salón 14, obviamente tampoco habia 266. Volví a releer el papel: 266, 2, [14], detesto la manía que tiene mi cerebro de ordenar las cosas de manera ascendente. Regresé al primer piso, habían dos auditorios, entré al segundo, busqué el asiento 266, no existía. Las columnas tenian letras y las filas números. Al ver las letras y el número 266 me di cuenta que esa era una pista, después de todo son 26 las letras del alfabeto, al menos del alfabeto en inglés, fui por la solución fácil la sexta letra: F. Sería el asiento 2f o 14f, busqué ambos, pero los corchetes del 14 que significaban?
Entonces entró alguien y me preguntó si buscaba algo. Mentí diciendo que estaba allí para una conferencia. El cuidante me dijo que la conferencia empezaba al día siguiente, que tendría que esperar para registrarme y no podía estar allí porque todavía faltaba arreglar el local. Que si quería podría darme la dirección del hotel donde se estaban quedando la mayoría de los asistentes para que vaya a hacer amigos. Obviamente no me conocía, yo no hago amigos. Pero me dio una tarjeta con el nombre del hotel que quedaba en la 2a avenida, en el número 266. Me dirigí inmediatamente al hotel y pregunté al recepcionista si tenía algún mensaje para la habitación 14, me dijo que ninguno. Me senté a esperar a que algo pasara, no sabía qué, pero mi intuición me decía que tenía que esperar.
Estaba prestando atención a cada conversación y movimiento posible en el lobby del hotel. nada relacionado con el número 14. Leí por completo el cronograma de la conferencia que no casualmente era de biogenética. No había ningún 14 en las 12 páginas de programa. Sabía que no me darían información si preguntaba quién estaba en la habitación 14 y sería demasiado sospechoso hacer cualquier tipo de pregunta. Hasta que llegó mi señal.
Era un muchacho algo despeinado para la ocasión hablando emocionado con alguien que parecía ser el padre de la biogenética, y no lo digo por la cara de genio, sino por lo viejo. el muchacho despeinado estaba demasiado emocionado, pero de pronto enrojeció y calló, vi al rostro del viejo con el que hablaba y lucía absolutamente molesto, me recordó a los villanos de las películas cuando algo malo les pasa. se acercó a recepción y preguntó si habian mensajes para la habitación 14, el recepcionista le dijo: ninguno profesor. El profesor continuó hacia su habitación, el muchacho despeinado se quedó plantado sin moverse todavía arrepentido por su posible indiscreción. En la puerta del elevador el profesor levantó la voz : ¿Robert, piensas venir?
Santas coincidencias Batman, ese muchacho se llama igual que el Gecko, pensé, o creo que lo dije alto porque varias personas miraron hacia mi. Fui a la recepción y pedí una habitación, de preferencia en el primer piso. Me dijo que no tenían habitaciones en el primer piso, pero que la 15 en el 4o estaba disponible. Entonces deme la 415 le dije, me dio que la numeración en ese hotel no era la tradicional, no tenia el piso delante del número. Sin tratar de perder la compostura le dije que la 15 era perfecta.

(continuará?

Hablé con él (parte 2)

August 29th, 2011

Hablé con él, fue el martes o el miércoles, no recuerdo bien, de la semana anterior. Fue por teléfono. No recuerdo o no sé si fue Martes o Miércoles porque eran las tres de la mañana y yo aún no tengo clara la diferencia de cuándo termina el martes o cuándo comienza el miércoles. Timbró el teléfono, vi su nombre en la pantalla del celular, contesté y me preguntó si podíamos hablar, por alguna razón estaba despierta y él sabía que estaba despierta, por un segundo pensé que no le importaba despertarme a las tres de la mañana, pero sí le importaba: la desconsiderada siempre fui yo. Estaba despierta y sabía que no iba a dormir si le decía que no podía hablar, le dije que sí. Medio segundo después sonó el timbre de la casa.
Me puse un abrigo y una bufanda, me puse medias gruesas y salí.
Nuevamente, sólo habló él.
Recuerdas, dijo, cuando nos conocimos, mejor dicho cuando hablamos por vez primera, nos conocíamos por dos años, pero nunca antes hablamos. Me senté junto a ti en el bus, estabas leyendo uno de esos libros raros que escoges por el número de hojas o el tamaño de letra. Me senté a tu lado, te dije hola, te hacía preguntas y solo respondías con monosílabos, dejaste de leer y deslizabas los dedos por las hojas, a lo largo, pensaba que te querías cortar las yemas de los dedos con el papel. Te pregunté qué libro era con la esperanza de oir más que un monosílabo, me dijiste Abril Rojo, te pregunté el autor dijiste: Santiago Roncagliolo, siete sílabas, ya era un logro. Te pregunté porque habías elegido ese libro y me dijiste por que te había llamado la atención la palabra rojo y que tenías “La hora azul” de Alonso Cueto en reserva y sonreiste. Te dije que me gustaba tu sonrisa y te pusiste seria, continuaste con los monosílabos y no volviste a sonreir.
Un día te encontré caminando, tenías el cabello suelto. Estabamos hablando de cosas que no recuerdo, te pregunté porqué tenías el cabello suelto y me dijiste que lo tenias mojado y querías secarlo con el viento, era Agosto. Te dije que te veías linda con el cabello suelto. Dijiste brúscamente que ya se había secado, lo ordenaste y te amarraste. Al día siguiente te vi y te habías cortado el cabello. No pregunté porqué y con el tiempo aprendí a no hacer comentarios. Siento que te gusta contrariarme o no te gustan los halagos, pero hay cosas que simplemente no comprendo.
Muchas veces cuando caminábamos no pude decirte que me encantaba caminar contigo, porque pensaba que dejarías de hacerlo. Siempre quise preguntarte porque hacías eso.
No lo sé, respondí.
Pero dañaste las cosas, dijo con amargura.
A mi también me gusta caminar contigo y me dejé crecer otra vez el cabello, dije tratando de reparar las cosas.
Vamos de regreso, dijo.
Volvimos a mi casa. Hablamos poco al regresar. Tomó un taxi y se fue. Quizás si en esa época me hubiera dicho que le gustaban mis manos, me las hubiera cortado. Tal vez tenga que ir con mi analista y preguntarle por qué tengo la mente tan retorcida.

Hablé con él (part 1)

August 24th, 2011

Hablé con él. Al principio lo sentía frío, la conversación parecía ser de política, clima y ping’uinos. Traté de hablarle del pasado para que se relaje, pero todo salió peor. Empezó a culparme sobre nuestra separación y casi me convenció de que tenía razón. Estuve a punto de pedirle perdón varias veces, pero soy demasiado orgullosa para hacerlo, aunque tal vez el tenga razón y si sea culpable.

Realmente no hablamos en persona, yo leía mientras el enumeraba todas las veces en las cuales había saboteado nuestra felishidad. Estaba tan pasmada que no pude contestar, leía y releía lo que escribía en la ventana ampliada y no podía contestar. Estaba conteniendo las lágrimas. Sin darme cuenta mi estado se había cambiado a idle. Se desconectó y me dejó con los dedos sobre el teclado sin poder defenderme, ni pedir perdón.

Me quedé sentada en el café mientras mi mundito se venía abajo, tomé el último sorbo del té que venía haciendo enfriar hace horas y me puse a meter mis cosas en la mochila, estaba saliendo cuando vi su sombra entrando en el café, así de ridícula es la realidad que me conozco hasta su sombra. Cambie de rumbo y corrí hacia la puerta del costado, creo que no me vió salir. No podía permitir que me vea así: derrotada y culpable.

Caminando por la calle pensaba si era casualidad que él entrase al mismo café o la tecnología le había ayudado a triangular mi posición.

El código dal Gecko

August 22nd, 2011

Hace tiempo que estoy leyendo “Los Detectives Salvajes” de Roberto Bolaño, qué puedo decir, es un libro grandioso, que me dejó con ganas de ser también una detective salvaje.
No pudo ser un mejor momento. Me alistaba para mi ducha matinal, aunque no suena muy racional si tomas una ducha matinal a las 11 a.m., el asunto es que me preparaba para darme una ducha. Derepente entre la suavidad de “Bloodstream” de “Stateless” se coló un sonido incómodo: alguien me hablaba por messenger. Me acerqué al ordenador del escritorio y me volví a raspar el brazo con la lámpara, no sé si sea mala la ubicación del escritorio, de la silla frente al escritorio o de la lámpara junto a la silla, pero vivo raspándome el brazo. Era el Gecko hablándome en el messenger.
No hablabamos hace meses, sabía que era algo importante. Leí lo que estaba escrito en la ventana del messenger, tres líneas, ninguna era “hola”, pero cuando es tiempo, es tiempo, no hay tiempo de holas y ahora era tiempo. El plan tenía que empezar, habíámos estado preparándonos para este momento durante los últimos catorce meses. Hice un par de llamadas, jugué solitario mientras esperaba un mail. Tenía que buscar un artículo en un Journal de Herpetología de la biblioteca Suzzallo. Anoté en un papel la ubicación del estante donde se encontraba el Journal. Tomé la mochila y metí dentro la portatil, la cámara, lápiz y el papel con la ubicación exacta del texto, y claro, el pase de bus. Los detectives salvajes no tenemos dinero para el bus.
Comí algo ligero de desayuno, tal vez almuerzo, no se , la primra comida del día a la 1 de la tarde carece de un nombre coherente y me resisto a utilizar esa fea palabra llamada “brunch”. Caminé a la parada del bus 545 y me dirigí a la biblioteca. Pasó el bus 542, me di cuenta que había salido bastante tarde porque ese solo pasa entre las 3 y 5, pero ese me deja como 15 cuadras más cerca de la biblioteca que el otro. Estuve leyendo el capítulo 14 de “los detectives salvajes” mientras el bus llegaba a su destino, me bajé, respiré el aire fresco de la universidad vacía, porque los viernes por la tarde siempre está vacía, caminé hasta la biblioteca y cuando me preparaba para empujar la puerta me di cuenta que todo había sido demasiado sencillo. Me senté en la banca fuera de la biblioteca, saqué la portatil y volví a buscar el mail con la información del artículo en el Journal. Tenía toda la información bien anotada, pero encontré una línea al final con link a un mapa de buses de google. El mapa era el mismo que yo habia usado, pero tenía algo especial: el mail me lo enviaron a las 11, pero la hora con la cual habían hecho los cálculos del trayecto en el mapa era para las 4 de la tarde, y el bus era el 545. Supuse, no mal, que esa información no estaba en vano de esa manera. Caminé de regreso a la parada del bus, contemplando los árboles, las hojas, el puente y el otro puente hasta llegar a la parada del bus 545, 15 cuadras mas allá de la biblioteca. Saqué el papel y el lapiz y caminé de regreso a la biblioteca, pero esta vez mirando cada detalle del camino, no encontraba ninguna pista digna de se anotada, hasta que encontré unos números escritos en el piso: 266. Lo anoté aún sin saber su significado, seguí caminado y encontré el 2, luego en una pared estaba escrito el [14]. Luego de anotar el “[14]” supuse que hubiera sido más sencillo incluir el volumen y página del Journal en el mail, pero tal vez era demasiado riesgoso, puede que durante esta misión más de uno nos estuviese vigilando y más de uno conocía el contenido de nuestros mails.
Llegué a la biblioteca haciendo un plan mental para conectarme a internet, buscar nuevamente el estante donde estaba el Journal con los números que estaban en la calle, la tranquilidad de la universidad me hechizó de un modo extraño. Empujé la puerta de la biblioteca y , maldita sea, estaba cerrada. Me senté nuevamente en la banca fuera de la biblioteca y cuando me preparaba para sacar la portátil, quizá podía encontrar el artículo en internet, un aroma de lilas llegó a mi nariz, ese aroma fue tan seductor que me olvidé de la misión y seguí a mi nariz hacia las lilas. Llegué al origen y no habían lilas, era un arbusto de flores blancas que no había visto en mi vida, me aproximé a el yaunque el olor era muy similar al de las lilas, tenia un dulzor extraño que me hizo alejar de él violentamente, seguramente habían abejas cerca. Las abejas no son cool. entonces me quede contemplando de lejos el arbusto y vi que a lado había una placa con el nombre del edificio “Melinda Gates Hall”. Ya todo había dejado de ser coincidencia saqué nuevamente el papel a buscar los números.

(continuará o no continuará, he allí el dilema)

Atardecer de San Juan a Panamá

August 17th, 2011

Si eres uno de esos maniáticos que no solo disfrutan, sino viven obsesionados con presenciar el más perfecto atardecer de sus vidas, solo tienen que tomar un avión de San Juan a Panamá que salga a las 5 de la tarde.
Era Mayo de algún año yo estaba fastidiada con el mundo, en un avión sin película, sin música y con el peor libro de la historia entre manos “Moby Dick”, y no es porque el libro sea malo, es porque he estado leyendo ese bendito libro durante los últimos 10 años. Mi historia con ese libro es tan patética, lo empecé a leer cuando viajé a Italia, cada vez que me subo a un carro o un avión llevo ese libro con la esperanza de acabarlo, y no es excusa que viaje poco, pero en 10 años he leido como 40 páginas. Pero tengo la firme convicción de que debo terminar ese libro, tan firme como la que tiene Ahab de atrapar a Moby Dick, si alguien osa contarme el final me aseguraré de ir con un arpón a acabar con su vida, no spoilers por favor.
Me fui por las ramas, en mayo, puede que del 2009 iba a Cusco, mi propósito era llegar para el cumpleaños de mi hermano, pero odio volar, me gusta viajar, pero estamos tan lejos de teletransportarnos que ni modo: a subirse a un avión. Lo único interesante del viaje es que entre las bebidas había vino, super mal porque no tenia ganas de beber vino, me aburrí con el libro, me aburrí de jugar sudoky, me aburrí de leer las maravillas de Panamá, me aburrí de leer las maravillas del festival de no sé qué de Colombia, así que abrí la ventana, siempre me siento junto a la ventana, para contar nubes y dormirme.
Estaba allí un precioso atardecer en su mayor esplendor, el cielo rojizo, las nubes incendiadas, pensaba que si existe el infierno y se ve así, sería un buen lugar para pasar el resto de la eternidad, mis ojos empezaron a dolerme por mirar de frente al sol, estuve allí como 10 minutos contemplando la belleza de un atardecer inolvidable y cerré la ventana para terminar de saborear el momento. De pronto oí voces: mira el atardecer. Abrí la ventana y nuevamente el atardecer.
Siempre he pensado que tomar fotografías es algo completamente vano, porque por tomar una fotografía dejar de disfrutar un momento, pierdes la esencia de las cosas mientras tomas fotografías, pierdes detalles y parte de escenario por atrapar la fotografía perfecta, pero como ya había visto 20 largos minutos de atardecer, pensé que era buen momento para una fotografía perfecta, ya estaba imaginando algunos comentarios en facebook y todo. Pero “karma is a bitch”, no tenia mi cámara en el equipaje de mano, mi cámara no es buena, pero no la tenia a mano. Pero “karma is bitcher”, tenia una cámara fotográfica de 900 dólares en el equipaje de mano, sin memoria y sin bateria. Pasaron 2 horas y seguía viéndose el atardecer que no pude fotografíar mientras tenia en la mano la cámara que podría fotografiar mi sueño fotográfico: poner en la foto lo mismo que ven mis ojos.
Lección, si quieres ver un bello atardecer ve e San Juan a Panamá, si quieres fotografiarlo, lleva una cámara decente, si no llevas una cámara decente, llénate de valor para decirle al tipo de atrás que te envie las fotos a tu mail.

No tittle

July 7th, 2011

Hacía tiempo que no soñaba con mi papá, el mismo sueño de siempre, encontrarlo en alguna habitación de mi casa y tratar de analizar por qué no estaba muerto, por qué nos había hecho pasar por la cruel experiencia de enterrarlo y ver a mi familia en un mar de lágrimas. Al parecer en esta parte de mi sueño eso ya no me importaba, pero estaba tratando de estudiar en mi mente las consecuencias legales de anular su certificado de defunción. Me puse a hablar como perico transmitiendo mis soluciones, al parecer en mi sueños si puedo hablar, en el mundo real hablar me parece tan innecesario. Pero él solo sonreía con mis disparates, yo sonreía a ver mi nueva capacidad de hacerle reir y complacerlo con esa sonrisa que siempre me pedía cuando mi rostro era un reflejo del clima de Cusco.

Llegué al momento de mi sueño en el cual mi lógica es mayor a mi fé. La parte en la cual sé que la gente no revive, la parte en la cual trato de interpretar mi sueño dentro del sueño, del por qué mi papá no me respondía, si sonreía no estaba molesto conmigo, que yo recuerde el silencio es algo solo mío. Hasta que me di cuenta que no recordaba su voz, por eso mi mente decidió mantenerlo callado. Será que en algún momento ya no podré soñarlo de frente, luego solo veré su perfil, finalmente terminaré soñándo con mi madre contándome que mi papá estuvo caminando por allí y yo no pude verlo. No me gusta soñar, pero tampoco me gusta olvidar cosas importantes como ésta.

En medio de mi locura pienso que sería buena idea grabar el mundo, voces e imágenes, sé que en algún momento cosas, lugares y personas partirán, se irán del mundo, pero no quiero que se vayan de mi mente. Tengo que estudiar y memorizar historias, videos, fotografías en blanco y negro, a color, voces, especialmente las voces. Si has nacido para escuchar, las voces en tus sueños son importantes, son tus propias voces disfrazadas, son momentos para oirte.

Vamos a sabotear la segunda vuelta

March 28th, 2011

¿Por qué?
Básicamente para ahorrar dinero, saben cuánto dinero se va gastar en la segunda vuelta, en campañas, conteo de votos, refrigerios de los miembros de mesa, papel, tinta y demás? Yo tampoco, pero ha de ser mucho dinero, si no hay segunda vuelta, ese dinero se va ahorrar posiblemente , ingenuamente, para alguna obra de bien social.

¿Cómo?
Si no sabes por quien votar, crees que todos los candidatos son unos cretinos, o como a mi “te importa un comino partido por la mitad”. Decídete por el menos peor, y que tenga más posibilidades de ganar. Sumar 50% de votos + 1 no ha de ser fácil, pero con el apoyo de todos los que quieren ahorrarse el tormento electoral de la segunda vuelta podemos lograrlo.

Si piensas votar en blanco, andas indeciso, pintarle bigotes a los candidatos, viciar tu voto, votar por el candidado que tiene 1% o anda en 6o puesto, o no ir a votar. Piensa en el presupuesto nacional y hagamos ganar el menos peor en la 1a vuelta.

¿Quién es el menos peor?
No lo sé :( , esa sigue siendo la parte difícil.

La carta que nunca llegó

March 22nd, 2011

Va a buscar el correo. Hay un sobre encima de los casilleros. Él es el destinatario. Toma el sobre y ve que no escribieron el número del departamento, quizá por eso dejaron el sobre encima de los casilleros de correo. Mira el remitente, la remitente, es de ella. Toma todos los sobres juntos, sube a su apartamento.

Abre y revisa todas las cartas, son cuentas y publicidad de bancos, deja esa carta para el final. Algo de esa carta le molesta, lo inquieta de una manera desagradable. Qué podrá ser, pone la carta junto al televisor, sigue en el sobre cerrado, pasan varios días, cada día lo toma, se fija la fea letra con que fue rotulada, algunos días la pone hacia abajo para no leerla, algunos días la pone en el cajón del escritorio, la lleva de un lado a otro, pero no la abre.

Un día recibe un e-mail con asunto: “Recibiste mi carta?” y sin contenido. ¿Sería tiempo de abrirla?.

Abre el sobre, tiene un papel cuadriculado dentro, lo desdobla como quien desarma una bomba, una sola línea escrita en azul al medio, gira el papel, solo tiene esa linea.

Un millón de besos.

Luego de alucinar todo eso, tomo aire y le pregunto si le llegó mi carta, y me dice: ¿Cuál carta?

Así termina la triste historia de la carta que nunca llegó. Pero decía: Un millón de besos.